Editorial

Las mentirillas de Bonomi

El análisis de las cifras sobre la situación de inseguridad se hace a veces engorroso. Es que algo que debería ser muy simple de constatar como es el aumento de la inseguridad que todos percibimos, termina siendo manipulado por las declaraciones del ministro del Interior para quitarse responsabilidad por la situación actual.

O lo que es peor, para intentar convencernos de que, en realidad, estamos mejor que antes.

Entre los diferentes tipos de delitos hay tres que muestran más claramente que otros la evolución de la inseguridad: los hurtos, las rapiñas y los homicidios. Es sabido que no todos son denunciados sistemáticamente: evidentemente, hay hurtos que no se denuncian porque la gente ya perdió la esperanza de que hacerlo sirva efectivamente para algo. ¿O no conocemos todos a algún pariente o vecino, por ejemplo, al que le robaron la radio del automóvil y ni siquiera hizo la denuncia del episodio a la comisaría? Diferente es la situación con las rapiñas que, como siempre implican violencia física, son denunciadas en mayor proporción. Y por supuesto, es casi imposible que la policía no se entere de los homicidios que ocurren en el país.

En este esquema entonces, que el ministerio del Interior se apoye sobre todo en la merma de hurtos denunciados para afirmar en el Parlamento que hubo una "baja en los delitos contra la propiedad" en 2015 con respecto a 2005 es una tomadura de pelo a toda la ciudadanía. Hay que hacer realmente un análisis muy desprevenido o malintencionado para poder afirmar que los delitos contra la propiedad en realidad bajaron en estos años. Porque las cifras de rapiñas denunciadas son las siguientes: en 2005, 8.352; en 2015, 19.420. Lo que ocurrió en esta década es que aumentaron las rapiñas tremendamente y los hurtos también. La diferencia está, y el ministerio del Interior lo sabe bien, en que estos últimos no se denuncian ya tanto como las primeras.

Pero la muestra contundente de que la situación de inseguridad está cada vez peor es la evolución de la cantidad de homicidios. En 2015 hubo 289 en total, casi un 10% más que en 2014 y la peor cifra de todas desde que se lleva registro. Ellos ocurren sobre todo en los barrios de clases medias y populares de Montevideo, como por ejemplo Manga, Cerro o Paso de la Arena, que presentan tasas de homicidios que pueden llegar a los 22,7/100.000 habitantes, es decir, de las peores del mundo.

¿Cómo intenta relativizar este muy mal resultado el ministerio del Interior? La jugada es ingeniosa porque puede engañar a quien no esté familiarizado con las estadísticas. Pero se descubre fácilmente. Lo que hizo fue presentar promedios por quinquenio que además coinciden, mal que bien, con los años de las distintas administraciones de gobierno.

Así, el promedio de 2010-2014 es de 232 homicidios por año, parecido al de 1995- 1999 por ejemplo, que presenta una cifra de 220. De esta forma, el ministerio del Interior se apoya en que nunca hubo un año con más de 231 asesinatos en total entre 2000 y 2011, y que la mayoría de las veces fueron menos de 210 por año, para disimular tras un promedio simple lo que en realidad es la grave evolución de los homicidios desde 2012.

En efecto, las cifras del período 2010- 2014 son las siguientes: en 2010, 205 asesinatos; en 2011, 199 en total; en 2012, hubo 267; en 2013 fueron 257, y en 2014 alcanzaron los 262. El promedio de 232 del período 2010-2014 esconde entonces lo verdaderamente grave: desde 2011, hubo un salto en la cantidad de homicidios. O lo que es lo mismo: el promedio del cuatrienio 2012-2015 es de 269 homicidios por año, mucho más que los 232 por año presentados. Y además, con una tendencia al alza.

En el afán de relativizar el mal resultado de su gestión el ministerio del Interior mostró que en períodos de gobierno no frenteamplistas también hubo un deterioro de la seguridad pública. Nadie lo niega. Pero la diferencia es que la situación actual se da en la época de mayor bonanza económica de los últimos 70 años del país. En 2013, por ejemplo, a pesar de haber tres veces menos pobres que en 2005, las rapiñas denunciadas fueron el doble que las de 2005. Finalmente, en esta década en la que aumentó la delincuencia como nunca antes, el ministerio del Interior omite reconocer que sus recursos económicos para enfrentarla han sido los más holgados desde, al menos, el retorno de la democracia.

Las trampillas de las estadísticas de Bonomi no impiden ver lo que todos sabemos: que la inseguridad está cada vez peor.

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