EDITORIAL

Privilegios del soldado

Los datos dicen que mientras en Uruguay la pobreza ronda el 7%, entre los soldados es ocho veces mayor. Eso no impide que muchos igual elijan vivir de su trabajo, con dignidad, a pesar del magro salario, antes que de la caridad pública. Es su privilegio.

El discurso del Comandante en Jefe del Ejército, Tte. Gral. Hugo Manini Ríos al conmemorarse —junto con la Batalla de Las Piedras— los 206 años de esa institución, debe haber dejado bastante molesta a la senadora Constanza Moreira y su coro de detractores de las Fuerzas Armadas. Más porque solo ironizó con sus palabras, sin hacer mención de ella ni de la causa que concentra su obsesión y sus desvelos (la Caja Militar).

El Comandante fue respetuoso de la decisión del presidente Vázquez de no tocar el tema, pero la alusión a los "privilegios" del Ejército fue un mensaje claro y una respuesta suficiente: "Los 15.000 hombres y mujeres que integran el Ejército nacional son verdaderos privilegiados", una institución que paga a sus soldados —por una disponibilidad de 24 horas— $14.000 al mes.

A grandes números, el Ministerio de Defensa Nacional ocupa a unos 28.000 funcionarios que comprenden a los efectivos de las tres armas, administrativos, sanidad y otras actividades. Tiene un presupuesto anual de $ 14.000 millones (US$ 400 millones), el 1% del PBI, de los cuales un 80% va al pago de sueldos. Es decir que con la mitad de lo que ha costado desfondar Ancap (800 millones de dólares) se financia al Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea y otros servicios de esa cartera y se cubren las remuneraciones de 28.000 uruguayos.

El tema central del discurso de Manini fue la figura del soldado, su trabajo y su permanente presencia en los momentos en que la sociedad precisa ayuda. Fueron los soldados los primeros en llegar a Dolores cuando el tornado partió la ciudad y dejó en la calle a miles de uruguayos, cuando la ciudad de Artigas en una víspera de Navidad estaba al borde de ser arrasada por las aguas, o cuando Montevideo se enfrentaba a una emergencia sanitaria a fin de año porque Adeom se encontraba de paro. Ni Navidad ni Año Nuevo en familia: apenas una tienda de campaña y sus camaradas de armas.

Pero, sobre todo, lo que destacó fue la dignidad del soldado. De esos hombres y mujeres que se niegan a vivir de la caridad pública o del gasto social que tanto conmueve a la izquierda y optan por trabajar, por aceptar el reto de convivir con la rígida disciplina militar, sin límites de hora diarios, sin derecho a cobrar horas extras, sin sindicatos que reclamen por mejoras y advertir o amenazar fácilmente con una paralización de actividades. El jefe del Ejército fue contundente:

—"Tienen el privilegio de sentirse no funcionarios sino servidores del Estado, y de asistir en silencio a las discusiones sobre su futuro, muchas veces teñidas de falsedades y tergiversaciones malintencionadas".

—"Tienen el privilegio de vivir su pobreza con dignidad y lucir con orgullo el uniforme que para ellos es su vida".

¿Acaso no saben eso los grupúsculos que parecen obsesionados con "los privilegios" de las Fuerzas Armadas? Lo saben, pero los han convertido en la razón de su existencia política agitando la memoria de la dictadura, años lamentables de nuestra historia que tuvo su origen en el alzamiento tupamaro contra las instituciones democráticas del país. De esto último no se habla, son hemipléjicos ideológicos y muchos están en el gobierno.

Estas Fuerzas Armadas, perseguidas y acosadas, han demostrado hasta el hartazgo que son absolutamente democráticas y leales a su juramento de defensa de la Constitución. Sus cuadros de soldados de hoy no tienen nada que ver con la dictadura: han pasado 32 años del retorno a la institucionalidad, tres gobiernos del Partido Colorado, dos y medio del Frente Amplio y uno del Partido Nacional que pueden avalar ese aserto.

Sin embargo, sigue habiendo políticos que viven de perseguir y castigar al ser humano en base a su uniforme y por hacerlos responsables de lo que no son. Se discute sus jubilaciones y se movilizan incansables para rebajarlas con un doble impuesto, mientras su mismo partido Frente Amplio mantiene sumergidos sus sueldos dentro de la Administración Pública y el 60% vive en situación de pobreza. Les preocupa la jubilación, pero no el salario.

Mientras en Uruguay la pobreza no alcanza el 7%, entre los soldados es ocho veces mayor. Se llenan la boca y se rasgan las vestiduras con sus denuncia a la plusvalía capitalista y a la explotación del hombre por el hombre, pero disfrutan de la plusvalía de los soldados y de su explotación por el gobierno frenteamplista.

Así vamos.

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