EDITORIAL

El gobierno en punto muerto

No hay cómo justificar, desde una visión que vele por el verdadero interés nacional, el rechazo del presidente a la generosa oferta de Luis Lacalle Pou para aprobar el TLC con Chile, lo cual es una medida eminentemente positiva para el Uruguay.

Las noticias que se suceden en las últimas semanas confirman la percepción generalizada y acertada de que el gobierno está en punto muerto, sin iniciativa y sin agenda. Al reconocimiento del Ministro de Economía que el principal tema en que están ocupados es la inclusión financiera, tema baladí si lo hay para la calidad de vida de los uruguayos, se suma el del presidente Váz-quez que tiene vergüenza cuando se encuentra con la presidenta Bachelet porque no logra concretar el tratado de libre comercio con Chile.

Es cierto que se puede argumentar que el actual gobierno recibió una pesada herencia del anterior, lo que naturalmente no puede confesar. Al caso Ancap, que empieza a avanzar en la justicia y promete revelar las verdaderas razones de su quiebre virtual gracias a las desastrosas "gestiones" de Daniel Martínez y Raúl Sendic, se sumaron por estos días nuevas noticias del agujero negro que resultó el Fondes. No solo está comprobado que se le prestaron sumas millonarias en dólares a empresarios amigos, no a cooperativas de trabajadores prendiendo una vela al socialismo como nos quisieron hacer creer, sino que además casi todo lo que se prestó es irrecuperable, como era obvio desde un comienzo.

El caso de Envidrio, como el de Alur, entre varios otros, demuestra el desprecio al contribuyente uruguayo que financió amiguismo (o cosas peores) otorgando préstamos con dineros públicos que se sabía no iban a recuperarse, como anunciaron todos los analistas independientes con un mínimo de criterio. La justicia también tendrá que investigar este derroche clientelista que es una bofetada a todos los uruguayos y en especial a los que aún sufren necesidades, que son más de un millón según el propio estudio oficial basado en el método de las necesidades básicas insatisfechas.

Pero todo este lastre provocado por los mismos protagonistas de las tres administraciones frentistas no explica el estado anémico de la actual adminis- tración. No existe avance en un solo tema importante para el país y cuan- do existe alguien que quiere avanzar, como el Canciller, por ejemplo, en materia de política exterior, son sus propios compañeros quienes le ponen un palo en la rueda.

El tratado de libre comercio con Chile, firmado hace ya 2 años por el presidente Vázquez, fue una buena señal en materia de política exterior. Aunque en los hechos implicaba un avance relativo dados los acuerdos que ya estaban vigentes con el país trasandino, parecía demostrar una intención aperturista por parte de la tercera administración frenteamplista.

Sin embargo, como con otras iniciativas que buscaron mejorar nuestra inserción en el mundo, terminó naufragando y hoy duerme la siesta de los justos en el Parlamento, con la oposición de los sectores mayoritarios del partido de gobierno. El tratado con Chile e incluso la política exterior en su conjunto, no es la excepción.

El Frente Amplio tiene el impulso y su freno dentro de sí mismo y el freno siempre termina ganando, lo que da una perspectiva razonable lo que ocurrirá en este caso.

Este bloqueo que sufre el gobierno se observa también en materia de salud, donde el presidente ni siquiera logró remover a funcionarios impresentables. En seguridad pública, donde el ministro Bonomi no da pie en bola pero está más firme que la casa del tercer chanchito. En materia de vivienda, donde no hay ninguna concreción; en materia de políticas sociales, cuyo fracaso se evidencia en los numerosos asentamientos en los que viven miles de compatriotas, entre muchos otros temas. El factor común es el inmovilismo, porque el gobierno termina siendo rehén de las fuerzas más retrógradas y conservadores que existen en nuestra sociedad, que están en el mismo seno del partido de gobierno.

No hay forma de negarlo o de no verlo porque es un hecho: el gobierno está en punto muerto, y el principal responsable es el mismo presidente de la República, porque es él mismo quien acepta ser prisionero de la interna de su partido al rechazar los votos de la oposición para avanzar en medidas que apoya más de la mitad del país.

No hay cómo justificar, desde una visión que vele por el verdadero interés nacional, el rechazo del presidente a la generosa oferta de Luis Lacalle Pou para aprobar el TLC con Chile, lo cual es una medida eminentemente positiva para el Uruguay.

Lamentablemente, ya nada se puede esperar del actual gobierno, está terminado hace rato y el simulacro pirotécnico para disimularlo resulta a esta altura patético.

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