Editorial

Mensaje al intendente

El hecho de que Daniel Martínez haya decidido salir con firmeza a encarar uno de los grandes dramas de Montevideo, los perros, ha generado una ola de entusiasmo y optimismo como no se veía en décadas. Por fin una autoridad decide hincar el diente a los temas serios de la ciudad.

Es por ello que, inspirado por ese entusiasmo, nos atrevemos a hacer algunas sugerencias sobre por donde debería continuar este esfuerzo, para en poco tiempo terminar de encaminar los serios problemas que vienen golpeando a Montevideo desde hace al menos 25 años. Y la cifra no es un capricho para endilgarle todos los males a las gestiones del Frente Amplio. Es que ya nadie se acuerda cómo era esto antes de la llegada de la liberación progresista.

Primer punto, está fenómeno salir a controlar a los perros y a sus amos irresponsables, pero estaría bueno focalizarse en los restos con que los simpáticos animalitos fertilizan en vano calles y veredas de la ciudad. Es ahí que está el verdadero problema. Dedicarse a exigir correas y bozales a los dueños de caniches y pugs, no sólo es antipático e improductivo, sino que luego obliga a jugar al filo del ridículo y tener que inventar espacios para que los pobres animalitos puedan ejercitarse. No sea cosa de hacer enojar a las protectoras de animales, que al lado de ellas, hasta los barrabravas parecen bebés de pecho.

No es la intención de esta nota mentar la soga en casa del ahorcado, teniendo en cuenta que tras la purga de dirigentes del MPP que ha experimentado la Intendencia (bienvenida sea), la relación de este sector con el intendente Martínez no es la mejor. Pero a la hora de citar prioridades para futuros avances de gestión vale recordar la vieja frase del expresidente Mujica, aunque con algún cambio. En este caso, estimado intendente, la clave sería "basura, basura, basura". Llevamos ya varios meses de gestión y anuncios, y la calle luce peligrosamente parecida a lo que se veía en tiempos de Ana Olivera o Ehrlich. Es clave solucionar eso, para que no decaiga el optimismo ciudadano generado por la cruzada contra los perros.

En tiempos en que estos plomos de Uber han irrumpido para alterar la paz y la armonía que imperaba en nuestro maravilloso sistema de transporte público, sería interesante buscar alguna forma de mejorar aún más este servicio, cosa de aplacar a los neoliberales que siempre critican a los compañeros que en buena ley gestionan la industria del taxi y el ómnibus. Dos servicios de país de primera, sin duda, pero que ganarían en popularidad si se lograra que los conductores fueran un poquito menos impertinentes y agresivos, y si las unidades tuvieran el tamaño y la limpieza acorde a la escala de la ciudad. Se podría cumplir, también, un poco con el tema de los horarios, ya que ahora parece que la gente se volvió puntual de golpe.

El tránsito es, sin dudas, otro tema sobre el cual poner el ojo. La fiebre de consumismo hecha posible por la bonanza progresista, ha causado una invasión de autos en la ciudad, y ya hay horas en las que no se puede circular. Mientras no se logre convencer a más gente de apelar a la bici como usted (a algunos frívolos parece que les preocupa llegar transpirados a la oficina) sería bueno derivar a alguno de las decenas de inspectores dedicados a la progresista tarea de verificar el pago de estacionamiento, a ordenar el tráfico en las horas pico. O a verificar que se cumplan las normas de circulación. O a exigir a los proveedores que no estacionen en 18 y Andes en tercera fila a las 12 del mediodía. Parece que eso cae mal en algunos ambientes. Y ya que estamos, ¿que pasó que nunca más se controló el "computest" de los autos?

Por último, se podría hacer un esfuercito mayor en cuanto al estado de las calles y la señalización. Todos sabemos que esto tiene como base las décadas de abandono neoliberal y falta de inversión en nuestras carpetas asfálticas. Pero de seguro algo se puede hacer para que circular por la ciudad no sea igual que andar en un eterno lomo de burro. Lo mismo que para evitar que las mismas esquinas sean escenario de accidentes todos los días del año.

Estimado intendente, si solo se lograran solucionar estos detalles, es seguro que la población lo vería con agrado, y se consagraría la mayoría automática de la opción progresista y solidaria que reina hegemónica en Montevideo desde hace tiempo. Quién sabe, tal vez hasta pueda ser un empuje interesante para una eventual candidatura suya a la Presidencia. Aunque para aspirar a eso, viendo la edad promedio de los liderazgos en el campo popular, todavía deban pasar al menos unos 20 años.

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