EDITORIAL

Los riesgos de la oposición

Nadie ignora que más allá de las preferencias electorales el gobierno del FA agotó su tiempo y muy pocos creen en él. Pero la oposición debe dar claras señales desde ahora de que está bien preparada para asumir el gobierno y gobernar.

Los ciudadanos, en particular los contribuyentes, deben tomar recaudos para evitar los engaños provenientes de la nueva estrategia de comunicación pública del Gobierno.

Tiempo atrás, el presidente del Frente Amplio Javier Miranda advirtió a sus "compañeros" sobre la ausencia de un sistema de información profesional que pudiera resaltar los resultados alcanzados por su fuerza política tanto en el gobierno nacional como en los departamentales.

Eso explica que en los últimos días el Ministerio de Economía, la Ancap, la Intendencia de Montevideo y otros organismos relacionados con el gobierno hayan comparecido públicamente manejando cifras que hablan de resultados positivos en sus cuentas sin adjuntar memorias anuales y balances desagregados debidamente auditados.

Ancap dio cuenta de un superávit derivado de la reducción de gastos de administración y del precio que se paga a ALUR por los biocombustibles; esa información parcial no tuvo en cuenta la incidencia del tipo de cambio y la condonación de una deuda de más de 600 millones de dólares. Por otra parte, ministra y directores de la mayoría se cuidaron de referirse, como lo señaló el economista Alfie en el suplemento Economía & Mercado, "al sobreprecio que Ancap cobra en sus ventas domésticas de gasoil y naftas que alcanzó en 2016 aproximadamente US$ 450 millones de dólares frente a su precio de referencia".

Lo cierto es que el gobierno no está dispuesto a bajar el precio del combustible —uno de los más caros del mundo— por una simple estrategia electoral. El consumidor que paga un litro de gasoil en todo el país no solo subsidia el precio del transporte público de Montevideo, sino que al precio de otros combustibles incorpora un sobreprecio que es transferido por los Entes públicos a Rentas Generales.

Es así como Ancap, UTE y Antel al fijar tarifas y precios muy superiores al costo de mercado, disponen de recursos adicionales que salen de los bolsillos de los contribuyentes destinados a financiar un oscuro clientelismo político de la mano de un Estado caro e ineficiente.

Por otro lado, el intendente Martínez anunció con bombos y platillos que la gestión del último año arrojó un superávit no alcanzado en los anteriores períodos de administraciones frentistas.

Todo este juego de palabras demuestra que el jerarca maneja números parciales con intención política electoral, y se cuida de mencionar que cuando el Dr. Vázquez asumió la comuna la recibió con un verdadero superávit que pronto desapareció.

A partir de allí, durante estos largos años los impuestos, tasas y contribuciones han aumentado por encima de la inflación, mientras que los servicios de la Intendencia son más que deficientes; y eso responde a que 2/3 del presupuesto de la Intendencia terminó destinado a salarios de sus funcionarios, afectando el rubro inversiones.

Martínez prometió que el precio del boleto no aumentaría. No solo incumplió, sino que dio como explicación que había sido "un tonto"; y como parece que decidió no serlo más, se transformó en un demagogo traspasando a los usua- rios del servicio de transporte público la condición de "tontos" engañados por su promesa

Lo mismo sucede con el ministro Astori que, siguiendo la estrategia de festejar medias verdades, se opone a bajar las tarifas públicas y nada dice sobre su incumplida promesa electoral de no aumentar los impuestos durante este gobierno. Quedará en la memoria colectiva como el ministro que multiplicó la presión tributaria, comprometió la competitividad de la producción y acompañó una fiesta estatal que al finalizar su gestión exhibirá un preocupante déficit fiscal de alrededor del 4% del PBI.

Ante este escenario, la oposición tiene un importante rol que desempeñar. La estabilidad macroeconómica, la transparencia de toda gestión y las reformas estructurales pendientes tienen que ser su objetivo; básicamente, recuperar la productividad y la competitividad de los sectores productivos.

Nadie ignora que más allá de las preferencias electorales mucha gente piensa que el gobierno del FA agotó su tiempo. Pero eso no alcanza, porque una cosa es ganar una elección, y otra, conducir un gobierno con ideas claras y un equipo humano definido. Para eso existe en las democracias liberales una ley de hierro que establece que "no existen gobiernos y dirigentes fuertes con partidos débiles".

La verdad de los números debe prevalecer y la oposición debe ser seria e implacable con la mentira y la corrupción; y además, demostrar que está preparada para gobernar.

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