Editorial

No va más, Mujica

Una vez más esta semana la atención mediática la acapara el expresidente Mujica con explosivas declaraciones. La estrategia no es nueva, cada vez que él o alguien a quien pretende proteger está en problemas, Mujica tira una bomba de humo diciendo algún disparate para cambiar el eje de la discusión.

En este caso le tocó al operador político astorista Esteban Valenti. En su estilo chabacano y subterráneo Mujica se refirió a la vida privada de Valenti y su esposa para eludir el tema de fondo sobre el que fue consultado, el desfalco de que fue objeto Ancap. Resulta curioso a su vez, que Mujica salga ahora en defensa de Sendic, cuando el mismo hace pocos días le soltó la mano declarando que nunca había sido su candidato.

La versión de Mujica sobre el caso Ancap ahora es la misma que viene propalando el grupo de Sendic, que casualmente tiene a varios de sus legisladores vinculados a la misma empresa pública. Todo sería parte de un mismo operativo político montado por la oposición y por parte del Frente Amplio para matar al actual vicepresidente, lo que nadie con un mínimo de honestidad intelectual puede suscribir.

En primer lugar, porque Ancap está efectivamente fundida, como quedó de manifiesto en la ley de salvataje que votó el propio partido de gobierno en enero. Nadie lo inventó, los números de la calamitosa administración que sufrió Ancap, sus déficits continuados, la acumulación de endeudamiento y el uso patrimonialista del ente por parte de Sendic y sus allegados son hechos, no opiniones.

En segundo lugar, porque el caso es de una gravedad inusitada. Supongamos por un momento que no hubo ningún comportamiento deshonesto (lo que es un verdadero acto de fe), entonces estamos ante una de las burradas más grandes de la historia del Uruguay. Si la versión de los hechos que quieren sostener Mujica y los dirigentes de la lista 711 es que no hubo nada raro entonces están admitiendo que Sendic es un inepto, porque no cabe otro calificativo para quien fundió una empresa monopólica que cobra precios astronómicos por lo que vende. Con amigos como esos no se necesitan adversarios para arruinar una carrera política.

Y en tercer lugar, porque el crimen está mal tipificado, no se trata de que quieran matar a Sendic, él ya se mató solo con su incalificable gestión y sus infantiles excusas, muchas de las cuales son directamente flagrantes mentiras, con las que intentó justificarse. Recordemos solamente el intento que realizó de echarle la culpa al aumento de sueldo de los pisteros. Si no fuera patético para el país sería para descostillarse de risa.

A los uruguayos no les interesa la vida privada de Valenti y su señora, pero sí les interesa mucho saber qué hay detrás del vaciamiento patrimonial de Ancap y de los negocios turbios que existen con Venezuela. Son casos demasiado groseros, tan groseros como las bombas de humo de Mujica para desviar la atención.

Afortunadamente, cada vez más gente termina de reconocer no solo que Mujica fue uno de los peores presidentes de nuestra historia, incluidos muchos frentistas, sino que su estilo ha dañado profundamente el ethos nacional y nuestro tradicional buen talante y educación.

Las ordinarieces de Mujica han calado hondo y han llegado casi a destruir una forma de ser que nos enorgulleció en el pasado. El Uruguay de la túnica y moña azul impecables, el del permiso, por favor y gracias, el del buen gesto con el desconocido, el que cede el asiento en un ómnibus, en definitiva, el que construyeron nuestros mayores y que supimos conservar hasta no hace mucho con justificada reverencia.

Un presidente que insultó a periodistas hasta cansarse, que trató con un machismo inadmisible los temas de género, que tuvo para con sus adversarios políticos los epítetos más repugnantes que recuerde el país y que ahora cuando la madurez de los años evidentemente no lo alcanzó, también termina de enlodar a sus propios compañeros para intentar justificar lo injustificable. Nunca fue un estadista, eso está muy claro, pero ahora ha llegado a un nivel de indecencia que al final de cuentas es poco uruguayo, si los uruguayos aún conservamos un poco de respeto por nosotros mismos.

No va más, Mujica. Los uruguayos no nos distraemos con sus gestos soeces, queremos respuestas sobre los temas de fondo y nos negamos a seguir aceptando que nuestra convivencia se deteriore día a día por sus odios mal encauzados y su insaciable ambición política.

Y ahora como corolario del carnaval de Ancap, las apreciaciones del grupo de Astori sobre el informe de la investigadora parlamentaria del Frente Amplio.

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