EDITORIAL

A medio siglo de Pacheco

Para comprender la presidencia de Pacheco, con sus luces y sus sombras, se precisa un esfuerzo de inteligencia histórica amplia y colectiva. Infelizmente, incluso medio siglo más tarde, todavía no parece que seamos capaces de realizarlo.

Por estos días se cumple medio siglo de la llegada a la Presidencia de la República de Jorge Pacheco Areco, luego de la repentina muerte de quien fuera electo para esa función en 1966, Óscar Gestido. Infelizmente, a pesar del gran tiempo transcurrido, el país sigue sin poder hacer balances desapasionados para juzgar la acción de su gobierno que duró hasta el 1° de marzo de 1972.

Esas dificultades responden a varios motivos. En primer lugar, porque una generación entera de jóvenes izquierdistas que se opusieron a Pacheco fueron los que alcanzaron el poder con el Frente Amplio en 2004. Lejos de perder influencia, su visión del país, del proceso histórico de los años 60, de la posterior dictadura, de la salida democrática y de los gobiernos que se sucedieron en los años 90, ganó en audiencia con el paso del tiempo.

En particular, el peso electoral, la influencia cultural y el protagonismo generacional recaen en este sentido sobre todo en el movimiento tupamaro, que desde 2002 y hasta hoy en día es el principal sector del Frente Amplio. Evidentemente, con ese protagonismo, se ha hecho muy difícil evaluar sin pasiones y con el rigor que exige la interpretación histórica, al período de Pacheco en el poder.

En segundo lugar, porque la extendida visión de izquierda es la que con el paso de los años se ha hecho hegemónica en la interpretación de esos años pachequistas. En efecto, se ha hecho incluso ley nacional, por ejemplo, la disparatada tesis de que los excesos dictatoriales no empezaron en 1973, sino que lo hicieron en plena presidencia democrática en 1968.

Así las cosas, la pasión izquierdista ha impregnado el análisis de ese difícil tiempo político del país. Hoy, por ejemplo, se enseña a las nuevas generaciones en los manuales de historia que el período pachequista fue autoritario. Y se agrega una enorme falsedad histórica, como es que ese autoritarismo fue causa de la guerrilla tupamara de esos años, cuando la verdad es que la guerrilla ya había cometido gravísimos atentados y asesinatos antes de 1967.

En tercer lugar, porque perdido el protagonismo generacional por un lado y perdida la batalla cultural por el otro, el Partido Colorado, en el cual el pachequismo quedó en minoría ya en las elecciones internas de 1982, nunca defendió ampliamente, con pasión, argumentos y decisión, un legado de su líder que pudiera considerarse como positivo. Ni en la escena política ni en el campo cultural ocurrió esa defensa que, por cierto, tampoco frenteamplistas o blancos llevaron adelante porque, naturalmente, ambas sensibilidades políticas estuvieron sobre todo opuestas a la acción presidencial de Pacheco.

Es así que la visión del período 1967- 1972 es muy negativa sobre Pacheco. Y lo es con pasión; con rencor incluso. Sobre todo, lo es enteramente parcializada, tanto políticamente como académicamente, en la gran mayoría de los casos. Hay, sin embargo, una destacada excepción en este sentido: el excelente libro de Chagas y Trullen, Pacheco, la trama oculta del poder.

¿Qué sabe hoy en día el país, tan alejado de aquel contexto, lo que fue por ejemplo el cotidiano de amenazas guerrilleras que sufrió Pacheco? Hace años en Búsqueda, su exesposa Angélica Klein había narrado que en un operativo se encontró en manos guerrilleras una hoja que señalaba el recorrido que hacían sus hijos para ir a la escuela, además de una foto de ellos sacada en el jardín de la residencia de Suárez; en otra ocasión, escriben Chagas y Trullen, las fuerzas policiales hallaron en un escondite tupamaro una foto de Pacheco en la que estaba afeitándose frente al espejo del baño con su torso desnudo, lo que revelaba que quien la había sacado tenía su plena confianza.

Finalmente, otro ejemplo: su hijo Jorge Pacheco Klein contó que por esos años se abortó un plan por el cual iba a ser secuestrado, "atando cabos se dieron cuenta de que en el edificio de enfrente a la casa vivían unos estudiantes de arquitectura y desde allí nos tenían bajo vigilancia".

Evidentemente, estos episodios no hacen a la valoración política de la presidencia de Pacheco. Pero la clave es también darse cuenta de que estas verdades están completamente sepultadas tras una memoria parcializada, pasional y de sensibilidad entera y visceralmente izquierdista y antipachequista.

Para comprender la presidencia de Pacheco con sus luces y sus sombras, se precisa un esfuerzo de inteligencia histórica amplia y colectiva. Infelizmente, medio siglo más tarde, todavía no parece que seamos capaces de realizarlo.

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