EDITORIAL

Un país a contramano

El tema de los lácteos con Brasil desnudó una vez más la debilidad de la política comercial uruguaya que en realidad no existe. Estamos jugados a una sola baraja, la del Mercosur, y es cada vez más inútil.

Si la industria láctea andaba complicada, el cierre de las importaciones de leche en polvo por parte del Brasil le ha dado un golpe tremendamente duro. Con sus números en rojo (se estima que el endeudamiento de ese sector anda por encima de los 400 millones de dólares y centenares de tambos han cerrado sus puertas), las alternativas de recuperación ya eran difíciles porque Uruguay debe moverse en un escenario internacional donde sus competidores tienen tratados de libre comercio con las principales naciones y bloques económicos, mientras que acá es solo Mercosur.

La noticia que se iba a adoptar esta medida ya se conocía desde fines de agosto, por más que el ministro Aguerre se haya enterado (según dijo) por WhatsApp cuando ya estaba tomada. Da la impresión de que faltaron adecuados reflejos para actuar con celeridad o se esperó a que se efectivizara el cierre para reclamar. Pero que sabía que algo estaba tramando el ministro de Agricultura brasileño (Blairo Maggi), lo sabía. Con una balanza comercial con Brasil deficitario en US$ 200 millones, Uruguay vendió en los primeros siete meses del año unas 35.000 toneladas de leche en polvo. Brasil (con una población de 200 millones) es prácticamente autosuficiente en la leche que consume y apenas importa el 1%. De ese porcentaje, el 60% proviene de Uruguay y el resto de Argentina.

Este gobierno y los anteriores del mismo signo político permanecen imperturbables ante la nueva realidad del comercio internacional que busca derribar fronteras para ampliar sus mercados. Acá seguimos con la pobre cantarola de "más y mejor Mercosur", una nave que se va a pique como el Titanic y que, para colmo de males, tiene justamente a Brasil como su socio principal. Hay una historia y una escuela que enseñan que a Brasil solo le importan los problemas del Brasil y toma sus decisiones pensando solo en Brasil. Si de golpe algún otro país sale favorecido, es solo porque a Brasil le conviene y saca más ventajas de ese contacto. Brasil funciona hacia el mundo con la larga e implacable profesionalidad de Itamaraty. No se mueve por afinidades ideológicas, actúa según sus intereses.

La pregunta es si Uruguay no puede colocar sus lácteos en el Brasil o en algún otro país del Mercosur ¿puede hacerlo en otros mercados? Y la respuesta es negativa porque deberá pagar aranceles para el ingreso de sus mercaderías y de esta manera sus precios no resultan competitivos. Uruguay tenía un gran cliente en el Mercosur que era Venezuela que, al carecer de producción, compraba todo y pagaba buenos precios. Pero el régimen de Maduro hace ya tiempo que está quebrado y por ahí queda todavía una deuda de varios millones de dólares que nunca se pagó. La alternativa de Uruguay es buscar otros compradores, pero resulta muy difícil y los precios no son buenos si se carece de acuerdos comerciales. Nueva Zelanda, un país con características similares al nuestro, tiene firmado tratados, entre otros, con China (población 1.500 millones), India (población 1.300 millones), Tailandia (población 68 millones), Malasia (población 27 millones) y nuestro cercano Chile (población 18 millones).

Se podrá decir que el presidente Vázquez siempre fue consciente de este problema comercial que enfrentaba el país por falta de mercados. Es cierto, pero prefirió dejar de lado sus convicciones (y el futuro del Uruguay) para no tener un problema interno dentro del Frente Amplio. Impulsó un TLC con los Estados Unidos durante su primera presidencia, pero se bajó rápido de su tranvía cuando el entonces canciller Gargano y el ala jurásica de su partido lo enfrentaron. Fue a China en su segunda presidencia y volvió entusiasmado con la posibilidad de un TLC. Le duró poco y ya ni se habla. Se hicieron gestiones y se firmó un tratado con Chile, pero otra vez el ala jurásica de su partido se niega a votarlo en el Parlamento.

Como contrapartida a esta estupidez ideológica, la República Socialista de Vietnam, la misma que estuvo en guerra con los Estados Unidos durante nueve años (1965-1973), de la que salió victoriosa pero devastada, con dos millones de muertos, 900.000 huérfanos y 643 mil toneladas de bombas que cayeron en su territorio, tiene firmado un TLC con ese país de 2001 y además con Australia-Nueva Zelanda, India, Canadá, China, la Unión Europea (UE), Japón, Corea, Rusia y Pakistán. Solo el intercambio comercial entre Estados Unidos y Vietnam ronda hoy los 40.000 millones de dólares. Se ve que lo comunistas de Vietnam no tienen prejuicios ideológicos a la hora de impulsar y mejorar su país.

El mundo va para un lado, Uruguay para otro. El problema no es el país, es el gobierno.

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