Editorial

Pagarles el sueldo de Adeom

Montevideo, la capital uruguaya de la basura, dio una nueva exhibición de por qué tiene ganado ese título, logrado ya hace muchos años. Y también dio una nueva exhibición de la inoperancia de sus autoridades, incapaces de que la Dirección Municipal de Limpieza cumpla con su cometido de recoger la basura de calles y veredas de Montevideo.

Que se acumule amenazante por las consecuencias de su exposición al calor de verano, que el mal olor inunde todos los rincones de los barrios, que se juegue con la salud de los vecinos (niños sobre todo) y se de un mugriento espectáculo a los sorprendidos turistas que llegaron a disfrutar (?) de la ciudad.

El nuevo (o a esta altura ya no tan nuevo) intendente de Montevideo resultó avasallado por la intransigencia de Adeom, tal como ha ocurrido con todos los intendentes frenteamplistas que se han sucedido al frente de la ciudad desde el año 1990.

Nada ha cambiado, apenas los nombres de los jerarcas municipales: se llamen Vázquez, Arana, Ehrlich, Olivera o Martínez, la historia resulta ser siempre la misma: agachan la cabeza y dejan que Adeom los prepotee, con la esperanza de que no hagan olas y pueda hacer la plancha. Eso sí, son muy celosos a la hora de cobrar los impuestos municipales para cumplir con los muchachos de Adeom, porque corren el riesgo de que se enojen más.

La intendenta comunista Ana Olivera patentó el mecanismo de cumplir con la limpieza de la ciudad, sin necesidad de recurrir a los funcionarios municipales encargados de ello y el socialista Daniel Martínez siguió su preclaro ejemplo. Para ello son necesarios dos pasos: 1) echar las culpas al intendente anterior por el estado de la ciudad, por más que sea del mismo partido. Ana Olivera explicó que el tema de la basura se debía a que Ehrlich "había dejado solo 10 camiones funcionando". Martínez, le echó las culpas a Olivera por una "mala gestión en las tareas de mantenimiento de los camiones recolectores"; 2) considerarse en estado de emergencia sanitaria y llamar al Ejército Nacional para que sus efectivos sustituyan a la gente de la Dirección Municipal de Limpieza que no tiene ganas de trabajar.

El personal de tropa salió a la calle el 31 de diciembre y continuará con la recolección de basura por lo menos hasta mañana. La gran mayoría ya tenía su pasaje al interior, para pasar el año nuevo con su familia y en sus pagos. Pero se quedó y trabajó como contraprestación a los sueldos de hambre que percibe, porque ellos son los parias de la sociedad uruguaya. Alrededor del 60% de los soldados está por debajo de la línea de pobreza y se estima que un 4% se encuentra por debajo de la línea de indigencia. El "Gasto Social", la generosidad clientelista del Mides, auxilia al que no trabaja para que viva sin trabajar; pero a aquel que lo hace, aunque su paga sea insuficiente, lo deja librado a la mano de Dios. Sufren de manera despiadada la explotación del hombre por el Estado, por más que las autoridades de ese Estado se llenen la boca de "justicia social" y hagan alarde de un falso humanismo. Son castigados porque son gente que tiene dignidad: se niegan a vivir de la caridad pública, eligen trabajar duro y ganarse su propio salario, por más magro que sea.

Lo primero que debe hacer el intendente Martínez con los 400 efectivos que el Ejército ha desplegado, es pagarles la remuneración de Adeom. Porque la diferencia entre lo que cobran los funcionarios municipales que deberían cumplir con esa tarea y lo que recibe un soldado, es abismal. Y en definitiva están haciendo lo mismo. Lo segundo que debe hacer es un reconocimiento público a la solidaridad del Ejército, que trabaja al servicio de la sociedad y responde siempre al llamado de colaboración. Y tanto Martínez como Olivera, deberían propiciar que ese reconocimiento fuera compartido por todo el Frente Amplio, tan dispuesto al desprecio y el hostigamiento permanente a esa Institución y a su gente. Al fin y al cabo todos, aunque no parezca, son del mismo partido.

Y por último, que la Intendencia recauda un millón y medio de dólares por día, que sale de los bolsillos de los ciudadanos. Si con ese dinero no es capaz de mantener la ciudad limpia, lo mejor es que busque otra ocupación, porque el cargo le queda grande. Recurrir al Ejército para cubrir un servicio esencial de la comuna puede admitirse en un caso imprevisto o de urgencia, pero no puede ni debe repetirse porque sería reconocer su inoperancia.

Lo cierto es que esta película ya la vimos, aunque con distintos actores. El final es conocido.

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