Editorial

El Mercosur en añicos

El presidente Mujica dijo en una reciente entrevista que "la región necesita un liderazgo que se llama Brasil" para lograr la integración regional y agregó: "Argentina tendría que acompañar y no acompaña un carajo". En su opinión, "Es como si la Argentina se hubiera retrotraído a una visión de 1960".

El presidente ya había expresado esas ideas a fines del 2013. Entonces, entrevistado por el diario brasileño Zero Hora, opinó que el gobierno de la presidente Cristina Fernández de Kirchner tiene "un proyecto al estilo de 1960" que le "quita el sentido al Mercosur". Luego agregó "Puedo entender si esta es la política general de todo el Mercosur, pero cerrarse hacia los mismos países del Mercosur a mí me parece que quita el sentido del Mercosur".

Para nuestro presidente los países de la región más integracionistas son "Los países chicos por necesidad porque vamos corriendo de atrás. En cuanto tiene el viento de cola, Argentina se olvida de la integración cuando le van bien las cosas agarra para otro lado. También Brasil. Te voy a hacer una confesión. Me dijo una vez la presidente de Brasil: ´Ay Pepe, con Argentina hay que tener paciencia estratégica´. Brasil les ha bancado de todo a los argentinos, pero no quiere perderlos como aliados".

El diagnóstico del presidente uruguayo expone los dos problemas fundamentales que enfrenta el Mercosur. El primero es la política de aislamiento del mundo exterior en que se ha embarcado una de las principales partes del Tratado de Asunción y que choca con lo pactado en ese acuerdo multilateral. El segundo, es la ausencia de mecanismos jurídicos eficaces para que los demás países parte del Tratado puedan conseguir que se cumpla lo acordado.

Como resultado de esta situación nuestro país se encuentra en el peor de los mundos: es perjudicado porque no se cumple con lo pactado en Asunción, pero no puede buscar otros caminos de integración porque debe ajustarse al marco jurídico del Mercosur.

Es discutible que la mejor estrategia para los países chicos, como el Uruguay, sea encerrarse en un acuerdo como el Mercosur. Existen otras estrategias para construir mercados más amplios. Por ejemplo asociarse a otros procesos de integración regional más exitosos y dinámicos o, como demuestra la experiencia de Chile y de otros países latinoamericanos, integrarse en los mercados globales mediante la negociación sistemática de una red de acuerdos bilaterales de libre comercio.

La reacción de la otra orilla no se hizo esperar.

El recientemente desplazado jefe de gabinete de ministros de la Argentina, Jorge Capitanich, dedicó tres minutos de su conferencia de prensa diaria a responder lo dicho por el presidente Mujica.

Según Capitanich, desde 1986, "con el acuerdo Alfonsín-Sarney en adelante, desde el Tratado de Asunción y precisamente con la articulación del acuerdo desde el punto de vista del arancel externo común hasta las estrategias de integración, somos definitivamente un país fundante de estas estrategias. Lo mismo que el desarrollo que ha tenido la política exterior de Argentina con la asunción del presidente Néstor Kirchner el 25 de mayo de 2003, ratificada por la presidente Cristina Fernández de Kirchner". Desde su punto de vista, la acción de la Argentina habría fortalecido el Mercosur. En consecuencia, dijo, la República Argentina debe "tener el reconocimiento de sus pares y merece tener el reconocimiento precisamente de la República Oriental del Uruguay porque, en definitiva, gran parte de su comercio exterior tiene mucho que ver con la capacidad y el desarrollo que se ejerce desde la República Argentina".

Para completar, también aludió en su declaración a la Unasur, el Celac, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y los fondos buitre.

La declaración del vocero del gobierno argentino recuerda la técnica de evasión del calamar ante una amenaza. Como hace ese molusco cefalópodo, ante el claro y fundado reproche de Mujica, el vocero emitió una espesa nube de retórica nacional y popular para enturbiar la discusión y así ocultar la cuestión esencial. Y esta cuestión esencial es que, como ha dicho nuestro presidente, la política de la Argentina "hace añicos al Mercosur". Y ello tiene un considerable impacto dañoso para nuestro país.

Quizás ha llegado el momento de determinar cuáles son los límites y los costos de la famosa "paciencia estratégica", de que tanto se habla. Lo que está claro es que ella no puede pasar por el "más y mejor Mercosur".

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