Editorial

Cómo oponerse al gobierno

Algunos importantes referentes frenteamplistas, entre ellos Mujica, han sido muy críticos en estos días sobre el ejercicio de la oposición de los partidos tradicionales. Incluso uno de los argumentos de Vázquez para limitar la presencia de dirigentes de otros partidos en los entes del Estado refiere a esa práctica opositora que, juzgan, excesiva.

Pero a poco que se analice lo que han sido estos años de oposición al gobierno mayoritario del Frente Amplio, y lo que fue la actitud opositora de la izquierda en los años previos, la crítica pierde toda legitimidad. En comparación, la actitud de los partidos tradicionales en la era frenteamplista parece propia de la beatitud de las carmelitas descalzas.

"A mí me duele en el alma escuchar a compañeros que dicen que esta ley la hicimos para entregar ANCAP (…) se está mintiendo, se está faltando a la verdad y, además, muchos de los que lo dicen saben que están mintiendo y faltando a la verdad". ¿Quién hizo estas declaraciones críticas de la dirigencia frenteamplista que llevaba adelante el referéndum contra la ley de asociación de ANCAP en diciembre de 2003? Danilo Astori.

Y siguió: "Toda la argumentación (de sus compañeros opositores a la ley) no discute el contenido de la ley sino que discute cómo sembrar con mayor eficacia la sospecha y desconfianza en el adversario".

A eso se dedicó el Frente Amplio en la oposición. A deslegitimar la tarea de gobierno, a sembrar la sospecha sobre sus objetivos, a dañar el rumbo del país. Su principal herramienta fue atacar la legitimidad de las decisiones de la mayoría gobernante desde el recurso de referéndum. Así, ninguna medida importante podía quedar firme rápidamente. Así, todo quedaba en suspenso hasta que el pueblo, directamente, decidiera. Pero era una decisión sobre la base de campañas mentirosas de parte del Frente Amplio, como en el caso de ANCAP lo señalaba el propio Astori, que había sido corredactor de esa ley.

Previo a este diciembre de 2003, los recursos contra leyes importantes que fijaban rumbos de desarrollo económico para el país fueron numerosos. El Frente Amplio accionó a través de ese mecanismo para impedir que se pudiera gobernar con eficiencia: contra la ley de empresas públicas en 1992; contra el marco de regulación energética en 1998; contra la ley de promoción de inversiones en 1999; y contra 13 artículos de la ley de urgencia, en 2001 —en plena crisis del país—.

¿Y fueron tan malas esas leyes? Luego, en el poder, las que quedaron vigentes no fueron nunca derogadas por la mayoría frenteamplista. Dos ejemplos: es sobre ese marco de regulación energética que avanza hoy en temas de matriz energética; y la izquierda fue más generosa con el capital extranjero para las inversiones, en su gobierno, que lo que estipulaba la ley contra la que se opuso en 1999.

El objetivo era impedir que el país avanzara. Perjudicarlo, para imponer la lógica de cuanto peor mejor, y acumular en movilización permanente para ganar la futura elección. Porque no se trató solamente de las batallas por multiplicar estos recursos que efectivamente se llevaron adelante. El problema era que, desde el gobierno, todo impulso reformista tenía que tener presente que había una oposición irresponsable dispuesta a trancarlo todo.

¡Y el tono de la oposición! "¿Te fuiste a lagartear a la playa porque era un día tentador? Humanamente te comprendo, pero tu boludez nos degüella como país". Eso decía el por entonces senador Mujica, reprendiendo a quienes no habían ido a votar contra la ley de urgencia, en febrero de 2001. El propio Astori, en diciembre de 2003, explicaba cómo el Frente Amplio pintaba muros contra Sanguinetti o Lacalle para juntar adhesiones contra el referéndum de ANCAP. Y recomendaba leer las versiones taquigráficas del Senado, cuando se discutió esa ley, para que "se indignen escuchando lo que dice hoy de la misma ley el Senador Michelini".

Hay otros ejemplos para agregar. Quizá el más grave de todos, fue la posición de Vázquez, en plena crisis en 2002, para ir al default de la deuda externa, y seguir así el camino argentino. Pero lo más importante no es pasar cuentas pasadas. Lo importante es no seguir repitiendo errores a futuro.

Esos errores se evitan, antes que nada, conociendo bien lo que ocurrió en nuestra Historia reciente. No se puede mentir sobre los hechos. Ellos muestran que la oposición frenteamplista fue tremendamente irresponsable. No tiene comparación con el talante de los partidos que hoy son opositores.

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