EDITORIAL

Esa loca marihuana

Todo este problema dio lugar al reciente y rocambolesco viaje a Estados Unidos del prosecretario de Presidencia junto al presidente del Banco Central, con la secreta y bananera esperanza de incidir en la legislación financiera de la primera potencia económica y militar mundial.

En agosto de 2016 nos ocupábamos aquí del por entonces proyecto del gobierno de vender marihuana en farmacias. Hoy, infelizmente, el tema sigue mostrando la enorme imprevisión y la falta de capacidad del Frente Amplio en el poder.

A la luz de las tremendas dificultades que ya mostraba la administración Vázquez para llevar a la práctica la ley de venta estatal de marihuana de la administración Mujica, concluíamos hace más de un año: "¿no será mejor para todos que el gobierno renuncie al experimento de la marihuana en las farmacias? (…) todo lleva a pensar que este proceso terminará siendo un enorme fracaso".

Desde entonces es sabido que en este 2017 la venta en algunas farmacias avanzó hasta que se dio contra el muro de la actividad bancaria. En efecto, como se había advertido oportunamente por distintos especialistas en actividades financieras, ocurrió lo esperable: los bancos se remitieron a una legislación estadounidense que fija pautas estrictas sobre estos asuntos, y que implica dejar por fuera del sistema bancario a las empresas que estén dedicadas a vender marihuana.

Todo este problema dio lugar al reciente y rocambolesco viaje a Estados Unidos del prosecretario de Presidencia junto al presidente del Banco Central, con la secreta y bananera esperanza de incidir en la legislación financiera de la primera potencia económica y militar mundial, para que allí se contemplara una excepción con el caso de la venta de marihuana en farmacias del ignoto y lejano Uruguay. Como podía concluir cualquiera que tuviera un poco de sentido común y algo de ubicación en el mundo, tal misión de ridículo objetivo retornó con las manos completamente vacías.

Así las cosas, la nueva idea de estos abnegados "marihuana´s boys" de la administración Vázquez parece salida de una simpática tenida dedicada al consumo distendido de cannabis "sweet cheese", con sus consecuentes risotadas e insólitas ocurrencias colectivas. En efecto, el Ejecutivo parece ahora decidido a habilitar nuevos establecimientos en los que solo se venderá marihuana en efectivo.

El asunto parece que será un poco más libre para estos nuevos establecimientos de lo que lo fue para las farmacias. Es cierto que el interesado en regentear uno de estos establecimientos de venta de marihuana deberá anotarse en un registro y ser consciente de que las finanzas de su local podrán ser revisadas por la secretaría antilavado. Pero en cambio, trascendió que ya no se le exigirá ser dueño de su local desde antes de la fecha de aprobación de la ley de regulación del cannabis, y que tampoco tendrá que contar con una habilitación del Ministerio de Salud como en el caso de las farmacias. Eso sí: parece que tendrá que prever una pequeña inversión, porque deberá contar con un armario amurado para guardar al menos dos kilos de cannabis separado de cualquier otro producto que quiera vender en su establecimiento, como por ejemplo tomates, cera para autos o caramelitos de dulce de leche casero.

La clave financiera de todo el proyecto es que, para sortear las dificultades que ponen los bancos, estos establecimientos no podrán tener cuentas bancarias a nombre de la empresa ni a título personal del dueño. Si al momento de pagar a sus empleados estos noveles empresarios deciden de todas formas tener una cuenta bancaria para cumplir con las imposiciones del gobierno fijadas en la ley de inclusión financiera, convendrá que también prendan velitas a algún santo cannábico para que, desde la nube, pueda ayudarles a no ser detectados por el sistema financiero.

La nueva idea del gobierno es pues fomentar nuevos establecimientos de expendio de marihuana, sin control de antigüedad del dueño, sin cuentas bancarias (o casi), manejándose lo más posible en efectivo y disimulando sus actividades. La conclusión es evidente: es lo más parecido a una boca de venta de drogas que se pueda uno imaginar. Eso sí: con la exigencia de un buen armario para guardar el porro estatal.

Mientras la izquierda acumula estas torpezas inauditas, alcanza con mirar lo que ocurre en el Estado de Colorado de Estados Unidos para darse cuenta de que las cosas se pueden hacer bien. Desde 2014 allí se pueden consumir galletitas, cigarrillos o bebidas gaseosas hechos a base de marihuana. En 2015, el Estado de Colorado recaudó 135 millones de dólares en impuestos por la venta de cannabis. En 2016, había más de 16.000 empleos vinculados al cannabis. Y todo esto ocurrió con la legalización del cannabis a fines de 2012: el mismo año en el que Mujica planteó la iniciativa aquí.

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