EDITORIAL

El pretexto de los cincuentones

Por supuesto que es razonable buscar una solución para quienes vayan a ser perjudicados, pero lo atinado es encontrar una respuesta que no represente un mazazo al sistema y lo desbalancee aún más de lo que ya lo han hecho las anteriores medidas.

Entre las muchas cosas que se han dicho en las tiendas oficialistas a raíz del inédito cambio de vicepresidente, siempre en el vano intento de disimular el papelón, se ha puesto mucho énfasis en augurar que con la nueva presidencia del senado y la Asamblea (Topolansky), el Palacio Legislativo adquirirá otro ritmo.

Más allá de que estos anuncios sean otra demostración de que Raúl Sendic no solo fue un fracaso al frente de Ancap, sino también en su responsabilidad parlamentaria, (aunque no haya perdido ni un minuto en reclamar por su derecho a un subsidio) ello no significa necesariamente una buena noticia.

Porque el peligro radica en que se sancionen leyes pero que no sean las adecuadas. Pueden estar mal redactadas, lo que se presta luego a confusiones e injusticias, (son varias las que han sido declaradas inconstitucionales en estos años) o sus efectos ser errados y por lo tanto, perjudiciales.

Exactamente un riesgo así es lo que se está viendo en estos días con la llamada "ley de los cincuentones". Un problema que en realidad afecta a un reducido grupo de personas, pero el proyecto del Ejecutivo va por otro lado. Más que dar la impresión de que se busca contemplar la situación de aquellos (no todos) que al haberse tenido que anotar en el régimen mixto al instaurarse el sistema de previsión privado en el 96, perciben que al llegar a la edad de su retiro recibirán una menor cantidad de dinero por su jubilación, la intención parece ser otra.

Eso explica que la apoyan el ministro Murro, la cúpula del Pit-Cnt y la mayoría de los integrantes del directorio del BPS. Es como si la izquierda, y están todos ellos incluidos, no hubiera aprendido nada. No reconocen, tan grandes son esas anteojera ideológicas, que la reforma de la Seguridad Social se tuvo que hacer porque estaba completamente quebrada.

No les interesa que el régimen de las AFAP, que ya lleva más de 20 años de vida, tenga gran aceptación en la ciudadanía. Descartan cualquier buen efecto producido por el cambio y como lo que han buscado desde sus orígenes es que todo (los dineros aportados por los trabajadores) vuelva a estar en manos del Estado, han logrado ir metiendo la cuchara para debilitar a las AFAP. Con medidas que en el fondo sirven para ir minando la reforma, como por ejemplo haber abierto la puerta para que se sume al sistema cada vez más gente sin prácticamente filtro alguno, atentando contra su equilibrio, fruto de un trabajo concienzudo puesto que se trata de un tema harto complejo.

El Dr. Rodolfo Saldain, expresidente del BPS, uno de los especialistas que fueron a hablar ante la Comisión de Seguridad Social y Hacienda de Diputados, lo dijo con suavidad, pero lo dijo. "La curva del déficit a nivel de la seguridad social ya está mostrando indicadores levemente preocupantes a consecuencia de la evolución demográfica y algunas acciones de tipo legislativo"... Algo que bien se refleja en la Rendición de Cuentas.

Por supuesto que es razonable buscar una solución para quienes vayan a ser perjudicados, pero no que todo el sistema quede de rehén de unos pocos. Lo atinado es encontrar una respuesta que no represente un mazazo al sistema y lo desbalancee aún más de lo que ya lo han hecho las anteriores medidas. Ya en 2014 el Partido Nacional, al presentar Lacalle Pou su Agenda de Gobierno, ha- bía alertado sobre el problema que se avecinaba.

Sugirió entonces, una fórmula mucho mejor que la que hoy presenta el Frente Amplio, porque apunta a que la elección del régimen por el cual jubilarse se tome al llegar el momento del retiro y no antes. No que todo el mundo tenga que tomar una decisión irreversible en el lapso de dos años, como lo propone el actual proyecto oficial, cuando nadie puede saber ahora qué es lo que más le convendrá dentro de 10 o 15 años, puesto que dependerá de distintos factores, como sueldos, trabajos, etc. Los US$ 1.600 millones que ingresarían al BPS serán un gran atractivo para este gobierno que ha sido incapaz de no tener déficit a pesar de la bonanza económica, pero será pan para hoy y hambre para mañana porque a la larga generará costos que superarán ampliamente esa cifra. Según estimaciones del propio BPS, el costo fiscal de la modificación sería equivalente al 4,3% del PBI, pero no terminan de brindar la información. Encima hablan de crear un fideicomiso, o sea más gastos, que no es necesario. Dado que las AFAP ya han cobrado por administrar y como dice Davrieux, AFAP República es del Estado.

Aparte de perjudicar a los posibles descendientes que hoy heredan los aportes vertidos en la AFAP.

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