Editorial

Pensar en un plan "B"

En su presentación en el Consejo Uruguayo de Relaciones Internacionales (CURI), el ministro de Relaciones Exteriores, Rodolfo Nin Novoa, definió el rumbo de la política de integración regional del gobierno.

No se renunciará al Tratado de Asunción, dijo, sino que "se busca volver a plantear las etapas de instrumentación de dicho acuerdo, para atender necesidades de desarrollo que son impostergables en la actualidad".

Hace una década, asumía el primer gobierno del Frente Amplio y, entre otras afirmaciones, se declaraba que la existencia de tres gobiernos progresistas en la región abría un nuevo horizonte para proyectos compartidos. A ello se sumaba el coro de la izquierda uruguaya que respondía ante cualquier crítica del proceso de integración regional, con el estribillo de "más y mejor Mercosur". Ya no se oye más… Mejor.

Muchas cosas sucedieron desde entonces.

La posibilidad de un acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos naufragó ante la oposición de los sectores más conservadores del Frente Amplio. Nuestro país se asoció a Argentina y Brasil para entrometerse en los asuntos internos del Paraguay y suspenderlo del Mercosur.

Todo ello para que Venezuela pudiese ingresar al Mercosur, por la ventana, ya que no podía hacerlo por la puerta, es decir siguiendo el procedimiento estipulado en el Tratado de Asunción.

Es difícil decidir qué fue peor. Como nuestro país contribuyó a reavivar el fantasma de la Triple Alianza o la célebre frase con que el presidente intentó justificar aquella maniobra: lo político está por encima de lo jurídico.

El romance político entre el presidente Mujica y la presidenta Fernández de Kirchner flor de un día fue. La política de comercio exterior argentina perjudica a nuestros exportadores. En el CURI, Nin reconoció que hay empresas uruguayas que "se enfrentan a la falta de previsibilidad" y que padecen las consecuencias "de políticas que restringen y paralizan el comercio, que amenazan la actividad y fuentes laborales".

Todavía estamos esperando por el dragado de los Canales de Martín García. La Disposición 1108/2013 de la Subsecretaría de Puertos y Vías Navegables de la Argentina en los hechos prohibió que los exportadores argentinos hagan uso de puertos uruguayos (pero permite que utilicen puertos brasileños, nuestros principales competidores).

Nuestra política exterior ha perdido una década de valioso tiempo. En lugar de concentrarnos en los temas esenciales, acompañamos al resto de la región en una proliferación de organismos de carácter político y declarativo.

Esas instituciones ofrecen a los mandatarios una gran oportunidad para lucir sus dotes oratorias, pero obtienen muy pocos resultados concretos (aparte de sonoras declaraciones). La puja por la herencia ideológica de Chávez entre los cultores del progresismo latinoamericano despierta cada vez menos interés.

El proceso de integración económica plasmado en el Tratado de Asunción, hace tiempo que se desvió de su camino inicial y se empantanó en un intrascendente sendero político. Se le dio prioridad a la agenda política y se relegó la agenda económica y comercial.

Es cierto que el período del primer gobierno del presidente Vázquez fue dominado por el litigio sobre la pastera, que llegó a la Corte Internacional de Justicia. Pero también es verdad que, por demasiado tiempo, nuestra diplomacia se dejó llevar por espejismos ideológicos.

Ello tuvo un costo importante que pudo ser disimulado durante el período de bonanza económica. Ahora llegó el momento de encontrar nuevos caminos para continuar impulsando, en tiempos adversos, el desarrollo económico y social de nuestro país.

En la reciente reunión del presidente Vázquez con las principales gremiales empresariales quedó claro que el gobierno descarta salir del Mercosur. El ministro de Relaciones Exteriores transmitió el mismo mensaje en su presentación en el CURI.

En su opinión, las trabas que dificultan el comercio adentro del Mercosur deben ser objeto de "un riguroso cronograma de reducción y eliminación progresiva, de forma de despejar las restricciones de acceso a mercados y la existencia de barreras no arancelarias al comercio". Lo que se propugna, entonces, es un Mercosur abierto al mundo y centrado en los temas económicos y comerciales.

¿Todos los demás socios del Tratado de Asunción están dispuestos a tomar ese camino?

Sería prudente comenzar a pensar en un plan "B".

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