EDITORIAL

La liberación del MPP

El MPP plantea como soluciones a los problemas del país, aumentar impuestos, trabajar menos horas y repartir más plata a la gente sin contrapartidas. ¡Claro! ¿Cómo no se le ocurrió a nadie antes? ¿Qué podría salir mal con ese plan?

Este fin de semana tuvo lugar el congreso del MPP, grupo hoy mayoritario dentro del Frente Amplio. Con la presencia del presidente de Ecuador y de diplomáticos de países como Venezuela, Bolivia, Cuba y hasta del territorio palestino, el evento fue un concierto de denuncias delirantes, elogios a las políticas más fracasadas de la historia, y dosis intoxicantes de autobombo.

Para empezar, el congreso enarbolaba una consigna excluyente: "por la liberación nacional y el socialismo". Como para hacer derramar una lágrima de emoción a algún activista de la izquierda radical de los 60 que saliera de golpe de una cámara criogénica. Pero después de ese eslogan naftalinoso, lo que viene es todavía más sorprendente. Por ejemplo, que se hable de liberación nacional en un evento donde se invita como figuras de honor a representantes de países extranjeros con cuya realidad política no tenemos (por suerte) nada que ver. Que lo haga un sector que cuando tuvo el poder endeudó al país como nunca. Y que estuvo a punto de entregarle a una empresa minera extranjera de cuarta un porcentaje jugoso de la superficie del país, para que la convirtiera en yermo improductivo. ¡Linda idea de liberación!

Sobre el socialismo no hay mucho que decir. Está claro que los muchachos del MPP no están hablando del socialismo de Felipe González, ni del de Ricardo Lagos, ni del de Jeremy Corbyn. Acá se sigue reivindicando una visión política cuyo exponente genuino fue Chávez, y que hoy podemos ver de sobra cual es su efecto en el bienestar del pueblo y en la calidad democrática de un país. Alguien dijo hace poco que si algo tuvo de bueno el socialismo siglo XXI venezolano es dejar en claro que el fracaso económico de Cuba no tuvo nada que ver con el embargo estadounidense. Y sin embargo, hay quien lo sigue defendiendo.

Pero la cosa no quedó por ahí. El inicio del documento final de este congreso es digno de una obra de García Márquez. Se denuncia una ola "restauradora" de la derecha, del fascismo, impulsada por los medios de comunicación, que estaría generando cosas como el Brexit, Donald Trump, y hasta el crecimiento de Le Pen en Francia, generando un impulso proteccionista criminal. Esto dicho por un sector que acaba de apoyar el aumento en la tasa consular y que se ha opuesto de manera férrea a cualquier acuerdo de libre comercio que pudiera firmar el país.

El documento roza el humor negro cuando se denuncia un "cambio en el proceso productivo, con robotización, sustitución de mano de obra, una revolución 4D que aumenta brutalmente las tasas de ganancia y afecta las fuentes de trabajo". Una búsqueda en Google sobre esta terrible revolución 4D solo muestra un sistema de proyección en cines, así que será que el MPP está preocupado por las miles de fuentes de trabajo en las salas de proyección nacionales. Por lo demás, la única solución que se maneja a nivel global para contrarrestar los efectos de este proceso de robotización es cambiar exponencialmente las pautas educativas, algo a lo que el MPP se ha negado sistemáticamente. Y pese a la famosa promesa de Mujica de cambiar la educación, hoy los resultados en esa área son mucho peores que cuando tomó el gobierno.

La gran solución que ofrece este sector que, vale la pena repetirlo, es el mayoritario en el partido de gobierno, es aumentar impuestos, reducir la jornada de trabajo e implementar un ingreso básico universal para los menores de 21 años. O sea, sacarle más plata a la gente y a las empresas, gastar más y trabajar menos. ¡Claro! ¡Cómo no se le ocurrió a nadie antes! ¿Qué puede salir mal con una idea así de brillante?

Hay una cosa todavía más alarmante de todo lo que se vio en el Platense Patín Club en este evento. Y fue comprobar que si las figuras octogenarias que manejan el MPP hoy, los Mujica, los Topolanski, los Agazzi, tienen un discurso apolillado, voluntarista, hipócrita, y por momentos peligrosamente alejado de la realidad, la "renovación" generacional, solo promete agudizar estos defectos. Escuchar al diputado Sánchez y a otros insignes representantes de la nueva guardia del MPP, es como leer algún semanario de la década del 60. Ese discurso confrontativo, paranoide, de un marxismo por momentos infantil, y con reivindicaciones absurdas como que los políticos deben ser pobres y austeros. Los políticos tienen que gobernar bien, llevar al país por la senda del progreso, la modernidad y el bienestar general. Lo que hagan en su vida privada es cosa de ellos. Si esto es lo que ofrece al país el sector mayoritario del partido de gobierno, es fácil entender muchas de las cosas que están pasando en el país hoy.

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