EDITORIAL

El mundo después de Trump

La violencia, la crispación y la intolerancia parecen apropiarse del mundo en una escalada vertiginosa y peligrosa. Armas químicas, misiles, bombas y pruebas nucleares son titulares de las noticias de cada día, mientras el diálogo es cada vez más escaso.

Si la dosis de cordura en el mundo depende de Kim Jong-un, el sádico gordito que gobierna Corea del Norte, su futuro es, por lo menos, muy inquietante. Pero su decisión de suspender ayer la prueba nuclear que estaba anunciada como festejo del aniversario de su dinastía en el poder, fue un calmante para las tensiones que se habían generado.

La advertencia de Estados Unidos de un "ataque preventivo" en caso de una exhibición atómica y el despliegue de varios destructores cargados de misiles en sitios estratégicos era una clara señal de que la cosa venía en serio y contribuyeron a dejar para otra ocasión (que lamentablemente seguro la habrá) el programa de fuegos nucleares. Hubo alarde de armamento, pero no disparos ni pruebitas. Kim demostró que puede ser un demente, pero tonto no es.

No hay duda de que la llegada de Donald Trump, un empresario que se maneja a golpe de twitter ajeno a la política hasta que se le ocurrió ser candidato, impulsivo y sin mayores reflexiones, poco afecto a negociar y sí a imponer su voluntad, soberbio y despectivo, pateó (para bien o para mal) el complicado tablero del ajedrez mundial. El statu quo quedó cuestionado en todo. Ha dicho que "no soy, y no quiero ser, el presidente del mundo", pero sus acciones en el corto plazo se han caracterizado por un protagonismo que hacía muchísimo tiempo no se veía. Solo nueve días después de asumir, el 29 de enero, marcó presencia y lanzó un ataque contra una base de Al Qaeda en Yemen que provocó 41 muertos, cuatro de los cuales eran altos dirigentes terroristas. Pero, ¿fue solo una comunicación al mundo de que en Estados Unidos había un nuevo Presidente?

La verdad es que el mundo ya andaba bastante embrollado antes del desembarco de Trump. Varios personajes estaban haciendo de las suyas y generaban temor:

1) Bashar al-Asad (desde 2000) en Siria: Las protestas en Siria vinieron de la mano de la "primavera árabe" en marzo del 2011 y la represión fue feroz. A la fecha van más de 100.000 muertos, más los 1.400 que perecieron el 21 de agosto en el ataque con gas sarín. Se estima que hay 4 millones de desplazados, en un país con 17 millones, que vagan por el mundo en busca de refugio en una culpa que tiene compartida con el terrorismo islámico (ISIS) que se ha asentado en ese país. El presidente Barack Obama lo acusa de haber "escogido el camino del asesinato y los arrestos masivos de sus ciudadanos", mientras que 27 ministros de Relaciones Exteriores de la Unión Europea condenan "en los términos más enérgicos posibles, la brutal represión llevada a cabo por el régimen sirio".

2) Vladimir Putin (desde 2000) en Rusia: Es el principal sostén del régimen sirio. Este ex KGB ha ido ganando protagonismo en la esfera internacional en un país donde la vocación imperial se reanuda, la palabra guerra no les espanta y su espíritu de expansión es explícito. No oculta su sueño del regreso al imperio ruso de la época zarista. Los movimientos de tropas en las fronteras son muy asiduos y sus vecinos no viven tranquilos. Pareció que iba a convertirse en el compinche de Trump, pero el imprevisto bombardeo a Siria aparentemente los alejó.

3) Kim Jong-un (desde 2011) en Corea del Norte: Tal vez el más peligroso de este grupo de actores porque nada ni nadie lo limita. La contravención de sus normas significa campo de concentración. Se calcula que 70 altos cargos han sido ejecutados por diferentes motivos. Por ejemplo su tío, bajo el cargo de "alta traición", el ministro de Defensa, por haberse quedado dormido en un desfile y el arquitecto del aeropuerto de la capital, porque a Kim no le gustó el proyecto. Corea del Norte ha realizado dos ensayos nucleares y posee un programa de lanzamiento de misiles para alcanzar el territorio de Estados Unidos. Corea del Sur y Japón, dos aliados estratégicos de EE.UU. están bajo amenaza.

4) Xi Jinping (desde 2013) en China: Pintaba como para ser el principal escollo de Trump, pero con enorme habilidad se ha convertido en una especie de "aliado". Escucha, habla y busca no chocar con el estadounidense. Incluso cenaban juntos cuando Trump dispuso el ataque de misiles en Siria. Hoy por hoy refleja el lado más cuerdo de la política internacional y si bien es un férreo defensor de Corea del Norte, se ha mantenido discretamente en un segundo plano. ¿Por qué? ¿Cuánto puede durar en ese papel? Son incógnitas claves que el tiempo develará.

Mientras tanto, al resto de este planeta en peligro solo le queda mirar al cielo y rescatar la última frase del mensaje de Trump tras el ataque a Siria: "Que Dios bendiga al mundo entero".

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)