EDITORIAL

Receta para el fracaso

No se puede repetir la misma acción, y esperar tener resultados diferentes. Ese fue el argumento del presidente Obama para justificar su cambio hacia Cuba, y todo el mundo festejó. Sin embargo, muchos de los que aplaudieron esta decisión en Uruguay, especialmente los sectores de la "izquierda jurásica", no parecen dispuestos a aplicar ese razonamiento a su postura política.

Es que los pronunciamientos de varios representantes de esta corriente escuchados en los últimos días dejan en claro que, o hay un fanatismo que impide analizar la realidad con un mínimo de objetividad, o el déficit que tiene mucha gente en materia de historia y manejo de la actualidad política global es solo comparable con el que dejarían las políticas que reclaman implementar.

Todo empezó con una declaración de la cúpula del Partido Socialista reclamando que, ante el frenazo notorio de la economía, la respuesta del gobierno debería ser aumentar el salario mínimo, adelantar los aumentos a los empleados públicos, instaurar un sistema de control de precios, e implementar un marco legal que permita al estado saber la composición de los costos de las empresas.

El anuncio fue hecho por el inefable Daniel Olesker, padre creador del Fonasa, cuyo déficit crónico ayer supimos llegó a un nuevo récord histórico. Junto a él, con su habitual expresión beatífica, estaba la señora Mónica Xavier, apoyando todo este disparatario al que supuestamente los militantes socialistas habían puesto un freno al apoyar su candidatura en la interna. Pero que, ahora queda claro, no ha sido más que una cortina de humo para poner al viejo partido de Frugoni a la izquierda del MPP.

Pues bien, ¿cual es el problema con estos planteos? Por un lado, que han fracasado cada vez que se han implementado. Basta ver lo que pasó en Argentina o lo que está pasando en Venezuela con sus sistemas de control de precios, con su guerra abierta al empresariado, con su voluntarismo económico delirante. La inflación se desbocó, la escasez de productos básicos fue la norma, y los más pobres fueron los más golpeados. ¿No se enteraron Olesker y Xavier? ¿Cómo les fue en las urnas a los gobiernos que impulsaron cosas así? Otra cosa a la pasada, basta de soñar con que modificar el salario mínimo es relevante para mejorar los ingresos de los más pobres. Suiza no tiene salario mínimo, y sus "pobres" tienen mejor calidad de vida que la mayoría de los "ricos" uruguayos.

El segundo evento resaltable en este sentido fue el tradicional acto del 1º de Mayo del Pit-Cnt. Allí se volvieron a escuchar las consignas de siempre, los discursos cargados de odio y agresividad, y las propuestas ideológicas voluntaristas y delirantes, que hacen pensar si alguno de los oradores dejó de leer las noticias en 1917. Los planteos más novedosos para enfrentar el "viento de frente", que ahora ya se reconoce que existe, fueron aumentar el gasto público, reducir las jornadas laborales, ejercer un control social sobre los comercios, y apostar al mercado interno "para el cual trabajamos la mayoría". También eliminar las Afap y potenciar el Fondes.

Sobre las Afap, basta señalar que cada vez que se habilita a que la gente se salga del sistema y vuelva al BPS, quienes lo hacen son una minoría ínfima. ¿Será que los preclaros dirigentes del Pit saben más que la gente común lo que le conviene a cada uno? Sobre el Fondes, solo alcanza señalar que después de casi un lustro de funcionamiento, con pérdidas millonarias para toda la sociedad, ahora decidieron salir a buscar un experto financiero que los asesore. ¡Aleluya!

A ver, aumentar el gasto público... Eso se dice fácil, pero cuando el compañero presidente Pepe se va del poder tras 5 años de crecimiento económico histórico dejando un agujero del 3,5% del PBI en las cuentas públicas, parece difícil que el gobierno pueda gastar mucho, ¿no? Pero además, ¿alguien puede creer que ante un panorama de crisis la solución sea trabajar menos y gastar más? ¿Usted haría algo así, si el problema fuera en las cuentas de su hogar? Y sobre el mercado interno, bastaría que los muchachos del Pit leyeran un poco de historia y vieran lo que pasó en este país cuando pretendió vivir de su mercado interno. Un fracaso estruendoso del que todavía no logramos salir del todo. Si China tiene que abrirse al mundo, ¿nosotros con 3 millones de personas vamos a poder vivir del mercado uruguayo?

Hay que ser un poco más realistas, no buscar cucos ni enemigos donde no los hay, y darse cuenta que las leyes de la economía no piden permiso ni quieren caer simpáticas. Son lo que son, y no aceptarlas es solo una receta ineludible de fracaso y miseria.

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