Editorial

El juego es algo serio

Dos notas de investigación publicadas en El País del domingo pasado exponen la gravedad del desafío que representan los juegos de azar y la ludopatía. Los estudios psiquiátricos que realiza el Hospital de Clínicas estiman que por cada adicto al juego hay por lo menos cinco personas en su entorno que sufren las consecuencias de la ludopatía que se ha apoderado de la vida del adicto.

Los estudios también indican que "A diferencia de la drogadicción, en que la personas puede sufrir una intoxicación, ‘el juego no suele alarmar a la familia de inmediato’".

Es difícil estimar el monto de dinero movido por el juego. El estudio que realizó El País concluye que, el año pasado, el juego legal, incluyendo las loterías y quinielas, casinos, hipódromo y otras modalidades reguladas por el Estado, habría ascendido a por lo menos 720,9 millones de dólares. A ello debe sumarse el juego ilegal. Una estimación es que el mercado ilegal de slots mueve unos 170 millones de dólares por año que no pagan impuestos y escapa todo control.

La suma de esas dos cifras, que subestiman la magnitud del problema, da como resultado un monto anual total de 890 millones de dólares por año.

La población total de nuestro país es de aproximadamente 3,4 millones de habitantes. Lo que significa que el año pasado se jugaron, por lo menos, 260 dólares por cada uruguayo. Una suma interesante. Aunque, como la tendencia a jugar se concentra en determinados grupos de edades, el impacto del dinero "timbeado" por persona será mucho más alto.

Cerca de 60.000 uruguayos (el 2% de la población) tienen problemas con el juego y la mitad de ellos padece ludopatía. Si recordamos que por cada adicto hay cinco personas de su entorno afectadas, tendríamos que las personas que sufren, con mayor o menor intensidad, los problemas del juego llegarían a 300.000 individuos.

La nota de El País menciona que "solo por concepto de slots de casinos, Uruguay tiene una oferta de juegos para una población de nueve millones de habitantes". Si se suman "los tragamonedas barriales, las carreras de caballos y la cantidad de ingresos promedio a juegos online, es equiparable a un país de 14 millones".

En algunos casos, el incremento de un año a otro de los montos anuales apostados supera la tasa de inflación.

El 90% de las consultas por una posible ludopatía que recibe el Hospital de Clínicas corresponde a jugadores de tragamonedas.

Ahora se agregan los juegos online. Especialmente peligrosos porque, primero, penetran en el hogar; segundo son de más fácil acceso que otras modalidades; y, finalmente, son directamente accesibles por los jóvenes. Es alarmante que, como dice el artículo de El País, ya se estén detectando casos de ludopatía en menores de edad. Aunque, como explicó una persona que ingresó a la organización Jugadores Anónimos, "Hoy se mantiene una mayoría de personas adultas" —en el juego— pero se están acercando a la organización "gurises y adultos muy mayores; casi siempre los trae la familia". No es tan diferente a lo que sucede con otras adicciones.

Es bien sabido que la banca nunca pierde. Alguien gana mucho dinero con esos flujos tan importantes de dinero —legal en un caso, en negro en el otro. El Estado recauda sus buenos millones de dólares y, en cierto sentido, también corre el riesgo de convertirse en dependiente del juego.

Los expertos consideran que en la ludopatía existe un 10% de incidencia genética, un 30% de políticas públicas o incentivos al juego, y el resto es la personalidad de cada uno. Pero, la personalidad es moldeada por la educación, por las escalas de valores y los ejemplos que se adquieren en la vida y que predominan en cada sociedad. ¿Qué podemos esperar de una sociedad con un sistema de enseñanza pública en crisis y donde los juegos de azar son identificados con la diversión y el esparcimiento?

Los juegos de azar no son un pasatiempo sano y constructivo, sino una actividad peligrosa que, como sucede con todas las adicciones, puede degenerar, en forma casi imperceptible para el jugador, en una situación de total dependencia.

Ciertamente, la prohibición no es el camino más apropiado para enfrentar semejante desafío, pero las ludopatías deben ser consideradas en el mismo nivel que otras adicciones, como el al- coholismo y el tabaquismo.

Por el daño que causa al jugador, a su entorno y a la sociedad en general.

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