EDITORIAL

La marihuana, nosotros y EE.UU.

El tema fue planteado en 2012 por el entonces presidente Mujica y fue uno de los motivos de su fama mundial como político progresista innovador: la liberalización de la producción de marihuana.

Empero, cuatro años más tarde, prácticamente no se avanzó nada en este tema, a diferencia de lo que ocurrió en Estados Unidos.

Recordemos el contexto del planteo. Mujica sacó el tema de la galera a raíz de una enorme crisis de seguridad pública en ese invierno de 2012, con el trágico asesinato del planchero de La Pasiva a manos de un menor. La liberalización del cannabis no estaba en el programa de gobierno del Frente Amplio, y el principal antecedente legislativo que tenía a mano el Ejecutivo, presentado en noviembre de 2010 por el entonces diputado Lacalle Pou en el Parlamento, fue desestimado.

Luego de decenas de debates y declaraciones, y con la parsimonia habitual de la administración Mujica para ejecutar políticas públicas, la iniciativa presidencial terminó traduciéndose en ley años más tarde. Se creó un organismo para ocuparse del cannabis al que no se le otorgó recursos presupuestales para llevar adelante su tarea. En este 2016, la idea es que a través de las farmacias se empiece a procesar la venta de marihuana, pero es sabido que la administración Vázquez no ha hecho de este asunto una de sus mayores prioridades de gobierno.

Mientras que nosotros estamos en eso, algo muy distinto ocurrió en Estados Unidos en todo este tiempo. El Estado de Colorado tiene unos 270.000 km2 y algo más de 4 millones de habitantes. En el referéndum del 6 de noviembre de 2012, que se llevó a cabo junto con la elección presidencial, una mayoría de 55% del total de sus ciudadanos decidió legalizar la posesión de una onza de marihuana (unos 28 gramos) para los adultos mayores de 21 años allí residentes.

En el correr de 2013, empezó a crecer en Colorado el sector económico vinculado a la producción de cannabis. El desarrollo fue amplio y variado: desde pólizas de seguros, pasando por abogados y agrónomos especializados, hasta expertos contables con su programa de gestión llamado Marijuana freeway. El gobierno de Colorado formó un grupo de especialistas integrado por juristas, representantes, policías, médicos y consumidores, que entregaron sus opiniones sobre temas relevantes vinculados a esta particular legalización, como ser la seguridad en el tránsito o el turismo para consumo de marihuana.

A partir del 1° de enero de 2014, en Colorado pasó a poder consumirse galletitas, cigarrillos o bebidas gaseosas, todos hechos a base de marihuana. Se calcula que para ese año, se crearon allí unos 16.000 empleos vinculados al mercado del cannabis. Gracias a este auge empresarial y económico, el presupuesto de Colorado se vio muy beneficiado, ya que el peso de los impuestos representa en el sector del cannabis en el entorno del 30%.

El año pasado Colorado recaudó 135 millones de dólares por la venta de cannabis. ¿Qué hizo el gobierno estadual con parte de ese dinero? Debía repartirlo entre sus ciudadanos, lo que hubiera reportado muy pocos dólares para cada uno. Pero tras una consulta popular en noviembre pasado, la mayoría decidió que debía de cambiarse el destino del dinero. Así, más de 66 millones de dólares de impuestos al cannabis fueron a parar a programas de construcción de escuelas y a programas de prevención contra la drogadicción en ese Estado.

Desde esa innovación en Colorado hasta nuestros días, el 86% de los estadounidenses viven en un Estado que de una forma u otra, ya sea médica, recreativa-médica o presentado sin el principio activo del THC, autoriza el uso del cannabis. El año pasado, el comercio de cannabis representó 5.400 millones de dólares, 18% más que en 2014. Se calcula que el mercado legal alcanzará una cifra de 6.700 millones de dólares este año, y de 21.800 millones para 2020, es decir prácticamente un crecimiento del 30% anual. Para noviembre próximo, con las elecciones presidenciales, millones de ciudadanos en unos 20 estados más de la federación estarán votando sobre la legalización del cannabis.

Así las cosas, el ejemplo de la primera potencia mundial es elocuente. Lejos de perderse en discursos, la decisión de 2012 abrió allí un terreno fértil para un cambio de sociedad importante. Eso sí: ni el presidente Obama ni el gobernador de Colorado andan por el mundo como Mujica, con fama de "progresistas-cool" por haber legalizado la marihuana. En vez de tanto blablablá, Estados Unidos hizo un cambio de verdad.

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