EDITORIAL

Gobernar no es anunciar

Este gobierno, continuador de los dos anteriores del mismo partido, no tiene entonces, ninguna credibilidad a la hora de realizar nuevos vaticinios. Con los viejos ya tenemos suficientes.

Si hay que reconocer una constante que marca una línea de coherencia en los gobiernos del Frente Amplio es la batería de anuncios, planes y programas que se lanzan con bombos y platillos todas las semanas. Cuando no es un plan integral en alguna área de la salud, es un plan director de limpieza para Montevideo, un nuevo programa social o alguna obra pública relevante.

Quien se guíe por los proclamados concluirá que hemos dado un espectacular salto hacia adelante en estos últimos años, lo que, lamentablemente, como sabe el amable lector, no es cierto.

La panoplia de anuncios ha terminado, una y otra vez, en la nada misma. Basta un somero repaso para aquilatar que para el Frente Amplio el anuncio constante sin correlato en la realidad es una estrategia vital, casi podría decirse un modus operandi. Apelando a la memoria corta de los uruguayos, se suceden los anuncios, muchas veces incluso exactamente el mismo, año tras año con cara de piedra y sin el menor escozor. Mientras tanto, los problemas de los uruguayos esperan, con resignación cristiana la renovada promesa de cumplimiento postergado.

Debe reconocerse a la intendencia de Montevideo el rol pionero, casi de banco de pruebas de esta estrategia frentista. Desde las promesas de Vázquez de eliminar los basurales, que todavía se multiplican y en muchos barrios son endémicos en cada esquina alrededor de un contenedor que no da abasto. Los siguientes intendentes, incluyendo a Ana Olivera que una vez por año prometía que el problema se solucionaría en 6 meses y el actual Daniel Martínez que sigue prometiendo que el problema se va a solucionar en breve, siguieron la misma línea de conducta. ¿En qué está hoy el asunto? Ahora podemos estar tranquilos, el intendente prometió que se va a solucionar el año que viene, ¿por qué no creerle?

A nivel del gobierno nacional ha ocurrido lo mismo. Desde los anuncios de obra pública por participación público-privada, la reparación de carreteras en mal estado (algunas que en tramos enteros virtualmente han desaparecido incluso) o las grandes obras de infraestructura, brillan por su ausencia. Luego de un período de bonanza espectacular en la historia del país, tres administraciones frentistas culminarán sin que se haya construido una sola obra importante.

Un capítulo aparte lo tienen las ampulosas profecías de inversiones vinculadas a la explotación de recursos. Se suceden los anuncios de hallazgos de petróleo en territorio nacional que son desmentidos a los pocos días. Con cada novedad el presidente de la República, la ministra de Industria o el presidente de Ancap aparecen en los medios exultantes, comentando la noticia que ocupa titulares y numerosos minutos en las radios y los canales de televisión. Unos días después todo queda en nada y la vida continúa como si nada hubiera pasado.

Lo mismo sucedió con el puerto de aguas profundas. Quizá el lector memorioso recuerde incluso, al expresidente Mujica mostrándole un mapa de Rocha al presidente ruso Vladimir Putin para explicarle dónde iba a estar el puerto. Luego de derrochar recursos del Estado y tiempo en la idea todo quedó en nada, sorpresivamente. Igual ocurrió con la inversión minera de Aratirí, múltiples anuncios sobre su localización, monto de la inversión, condiciones de explotación, meses de exposición pública de jerarcas del gobierno y vuelta a la nada.

Algo similar ocurre con la segunda planta de celulosa de UPM. Como desesperados porque no tienen otra cosa para vocear, todas las semanas el propio presidente de la República viene diciendo que el acuerdo está cerrado.

Eso no quita que luego sea desmentido por la propia empresa. De hecho, en el mejor de los casos, UPM se tomará unos dos años más para decidir la inversión, algo que ha declarado públicamente, pero eso no impide que los jerarcas públicos sigan manteniendo el tema en los medios como si fuera algo inminente.

Existen otros numerosos casos para citar, pero con los mencionados basta. Mucho ruido y pocas nueces, un anuncio atrás del otro y ninguna concreción real para el país.

Este gobierno, continuador de los dos anteriores del mismo partido, no tiene entonces, ninguna credibilidad a la hora de realizar nuevos vaticinios. Con los viejos ya tenemos suficientes. No otra cosa podría esperarse de quienes inauguraron con gran alharaca, el ridículo tren de los pueblos libres que fue otro fiasco espectacular.

Gobernar no es anunciar lo que no se va a hacer. Es tener una agenda y llevarla adelante, y el Frente Amplio no la tiene y sí una incapacidad tremenda para hacer cualquier cosa, anunciada o no.

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