Editorial

Nuestro mercado es el mundo

El presidente Mujica dijo que los productos lácteos, principalmente leche en polvo, solamente representan una proporción mínima de las exportaciones totales de nuestro país a China y agregó: "En China hay un impasse y hablé con la embajadora y le hice una propuesta" para superar esa situación. 

Pero, continuó el presidente, "En la Cancillería me sacan la letra del Mercosur, pero la presidenta brasilera … no se negaría a que hiciéramos un acuerdo bilateral. Habría que pelearlo para darle seguridad a un producto como los lácteos. Es una cuenta pendiente que va a haber que pelearla y hacer más de un viaje" (El País, 28 de enero).

Primero, prácticamente no exportamos lácteos al mercado chino en un momento en que la demanda por esos productos crece rápidamente, como resultado del aumento de la población, su mejor nivel de vida, la urbanización y la mayor necesidad de proteínas para alimentar a sus habitantes.

Las exportaciones de Nueva Zelanda a China de ese tipo de alimentos prácticamente se triplicaron en los últimos años. Este incremento fue facilitado por la entrada en vigencia del tratado de libre comercio entre esos dos países, en octubre del 2008. Como resultado de este acuerdo bilateral, un tercio de las exportaciones de Nueva Zelanda a China quedaron inmediatamente libres todo impuesto aduanero, otro tercio quedó liberado en el 2013 y el resto (excepto un 4 %) quedará libre en el 2019.

Este episodio demuestra cómo funciona la globalización y cómo actúan los gobiernos inteligentes. El mercado internacional de productos lácteos opera en una escala global para gran alegría de los productores de Nueva Zelanda, Australia y los Estados Unidos.

Los exportadores uruguayos compiten con otros países muy distantes para conseguir entrar al mismo mercado en el Lejano Oriente; y los países negocian acuerdos bilaterales de libre comercio con el propósito de asegurarle una ventaja comparativa a sus productores. No se encierran detrás de autodestructivas murallas arancelarias.

Segundo. El presidente Mujica, con razón, desea asegurarle al productor de productos lácteos uruguayo el mismo margen de ventaja que tienen sus competidores directos en las antípodas, para ingresar en uno de los principales mercados mundiales. Pero, cuando el presidente se dirige al Ministerio de Relaciones Exteriores, dijo, "le sacan la letra del Mercosur".

El Tratado de Asunción que podría competir, con buena chance, por el récord de ser uno de los acuerdos de integración regional menos respetados en la historia de la Humanidad se convierte, gracias al celo de nuestra diplomacia, en un obstáculo, aparentemente insalvable, para que los productores lácteos uruguayos puedan ingresar en el principal y más dinámico mercado mundial para productos lácteos del mundo.

Tercero. Luego de completado el diagnóstico, el presidente propone como solución pedirle a la presidenta del Brasil que nos autorice a negociar un acuerdo bilateral con China. Lo que nos recuerda aquel proyecto de Mujica de pedirle a Lula maquinaria pesada y "unas chapas" para construir techos.

Las cosas no funcionan así.

No parece razonable pretender darle seguridad a un sector exportador de nuestra economía para que pueda desarrollarse en el largo plazo, dependiendo únicamente de la benevolencia circunstancial del presidente de otro país, por más amigo que sea. Nuestro país es parte del Tratado de Asunción, al cual pertenecen otros cuatro Estados y existen reglas que deben ser respetadas.

La idea de negociar por nuestro lado un acuerdo bilateral con China para fomentar las exportaciones de productos lácteos tropieza con las mismas barreras legales y políticas (e intereses encontrados) con que chocan los demás proyectos de tratados de libre comercio para facilitar el intercambio comercial de nuestro país con el resto del mundo.

Existen tres caminos.

El primero sería un tratado de libre comercio entre el Mercosur y China, para lo cual debería conseguirse el consentimiento de todos nuestros socios.

El segundo sería reformar el Tratado de Asunción para permitir que cada una de las Partes recupere su plena libertad de organizar, como le parezca su comercio exterior con el resto del mundo. Chile, por ejemplo, tiene un acuerdo de libre comercio con China desde el año 2008 y Perú desde el año 2011.

El tercero sería separarnos del Mercosur y abrirnos al mundo, pero a pesar de que para un país pequeño como el nuestro, la política exterior es crucial, esta ha sido muy mala.

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