Editorial

El gobierno en su encrucijada

El habitual clima de conflictos que sufre el país en el primer año de todo gobierno cuando se decide el presupuesto quinquenal se ha visto exacerbado primero, por la actitud inédita de los sindicatos de la educación de dejar al país sin clases durante una semana y luego por el decreto de esencialidad del Poder Ejecutivo.

En medio del conflicto, casi desapercibido, quedo el anuncio trunco de la presentación presupuestal del lunes. El presidente Vázquez había declarado que ese día se presentaría el presupuesto, sin embargo, solo hubo unos titulares sobre el aumento del gasto para los próximos dos años sin mayores detalles.

Así como el decreto de la esencialidad desató la ira de los sindicatos e importantes manifestaciones en el día de ayer en la Piedra Alta, en Florida, en el marco de la celebración de la Declaratoria de la Independencia, las respuestas al telegrama presupuestal fue más discreta pero igualmente importante. El coordinador de la bancada de senadores oficialista Ernesto Agazzi declaró que se recibía la propuesta del Ejecutivo y que ahora comenzaba el trabajo del Parlamento, un panorama bien diferente al primer gobierno de Vázquez, en que todo lo que venía de Plaza Independencia se votaba sin chistar con mano de yeso.

El gobierno, a pesar de que intenta dar señales de decisión y mando no termina de dar pie con bola. A las marchas y contramarchas de los últimos meses, se suman las señales contradictorias entre austeridad y aumento de gasto y entre diálogo sindical y la primera declaración de esencialidad en la educación desde la recuperación democrática.

Las últimas iniciativas han derivado además, en pasos en falso indisimulables. El plan de inversiones que quiso cortar el clima de pesimismo sobre la economía que el propio gobierno había instalado, terminó siendo contraproducente ya que fue un chasquibum cuando se prometía la noche de las luces. La inversión real es menor a la del gobierno anterior, lo que despertó más alarmas y generó mayor incertidumbre.

La presentación del presupuesto a la bancada de gobierno fue otro bluff. No hubo documento ni cifras más allá de aspectos generales. No hay nueva fecha de presentación del presupuesto y sus informes correspondientes y no quedó clara la razón de su aplazamiento. De todas formas no habrá que esperar muchos días, porque el plazo legal vence el próximo lunes, pero es una nueva desprolijidad que marca otro desliz innecesario producto de errores tontos del propio gobierno.

Si a eso le sumamos el permanente cruce de declaraciones entre dirigentes, operadores políticos y amigos del presidente (en estas dos categorías entran solamente Esteban Valenti y Juan Salgado, respectivamente), la comisión investigadora de Ancap que amenaza con manchar seriamente a Raúl Sendic y Daniel Martínez y la situación de acefalía en el Frente Amplio producida por la renuncia obligada de Mónica Xavier, se puede apreciar que el panorama luce extremadamente complicado para el gobierno.

La mujiquización que acusa la administración Vázquez es llamativa, dado el don de orden y de mando que supo ejercer en su primer gobierno. Es claro que la correlación de fuerzas internas es diferente, pero también es notorio que el presidente de hace 10 años no es el mismo de ahora y eso sus rivales dentro del Frente, atrincherados en el Parlamento, lo saben y lo van a usar más temprano que tarde.

En una semana marcada además por una economía muy convulsionada que golpeará a nuestro país, que ya se encuentra en una desaceleración que se acentúa, la falta de certidumbre que trasmite el gobierno es tremendamente preocupante.

"Llevo certezas" rezaba un pegotín utilizado por el Frente Amplio el año pasado en la campaña electoral. Pues si las llevaba se perdieron por el camino porque el gobierno no está cumpliendo con una de sus funciones medulares que es reducir el riesgo y la incertidumbre que provienen de los avatares políticos y económicos.

Es hora de que Vázquez tome el timón del gobierno con energía y quizá el decreto de esencialidad sea una demostración de que está pensando en eso. Debe fijar un rumbo concreto en los temas relevantes, como en la discusión del TISA, en la inexistente y prioritaria reforma educativa, en la inseguridad que alcanza niveles intolerables o en una impostergable apertura comercial al mundo. Es hora de que aparezcan las certezas porque de lo contrario, lento y a la uruguaya, empezarán a aumentar los decibeles del descontento que ya se hace sentir.

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