EDITORIAL

Los impuestos de la Rendición

Empresas que cierran sus puertas y fuentes de trabajo perdidas. La carga fiscal que el Estado impone para aplicar la doctrina frentista del clientelismo pasa implacable su factura. En el gobierno, Astori y el MPP vuelven a chocar en un enfrentamiento de final repetido.

Resulta tremendamente atractiva una promesa electoral que asegure que no se van a aumentar los impuestos durante un periodo de gobierno. A la hora de depositar el voto que elige un camino para los próximos años, ese anuncio golpea fuerte: es un argumento decisivo para volcar la preferencia. Hay una palabra empeñada de un partido y de sus principales dirigentes. Pero, ¿será que eso es garantía de cumplimiento o todo vale para ganar una elección y las palabras de un candidato a Presidente carecen de valor alguno?

El tema de la Rendición de Cuentas y sus "ajustes" tienen nuevamente enfrentados al MPP de Mujica y el sector del ministro Astori. No se trata de una discusión por mantener la solemne promesa electoral, sino simplemente de cómo incumplir la palabra echando la culpa al otro, aunque —¡oh incongruencia política!— todos son del mismo partido que gobierna al país desde el 2005. Astori tiró una bombita en Búsqueda y se armó el lío: "El gobierno anterior culminó con un déficit fiscal en ascenso". Se adelantaron "los tiempos electorales y muchas veces queriendo obtener ventajas desde el punto de vista político, electoral, partidario, sectorial o personal se toman decisiones que perjudican al país".

No hay dudas de que lo que dijo es cierto. Pero ¿no era él acaso el Vicepresidente de la República? ¿No era él acaso el jefe del equipo económico? ¿Se la jopeaban en forma permanente? Cuesta admitirlo y además quedaría peor parado.

La verdad es que todo fue mentira y a los que sí engañaron fue a la gente (con premeditación y alevosía) que ya de entrada —como para que se vaya acostumbrando— le encajaron un aumento de impuestos y tarifas, y ahora deberá prepararse para otro más programado también con premeditación y alevosía. Dos platos de impuestos, aunque desde el gobierno se habla de una Rendición de Cuentas "austera"

Pero los que están contentos con la posibilidad de mayor carga impositiva son los dirigentes del Pit-Cnt, siempre y cuando la paguen otros. Así hablan de multiplicar el impuesto al patrimonio, gravar a las herencias, terminar con las exoneraciones fiscales a la inversión (aunque genere puestos de trabajo) y a la educación privada, y recurrir a las reservas internacionales para todo lo que se le ocurra al exministro Olesker que hoy reporta como su asesor. Puede sonar muy progresista (o muy demagógico) el planteo, pero a modo de ejemplo podríamos decir que el patrimonio es el conjunto del ahorro de ingresos que una persona realiza a lo largo del tiempo, luego de pagar (sí, pagar) gastos de consumo y de impuestos. Un dato curioso: el impuesto al patrimonio, además, se había prometido eliminar tras la aplicación del IRPF. Parafraseando al español José Zorrilla podríamos decir que "los impuestos que vos matáis, gozan de muy buena salud".

Afortunadamente el cambio del mapa político en el Parlamento abre una cuota de razonabilidad y esperanza en lo que pueda salir de esta Rendición. De la mano del diputado independiente Gonzalo Mujica comenzó a reunirse la oposición para estructurar una acción conjunta y enviar una señal de que "se puede conseguir una mayoría fuera del gobierno". La reunión vino con el anuncio de que en la oposición prácticamente hay unanimidad de no votar más impuestos.

Si el gobierno está necesitado de Caja, y lo está, parece hora de empezar con recortes de gastos inflados y no recurrir al simplismo de meter la mano en el bolsillo del contribuyente. El déficit fenomenal que dejó la administración Mujica fue consecuencia del aumento desmedido del gasto y parece de orden ajustarlo. En eso Astori tiene razón, pero mientras tanto se cierran empresas y se pierden fuentes de trabajo por la asfixia fiscal.

Si, en cambio, el oficialismo sigue la carrera en curso por quién es más demagógico entre los comunistas, el MPP, Constanza Moreira y los muchachos de Olesker, vamos a transitar caminos muy complejos.

El ministro de Economía es perfectamente consciente de esta situación; el problema es que su garantía de que las cosas se van a hacer bien no tiene valor alguno. Ha transado tantas veces con los radicales que su opinión poco importa o, en realidad, casi que es una confirmación de que el gobierno terminará haciendo precisamente lo contrario.

La oposición, si se arma, puede definir la cuestión y allí están cifradas las esperanzas. De lo contrario será más de lo mismo y en ese caso no se puede ser optimista. Solo con giras presidenciales y anuncios grandilocuentes no avanzamos mucho.

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