Editorial

Joselo, el Pit-Cnt y los DD.HH.

Nuestras organizaciones sociales y sindicales de izquierda siempre hicieron del respeto por los derechos humanos un tema político importante. En estos 30 años de democracia, no hubo acto ni reivindicación relevante del Pit-Cnt que no haya incluido por una vía u otra este reclamo.

Una de las certeras críticas que siempre se hizo a estas reivindicaciones sociales y políticas fue su profunda parcialidad. El asunto es conocido por todos: siempre los planteos acerca de situaciones de violaciones a los derechos humanos fueron sesgados. En lo internacional por ejemplo, jamás hicieron mención a regímenes comunistas que violaran los derechos humanos, como es el caso por ejemplo de la dictadura cubana, incluso hoy en día. En lo nacional, jamás se denunció la violación de los derechos humanos de los años 60 y 70 por parte de la guerrilla tupamara, que destrozó a una de las mejores democracias del mundo por aquellos años como era la nuestra.

A pesar de esa notoria parcialidad, había algo que podía respetarse por genuino, en los planteos de estas organizaciones izquierdistas. Ya sea, por ejemplo, para denunciar las violaciones a los derechos humanos en el Chile de Pinochet de los 80; o para recordar las miserias y torturas que sufrió la inmensa mayoría de los presos políticos durante la dictadura en nuestro país o criticar la situación de los presos en la base estadounidense de Guantánamo en estos años. En todos los casos, cualquiera podía reconocer que esos reclamos reconocían dolorosas, injustas e innegables realidades.

Pero el problema que tiene la izquierda hoy, es distinto y más grave que esa notoria parcialidad histórica tan parecida a la mala fe intelectual con la que, infelizmente, nos hemos acostumbrado a convivir en el debate público. El problema es que hace años que esta izquierda frenteamplista y sindical ejerce el poder y desde sus lugares de responsabilidad, acepta que se violen los derechos humanos, sin grandes sanciones ni remordimientos y más allá de floridos discursos políticamente correctos.

Hace muchos años que en nuestro país se conocen denuncias de organizaciones internacionales que señalan cómo se violan los derechos humanos de los presos y sobre todo, de los adolescentes privados de libertad en el Sirpa. Nadie entonces, puede mirar para otro lado. Nadie puede decir que no sabía. Se trata del Uruguay actual, no el de los lejanos años 70.

En estos días, un video que todo el mundo pudo ver por medios de prensa y redes sociales, dejó en evidencia que un importante dirigente del Pit-Cnt que proviene del poderoso sindicato de funcionarios estatales COFE, asistió pasivamente a una brutal golpiza contra adolescentes en dependencias del Sirpa. Luego, además, ese dirigente justificó ese proceder, a pesar de ser un abuso que, evidentemente, viola los derechos humanos de esos adolescentes. Y luego, COFE defendió a este señor José Lorenzo López. Su posición ha sido la de no pedir su renuncia en el ejecutivo del Pit-Cnt, y también dejó en claro que no está en juego su cargo como presidente del sindicato del INAU.

¿Qué hizo el Pit-Cnt frente a todo esto? ¿Exigió una renuncia indeclinable? ¿Expulsó a su vicepresidente López por asistir pasivamente y justificar luego estos abusos? No. Su secretariado ejecutivo decidió el martes que López quede al margen de los organismos de dirección hasta tanto se tenga la resolución de una investigación que la misma central llevará adelante. El movimiento sindical, el mismo que no ha perdido oportunidad de reclamar por las violaciones a los derechos humanos para los tiempos de dictadura, no asume que López, en todos estos años, ha sido el principal dirigente sindical de una dependencia del Estado sobre la que se acumulan denuncias por violaciones a los derechos humanos. Lo cuida. Lo resguarda. Lo protege en el mientras tanto de una investigación sobre un episodio que todo el mundo ya vio en un video hecho público, y que no es una excepción sino que ilustra un tipo de proceder común y muchas veces anteriormente denunciado.

La principal dirigencia sindical del país manda así un mensaje de respaldo a la impunidad de la patota. La reivindicación por los derechos humanos es siempre sobre tiempos pasados (y solo en ciertos casos). Para exigir el respeto de los derechos humanos de hoy, según el Pit-Cnt, se debe esperar. Mientras tanto nadie renuncia. Alcanza con una licencia por 30 días, porque "Joselo" López es un compañero al que hay que cuidar. Que demostración más clara de que los derechos humanos han sido y son retórica e instrumento político.

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