Editorial

La nueva Argentina de Macri

El diálogo franco, directo y cordial entre los presidentes de Argentina y Uruguay del pasado jueves en Anchorena rompe con doce años de gobierno kirchnerista. Es que a prácticamente un mes de llegado al poder, Mauricio Macri está cambiando decididamente dimensiones fundamentales de su país.

Su gobierno ha tomado medidas económicas que desarmaron el entramado sustentado por sus dos predecesores. Sus rápidas consecuencias positivas ya se vieron en estas primeras semanas de temporada, sobre todo en nuestras costas del este. Los argentinos, muchos de los cuales se beneficiaron de una rápida decisión de alivio impositivo, pueden ahora disponer de su dinero y gastarlo como les place sin limitaciones con respecto al dólar. Además, el final del cepo cambiario unificó el tipo de cambio en Argentina y se viene procesando con total éxito: no hubo disparada del dólar y por ahora tampoco parece haber aumento extraordinario de la inflación.

Además, Macri dio un decidido impulso al sector productivo al cumplir rápidamente con su promesa de campaña de cesar con las retenciones generales al agro y de hacerlo gradualmente para la exportación de soja. En lo comercial, se liberaron las trabas a las importaciones y se apuesta a las exportaciones como motor del crecimiento. En la dimensión trascendente de la inserción financiera internacional, el nuevo gobierno logró acceder a préstamos del Banco Interamericano de Desarrollo y de un grupo de bancos poderosos. La perspectiva es auspiciosa para situar a la Argentina en un lugar destacado de destino de inversiones extranjeras claves que permitan mejorar las infraestructuras necesarias para el crecimiento, dentro de las cuales está el imprescindible desarrollo del sector energético.

Macri también avanzó a paso rápido en decisiones políticas y simbólicas muy importantes. Su gobierno anunció que comenzaría la "política del siglo XXI", y decidió "terminar con la guerra contra el periodismo". Se termina así con el extenso enfrentamiento que había conducido el kirchnerismo contra medios que se entendían críticos y opositores. Volvieron las conferencias de prensa de los jerarcas, abiertas a los medios y con posibilidad de hacer preguntas. Y se terminó la utilización de la infraestructura comunicacional del Estado para criticar, denostar y calumniar a los adversarios del gobierno.

En el mismo sentido, se disolvió el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego, creado en 2011 por el gobierno de Cristina Fernández. La razón es la misma que en el caso de la creación del Ente Nacional de Telecomunicaciones que procura terminar con la guerra al periodismo crítico. El objetivo es avanzar en un sentido de libertad y transparencia, respetando aquí la pluralidad ideológica de las instituciones científicas y académicas.

Se nota así una dimensión clave del nuevo talante del gobierno argentino. Porque no se trata de proscribir el pensamiento de tantos importantes intelectuales argentinos que promovía ese instituto de estudios históricos. Allí figuran, entre otros, Jorge Abelardo Ramos, Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz, Fermín Chávez, Juan José Hernández Arregui y Manuel Ugarte. El gobierno de Macri, simplemente, entiende que no es función del Estado promover una visión única y particular de la historia, tal como lo creía el gobierno kirchnerista. El Estado debe pues abstenerse de participar en los contenidos que hacen a la historia, que es materia de investigación científica y universitaria, y que no debe ser terreno de ideologización política progubernativa.

Es por todo esto que el buen clima de la reunión Macri-Vázquez en Anchorena es tan relevante. Los entendimientos anunciados, sobre todo en cooperación energética, medioambiental y portuaria, son signos muy importantes y positivos de cambios con relación a lo que fueron los años kirchneristas.

Por supuesto, no es cuestión de creer que Buenos Aires tiene los mismos intereses que Montevideo y que por tanto debemos fundirnos en una misma entidad. Pero reconociendo nuestras diferencias, es muy importante volver a contar con un gobierno argentino abierto al mundo, capaz de dialogar con sus países vecinos, y consciente de avanzar en una real democratización de sus instituciones que devuelva el protagonismo a los valores republicanos y liberales, tanto en su sociedad como en su Estado. Porque son ellos los que se conjugan en los países del mundo en donde la gente vive mejor, en paz y prosperidad.

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