EDITORIAL

La inseguridad y los números

Son tan pocas las esperanzas de que denunciar sirva para algo, que ya ni siquiera cuando le han roto los vidrios de su casa, le han arrancado las rejas y metido dentro de la propiedad llevándose lo que se les antoja, los damnificados a menudo ni siquiera acuden a la policía.

Como sabemos, las costumbres en una sociedad con el paso de los años sufren cambios. Unos son de índole más profunda, otros más livianos. Al producirse de forma más o menos paulatina, la percepción de esas transformaciones es relativa. A diferencia de otras épocas, hoy ya se ve como normal, que los jardines, las casas, los comercios, todo esté enrejado. O que en las esquinas aparezcan las casetas de los guardias contratados por el vecindario. Antes podía ser que si se le habían ido con la manguera del jardín no se fuera a hacer la denuncia, pero por cualquier otro robo, a nadie se le ocurría no ir a la comisaría a denunciar.

Sin embargo, luego se hicieron tan comunes los vandalismos en los automóviles, la sustracción de las radios, de los pasacasette, cualquier bolso o paquete guardado en el baúl, que ante la falta de resultados muchas personas empezaron a no acudir a la policía. Hoy en día es tan grande el desencanto, tan pocas las esperanzas de que denunciar sirva para algo más que para perder tiempo, que ya ni siquiera cuando le han roto los vidrios de su casa, le han arrancado las rejas y se le han metido dentro de la propiedad, llevándose los chorros lo que se les antojó, los damnificados a menudo ni siquiera acuden a la policía. Intuyen que será una gestión inútil.

Pero el asunto no pasa solo porque la gente no denuncie, sino que cuando lo hace se puede encontrar con situaciones como las de una de las tantas mujeres a la que le arrebataron la cartera. Precavidamente, dados los tiempos que corren, no tenía nada de valor. Pero hete aquí que quiso renovar su tarjeta del supermercado. Una vez avisada en el comercio de que para recibir un nuevo plástico debía traer la constancia de la denuncia, se dirigió a la comisaría más cercana. Allí la escucharon y luego le entregaron el dichoso papelito, pero ¡oh!, sorpresa, bajo el rótulo de "extravío". Por más que protestó, insistiendo que no había sido extraviada, sino rapiñada, así fue como quedó registrado el incidente. Frente a ello surgen interrogantes varios tales como de que manera se habrá registrado la muerte de otra señora unas semanas atrás, de apellido Stewart, la cual tras ser arrastrada por la calle para arrancarle la cartera que colgaba cruzada sobre su pecho, quedó tan gravemente golpeada que un día o dos después murió en el sanatorio. ¿Fallecida por traumatismo? ¿Accidente? ¿Homicidio?

Entonces, en el tema seguridad del que justamente esta semana el Ministro del Interior se mostrara tan satisfecho, porque de acuerdo a la medición que lleva su cartera el delito ha bajado en homicidios, rapiñas y hurtos, cabe preguntarse por qué no se nota más satisfacción ante semejante buena noticia, a nivel de la ciudadanía. Por qué una expresión de escepticismo campea entre buena parte de la gente. ¿Será porque solo los habitantes de unos pocos barrios que representan un 8% del territorio de Montevideo (unas 360.000 personas) han sido beneficiadas por el Programa de Alta Dedicación (PADO) que según Bonomi ha dado tan buenos resultados, desde que comenzó su implementación en abril del 2016? ¿O se deberá a que las cifras no resultan creíbles, desde el momento en que no se observa, como en otros países serios, una constancia en la información y la metodología?

A modo ilustrativo, la página web del Departamento de Policía de Nueva York se puede visitar y allí se verá actualizada cada lunes la evolución de los delitos. Plasmados en forma ordenada, criteriosa y constante, los informes semana a semana, mes a mes y año a año.

En cambio aquí, la impresión es que las estadísticas se brindan de manera antojadiza, arbitraria, informando cuando les parece oportuno, usando cifras que les parecen convenientes o cambiando de criterio. Acorde a tiempos políticos, queriendo demostrar que se cumplirá con la promesa de Vázquez de reducir la delincuencia en un 30%. Por algo Rafael Paternain, exdirector del Observatorio de Criminalidad del Ministerio, renunció por estar en desacuerdo en cómo se manejaban las cifras. Y el mismo Bonomi, en un rapto de sinceridad le dijo a Búsqueda el 30 de junio de 2015, que el Observatorio tenía "problemas metodológicos" que impiden llegar a "conclusiones correctas". Anunció que pretendía revisar esto y conformar un Observatorio con la colaboración de la Udelar para operar por fuera del Ministerio, invitando también a participar a la SCJ y el INE. Pero que se sepa, nada sucedió. Y para colmo, la sangrienta ironía fue que al mismo tiempo en que Bonomi se ufanaba con sus buenas noticias, un joven y apreciado policía moría en Malvín por los balazos de unos criminales que intentaron robarle el auto.

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