EDITORIAL

Relato y políticas sociales

Las políticas sociales verdaderamente exitosas son las que se extinguen con el tiempo porque las personas van superando su situación de vulnerabilidad y logran reinsertarse en círculos sociales virtuosos.

Parte central del relato oficialista reza que antes de 2005 nadie se había ocupado de los pobres, que los gobiernos blancos y colorados desalmados y "neoliberales" (un me-ro pleonasmo) beneficiaban a los ricos a costilla de los pobres y que disfrutaban de que los niños comieran pasto. Como sabe cualquier observador medianamente objetivo, de los que no abundan, todo eso no solo es falso, sino vilmente mentiroso, porque se sabe que se está engañando a la gente exprofeso.

Bastaría con analizar que el grueso de las políticas sociales que realmente funcionan es una construcción de largo plazo del país y no un mérito de quienes un buen día a partir de marzo de 2005 nos condujeron de la oscuridad a la luz con la bondad de un héroe de película de Disney.

La década del noventa, tan vituperada por el Frente Amplio y tan poco defendida por los partidos tradicionales, fue extraordinariamente exitosa en términos económicos y sociales. Ningún gobierno frentista bajó la pobreza o la inflación, solo a modo de ejemplo, al ritmo que lo logró el gobierno de Lacalle, pero por alguna razón eso no figura ni en los libros de la historia reciente ni en el debate político sobre el pasado.

Como muestra basta un botón. En los últimos días el Ministro de Trabajo, Ernesto Murro, aseguró con gesto de prócer, que en los noventa la economía había crecido seis veces más que las pasividades, queriendo marcar, naturalmente, el desprecio que siempre tuvieron los partidos tradicionales por los uruguayos. Uycheck analizó la afirmación del ministro y encontró, increíblemente, que era falsa, ya que la economía creció durante la década del noventa un 37% mientras las pasividades subieron un 54,9%. ¡Esos malditos insensibles subieron más las pasividades de lo que creció la economía!

La afirmación de Murro, como tantas otras que repiten los políticos oficialistas, habitualmente pasan desapercibidas por la desidia de la oposición que no debate sobre el "relato" que ha creado el Frente Amplio como si no terminara de entender la funcionalidad política que efectivamente tiene. La historia, cuando ponga las cosas en su lugar, dirá que Sanguinetti, Lacalle y Batlle no fueron los monstruos que pinta la izquierda, sino gobernantes que con sus aciertos y errores trabajaron por su país con patriotismo logrando avances reales y concretos, entre los que se encuentran las bases del crecimiento posterior a 2002.

Parte fundamental de este relato mentiroso del oficialismo es que el Ministerio de Desarrollo Social ha sido un avance formidable para mejorar la vida de los uruguayos, cuando es evidentemente falso. Es una agencia de colocación de compañeros, como lo demuestran una y otra vez los fallos del Tribunal de Cuentas: gastos millonarios y desprolijos en organizaciones sociales de fines harto dudosos y una falta calamitosa de informes sobre lo que realmente está haciendo y qué resultados tiene. Basta recordar que hasta un yerno de Marina Arismendi entró por la ventana como asesor al Ministerio y que los estudios serios que existen demuestran que la baja en la pobreza se debe al crecimiento económico casi en su totalidad.

Por si fuera poco, las recientes declaraciones de Arismendi de que la gente que tira sillones crea microasentamientos serían patéticas si no fueran ridículas y el anuncio de que se deben duplicar las plazas para indigentes en los refugios ante la llegada del invier-no demuestra, también, que las políticas sociales muy bien que se diga no andan.

Existe, además, un problema de enfoque fenomenal. Las políticas sociales verdaderamente exitosas son las que se extinguen con el tiempo porque las personas van superando su situación de vulnerabilidad al reinsertarse en círculos sociales virtuosos. La necesidad de expandirlas es un síntoma claro de fracaso, o peor aún, que existe una finalidad de perpetuarlas para usarlas con fines electorales. No es una acusación gratuita, varios jerarcas de las tres administraciones frentistas han afirmado con desparpajo que esto se hace así, como consta en la prensa.

Vaya paradoja que los autodesignados únicos verdaderos defensores de los uruguayos utilizan la pobreza como botín electoral, han fracasado rotundamente en la aplicación de los planes sociales y hoy hay más personas en situación de calle que antes. Como en el tango, verás que todo es mentira, verás que nada es amor…

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