EDITORIAL

No me diga licenciado

Las cosas ahora cambiaron para el vicepresidente. Aunque sea difícil de creer, su lucha y su esfuerzo están concentrados en convencer a la gente de que no tiene título universitario alguno y de que en definitiva es una nueva estrategia contra la izquierda.

Sendic no entendió nada: no es la existencia o la inexistencia de su título de licenciado lo que indigna a los ciudadanos, sino el engaño o la mentira. Que la gente no lo quiere más o menos según sea un laureado especialista en genética o un torpe jugador de balero, sino que lo que valora es que se le diga la verdad y lo que molesta de sobremanera es que se la trate de engañar. Y si errado mintió una vez, que reconozca derecho viejo su falsedad, pida disculpas y, si quiere, clemencia a la hora del castigo. Nada más y nada menos.

No es recorriendo tablados en radio y televisión, con el discurso de que "esto es una estrategia contra la izquierda uruguaya", "mi gobierno no tiene corrupción", "yo no me quedo más callado", o la increíble "el error fue haber dejado que se pusiera un licenciado delante de mi nombre y personalmente lo pagué caro" que va a arreglar o mejorar su relación con la gente. Porque ninguna de esas frases es cierta, y es reincidente en el pecado del Octavo Mandamiento. Veamos:

1) "Es una estrategia contra la izquierda": ¿una estrategia de quién? ¿De los Estados Unidos? ¿De la derecha? ¿De la oposición? ¿De ciudadanos pensantes? A poco que revise antecedentes se dará cuenta que en esta "estrategia anti-Sendic" hay abundantes críticas de notorios compañeros frenteamplistas, como Danilo Astori, Darío Pérez, Juan Salgado, Esteban Valenti, que difícilmente atacarán a la izquierda por el solo hecho de ser izquierda.

Él mismo lo reconoció en Búsqueda (14 de enero de 2016): "No somos ingenuos. Lo que se ha hecho de criticarme y salir a pegarme tanto de la oposición como dentro de la fuerza política fue apuntando a la parte política… Me han pegado para bajarme políticamente, con ese objetivo en mente. Y esto es así tanto desde fuera como dentro del Frente". Amén.

2) "Mi gobierno no tiene corrupción": ojalá tenga razón el vicepresidente, pero por el momento parece más una expresión de deseo que una verdad comprobada. Olvidemos lo de Bengoa y los casinos municipales o lo de Pluna y el aval trucho, lo cierto es que hay varias denuncias ante la Justicia que actualmente están en trámite y no se sabe cómo terminarán, como las de Ancap, los negocios con Venezuela, las "inversiones" del Fondes o lo que sucede en ASSE. Mejor no andar alardeando con esa palabrita hasta conocer el final.

3) "Yo no me quedo más callado": el tema no es quedarse callado o hablar. Nadie pretende que deba permanecer en silencio cuando se tiene algo para decir. El tema es lo que se dice: si ello contribuye a esclarecer la verdad, bienvenido. Si es para sumar oscurantismo, dudas o falsear hechos, mejor no hablar.

Los cuestionamientos que se le hacen es justamente por hablar, por arrogarse —por ejemplo— un título que no tiene ("licenciado en Genética Humana en la Universidad de La Habana, Cuba; graduado con medalla de oro") o por haber sido el conductor, ideólogo o lo que sea, de la peor gestión que se conoce al frente de un ente público que costó al país —y a los ciudadanos— 800 millones de dólares, no aceptarlo y buscar echarle las culpas a otros: llámese el tipo de cambio, el subsidio al boleto o directamente a los estacioneros.

4) "El error fue haber dejado que se pusiera un licenciado delante de mi nombre": es la frutilla de la torta. ¿Haber dejado que se pusiera…? ¿Quién hace los currículos? ¿Quién los corrige? ¿Resulta ahora que por obra y gracia de un amigo (o un enemigo) se puede ser máster en física cuántica, doctor en química analítica, licenciado en genética o profesor de cachiporra... sin más trámite?

No Sendic. Alcanza con repasar internet (archivos de los diarios, semanarios y medios de comunicación) o ingresar en YouTube para ver que el vicepresidente fue interrogado en muchas ocasiones acerca de su título y sus medallas de oro (¡medallas de oro en un régimen comunista como el de Cuba! pero…) y nunca, absolutamente nunca, corrigió al entrevistador o entrevistadora y, por el contrario, se explayó en explicaciones acerca de sus "logros" estudiantiles. Si alguien, en algún momento y subrepticiamente, le puso "licenciado" delante de su nombre, tuvo tiempo de sobra para corregirlo, pero no lo hizo.

Lo peor de todo esto es que Sendic no ha entendido nada y seguirá cavando su propia fosa política (si se puede, un poquito más). No es la falta de título (tampoco lo tuvieron José Batlle y Ordóñez, ni Luis Batlle Berres, ni Wilson Ferreira ni, ya dentro de su partido, José Mujica) lo que irrita al ciudadano, es la mentira lisa y llana, sin motivo alguno y por el solo hecho de mentir.

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