EDITORIAL

Hay que escribir otras páginas

Es hora de escribir otras páginas y no de aceptar sumisamente el método político de dar vuelta todas aquellas que la corrupción y la improvisación han venido escribiendo de manera vergonzosa.

Que difícil se hace escuchar las palabras del Presidente Vázquez sin reaccionar por lo menos con perplejidad ciudadana. Sus declaraciones son contradictorias, forzadas y de un tenor político partidario alimentado con el único fin de dar "vuelta la página" a un vergonzante proceso que involucró a todo el Frente Amplio. Una vez más, los grupos enfrentados del partido de gobierno laudaron transitoriamen-te sus diferencias en un diálogo mantenido entre el Presidente y el actual senador Mujica. Una crisis política que se quiere ocultar, centrada en las desviaciones legales e inconductas del Sr. Sendic en su gestión como Presidente de Ancap agregadas a su manifiesta incompetencia para ejercer el cargo de Vicepresidente y Presidente del Senado. Con el agravante de que el escándalo de un episodio se utiliza también para "tapar" muchos otros conocidos por todos y que se prefiere disimular para preservar variadas aspiraciones electorales.

Esto explica por qué luego de la resolución del comité de ética del Fren- te Amplio, el plenario no tomo deci-sión alguna y terminó aceptando la renuncia de Sendic por "motivos personales".

La corrupción es una mancha de humedad que se extiende en toda la casa del Frente Amplio y la frase de que esa fuerza política "podría meter la pata pero nunca la mano en la lata" ha quedado como tantas otras en el camino, mientras el esclarecimiento de los hechos queda reducido a la necesaria actuación de una Justicia que debe defender con firmeza su independencia.

En el período anterior se procesó al Ministro de Economía y al Presidente del Banco de la República y la respuesta partidaria fue, como es ahora, elogiar a los procesados e incentivarlos a continuar su actividad política como si lo sucedido fuera un error de "compañeros".

Es importante reflexionar sobre todos estos hechos porque si bien son históricos no deben ser vistos desde una fotografía que resalta lo anecdótico, sino desde la existencia de una invisible relación de elementos que vienen del pasado, se manifiestan en todos los ámbitos del Estado y que se definen como lo que se ha dado en llamar el actual "estado de las cosas".

Nos encontramos en una angustiosa "asfixia cultural" construida desde la chabacanería, la frase hecha y lo superficial. Que tiene como protagonistas centrales a dos gobernantes: el Sr. Mujica, un experto en trivializar los hechos graves de los que participó como Presidente antes y ahora, y el Sr. Presidente Vázquez, que ha decido barrer debajo de la alfombra sin ejercer la rectoría moral que su investidura le exige.

Nos debemos una reflexión profunda sobre la forma en que un país debe ser gobernado, qué valores están comprometidos y de qué forma la competencia política se preocupa en ofrecer a la ciudadanía instituciones más sólidas y gobernantes mejor preparados y respetuosos de la Constitución y la ley.

Mientras tanto, el pueblo seguirá viendo y escuchando las noticias desde su casa, aumentando su incredulidad, refunfuñando, sin definir un criterio crítico, y resignado a que la delirante demagogia los condene a ver a sus hijos como "buenos para nada", con el riesgo de que puedan sumarse hasta por aburrimiento, a cualquier "célula" que los entusiasme a participar en expresiones antisistema, sin descartar la violencia.

No es dando vuelta la página que se cambia una sociedad en declinación. Es escribiendo otra que comience a eliminar a los "operadores políticos" que trafican con sus nombres, su adulonería y su mediocridad para después terminar "premiados" como jerarcas públicos y ser luego despedidos con elogios sin que nadie se haga responsable de sus "desaguisados".

El gobierno está en el "banquillo de los acusados"; pero no es suficiente resaltar sus responsabilidades; las demás fuerzas políticas deben plantear alternativas que no respondan solo a la desilusión de la ciudadanía sino que sean el punto de inflexión para rescatar para la democracia, la eficiencia y la transparencia. Los dos elementos que el Frente Amplio ha comprometido y que pretende camuflar para mantener el poder como principal objetivo.

Es hora de escribir otras páginas y no de aceptar sumisamente el método político de dar vuelta todas aquellas que la corrupción y la improvisación han venido escribiendo de manera vergonzosa.

La oposición tiene esa obligación y desafío.

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