EDITORIAL

Las joyitas del Fondes

Alas-U fue declarada en quiebra luego de recibir US$ 15 millones y volar solo durante 10 meses. Envidrio hace un año que está parada pese a recibir US$ 11,5 millones. Son solo dos ejemplos de la solidaridad compañera-prebendaria.

Qué fácil es comprar y prender velitas (al socialismo, al progresismo o al gran rey de Borgoña) con plata ajena. Qué generoso se puede ser con el dinero de otros y ayudar a compañeros de partido (en su mayoría por lo menos) que están al frente de las empresas beneficiadas. El único problema es que llega un momento en que se acaba, hay que rendir cuentas y reponerlo. Eso ha sido y es el Fondo Nacional de Desarrollo (Fondes), que ya lleva enterrados unos US$ 70 millones aportados por los contribuyentes, esa gente que paga los impuestos y soporta estoica las tarifas políticas para financiar el tesoro del gobierno.

Los últimos episodios conocidos de las aventuras de esta fábrica de velitas (al precio de joyitas) se encuadran perfectamente en lo que ha sido la tónica del Fondes. Hace pocos días se conoció la quiebra de Alas-U, la compañía aérea integrada por exfuncionarios de Pluna que comenzó a volar el 21 de enero de 2016 y dejó de hacerlo el 25 de octubre del mismo año. Solo diez meses de vida en base a un "préstamo" de US$ 15 millones (a los que habría que sumarles otros US$ 10 millones por el seguro de paro desde 2012 a 2015), que se sabía desde siempre que era una apuesta inviable y ahora está reconfirmado y con declaración de concurso (quiebra). Con un agravante: no solo desapareció ese dinero sino que sumaron otros rubros más de deudas hasta trepar a US$ 22 millones, porque en su breve camino quedaron de paso la Dirección General Impositiva, la Dirección Nacional de Aviación Civil, el Banco de Previsión Social y algunas empresas privadas. Se estima que el patrimonio para hacer efectiva esa suma solo llega a 450 mil dólares. Sí señor, se prestaron US$ 15 millones contra una garantía de US$ 450.000.

La otra empresa financiada por la generosa billetera del Fondes que está en serias dificultades es Envidrio, cooperativa formada en 2005 por extrabajadores de Cristalerías del Uruguay. Está parada desde octubre de 2016 y sus 120 funcionarios están en seguro de paro. Esta empresa obtuvo dos préstamos en etapas sucesivas y aspira a un tercero. El primero fue de US$ 5,5 millones en 2012, tras presentar al Fondes un proyecto para una nueva fábrica que explotaría junto a una firma estatal venezolana (Venvidrio), dueña del 50% de la empresa, que aportaría US$ 14,5 millones.

Con la excusa de que en enero de 2014 Envidrio aún no había recibido el dinero de Venezuela, presentó una nueva solicitud de préstamo al Fondes, que le fue otorgado. La deuda trepó a US$ 11,5 millones. Según explicó el diputado Rodrigo Goñi, uno de los denunciantes ante la Justicia junto a Gonzalo Mujica y Jaime Trobo, "la empresa estatal venezolana puso toda la plata comprometida (US$ 14,5 millones), pero nunca se le pagaron al Fondes los US$ 6 millones que se prestaron en 2014". No obstante, presentó un pedido para un nuevo préstamo por US$ 6 millones, como si nada hubiera pasado. Y recibió la solidaridad y apoyo de la bancada de diputados del Frente Amplio.

El problema no es pedir; pedir se puede hacer, por más disparatado que parezca a primera vista, porque es gratis. No obliga a nadie ni a nada. La cuestión está en conceder o no, lo que se solicita, se reclama o se exige. La verdadera responsabilidad no es de quien pide, sino de quien toma la decisión final de aceptar ese planteo, darlo por bueno y junto a ello otorgar el crédito. Y cuando se trata de dineros públicos, aportados por el contribuyente de su propio trabajo, se debe ser mucho más exigente. La viabilidad de la propuesta, la forma de financiación y, sobre todo, qué garantías existen para asegurar el reembolso. Porque no es plata propia, es plata ajena.

Lo que se dilapidó en Alas-U o lo que pueda costar Envidrio o lo que ya se perdió en las correrías del Fondes (las velitas que se prendieron), son bastante bien conocidas. Pero, ¿quién se hace responsable por los recursos de los ciudadanos uruguayos que se prestaron y no volvieron a ingresar? El Fondes es un organismo que despilfarra y malgasta dinero. Setenta millones de dólares es una cantidad importante como para mirar hacia el costado. ¿Quién o quiénes autorizaron esas operaciones? ¿En qué informes técnicos se basaron?

Es cierto que el tema se encuentra a estudio de la Justicia. Pero antes de las responsabilidades penales que puedan caber, hay responsabilidades políticas. Y como ya pasó con Pluna o con Ancap, todo el Frente Amplio está detrás de estas operaciones. Algunos por acción y otros muchos por omisión o un mal entendido compañerismo que daña seriamente la ética de gobierno de un partido político, que ya está bastante dañada.

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