EDITORIAL

Las nuevas generaciones mujiquistas

En estas semanas distintos analistas, comentaristas y dirigentes políticos, incluso algunos notoriamente frenteamplistas, señalan con mayor contundencia y certeza que antes su desazón en la evaluación del gobierno de Mujica. Sin embargo, no son muchos los que prestan atención a uno de sus legados más nefastos: la legitimación y naturalización del discurso izquierdista radical, extendido en particular en las nuevas generaciones de dirigentes frenteamplistas.

Es común reconocer que la vieja guardia de izquierda se fue corriendo hacia el centro del espectro político con el ejercicio del poder. En este esquema en el que no temblaron las raíces de los árboles, Mujica fue el que siempre conservó un discurso más alineado a las viejas convicciones sesentistas. Ganó en 2009 la interna de su partido, por ejemplo, apoyado por las bases que querían dar el mentado "giro a la izquierda" para "profundizar los cambios".

Toda esa postura, si bien escondida tras el relativismo siempre festejado por su barra de que "como te digo una cosa, te digo la otra", terminó teniendo traducción concreta en episodios fundamentales de su gobierno. Su canallada en el Mercosur contra el hermano país del Paraguay; su alineamiento con la dictadura de Chávez y ahora con la de Maduro; y su comunión con el discurso kirchnerista de patria grande, entre tantos otros ejemplos, se pueden ver a nivel internacional.

En lo local, Mujica también delineó su impronta izquierdista en un permanente discurso de confrontación hacia actores sociales y políticos que no eran "de su palo". Toda su concepción política partió al país entre buenos y moralmente superiores, sus compañeros de ruta, contra los deleznables y moralmente inferiores, enemigos del pueblo y del Frente Amplio. En la campaña electoral de octubre de 2014 fue explícito en atacar a esos enemigos con contundencia.

Nada debe sorprender de esta posición mujiquista cuando se asume el origen tupamaro de su pensamiento político. Sin embargo, la consecuencia profunda y de largo plazo es que ese mujiquismo prendió fuerte en las nuevas generaciones frenteamplistas. En efecto, cuando se analiza con atención los discursos de los dirigentes de izquierda de más protagonismo que tienen hoy entre 30 y 45 años de edad, por ejemplo, no se encontrará ninguno que defienda posiciones políticas con perfil socialdemócrata moderado.

No hay grandes defensores de la apertura comercial del país, como la que está promoviendo Vázquez, pero sí generosas diatribas en favor de la patria grande y en contra del imperialismo yanqui. No hay pragmatismo para entender la relación con Argentina, sino que se desenvuelve en un alineamiento kirchnerista que, incluso, llevó a alguno de ellos a Buenos Aires a hacer campaña en favor de Scioli. No hay sentido de prudencia en el gasto público para evitar desequilibrios macroeconómicos que tengan consecuencias nefastas, sino que se encuentran argumentos en favor del protagonismo del Estado a cualquier costo, incluso desde la defensa de entes fundidos o desde la intervención directa y general para fijar precios en el mercado de bienes y servicios. No hay respeto por la mayor legitimidad de la representación plural del pueblo en el Parlamento, sino que se fomenta la participación directa en organizaciones sociales y sindicales movilizadas en defensa de lo que ellos entienden son los intereses populares.

Toda esta nueva y protagónica generación frenteamplista transpira mujiquismo. No solamente dentro del Espacio 609, sino también en otros espacios que, sin necesariamente estar alineados con el liderazgo de Pepe, sí comparten con él su concepción y entendimiento de la esencia de la política. Sea que esté en alguna corriente del Partido Socialista, sea que se encuentre en el sector de Constanza Moreira, sea que parezca alineada a un discurso más ortodoxo marxista leninista, o sea que pertenezca al grupo más progre y universitario "IR" por ejemplo, todos sus integrantes fueron marcados ideológicamente por la prédica de Mujica. La expresan en distintas tribunas, y sobre todo en el Parlamento. Cuanto más avanza el presidente Tabaré Vázquez en un sentido de izquierda pragmática y moderna a la chilena de Ricardo Lagos, más expresa esta generación su dura crítica contra ese rumbo moderado.

El mayor daño de Mujica en el largo plazo está aquí: haber contribuido a formar una nueva generación extremista e ideologizada, convencida de que el Frente Amplio debe alinear su propuesta sobre bases de izquierda radical.

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