EDITORIAL

El gasoil más caro

Encareciéndose toda la actividad económica uruguaya, obligada a sustentar vía impuestos definidos y encubiertos (tarifas) no solo las millonarias pérdidas de un ente monopólico como Ancap, (US$ 800 millones) sino a todo el resto del costoso e ineficaz Estado.

El viernes 7, desde el Ejecutivo llegó la siguiente noticia: a raíz del acuerdo firmado a principios de año entre el gobierno nacional, los productores y refinadores, el gasoil debía bajar 1,8%. Sin embargo, por la caída del precio, el recorte terminará siendo de 2,6%. La baja en el gasoil favorecerá a productores y contratistas agrícolas responsables estos últimos, de recolectar más del 75% de la cosecha, a quienes este insumo les representa el 23% de sus costos.

Como cantaba el inefable Frank Sinatra, "it is too good to be true..." (demasiado bueno para ser verdad) los productores uruguayos dirán lo mismo y con razón, lamentablemente. Porque el ahorro que le significará al sector, de $ 894 millones según el informe elaborado por el Equipo de Investigaciones Económicas de la Bolsa de Rosario, es una buena nueva para la producción granelera argentina, no la nuestra. Y ha sido el Ministro de Energía Juan José Aranguren, quien la ha consignado.

En cambio en Uruguay, nunca se ha experimentado una baja de los combustibles, a pesar de lo que disminuyó en el mundo el precio del petróleo. Encareciéndose de esa manera toda la actividad económica uruguaya, obligada a sustentar vía impuestos definidos y encubiertos (tarifas) no solo las millonarias pérdidas de un ente monopólico como Ancap, (US$ 800 millones) sino a todo el resto de un oprobioso Estado, por demás costoso e ineficaz.

Justamente desde el área arrocera, el nuevo Presidente de la Asociación de Cultivadores de Arroz (ACA) Alfredo Lago, en un reportaje en este diario y luego al comparecer ante la Comisión de Ganadería del Senado, volvió a insistir en un reclamo o mejor dicho, hizo un planteo que lleva en sí mismo, una solución para el serio endeudamiento del sector. Aparte de que algo así sería beneficioso para el agro en su conjunto. No olvidemos que la lechería pasa por un momento crítico y la cotización de la soja para mayo en Chicago retrocedió 11,4 dólares por tonelada. Lo que pide Lago es tan lógico que rompe los ojos y en los postulados originarios del Mercosur estaba previsto. Más allá de que nunca hubo la suficiente voluntad a nivel de gobiernos y menos con el Frente Amplio, para hacerlo realidad, es necesaria la libre importación de combustibles, y específicamente en este caso, se habla del gasoil.

Ya que este tiene una incidencia muy grande en el costo interno. El arroz, una producción estrella de nuestro campo por su buena calidad y aceptación en los mercados mundiales, es de las producciones que más gasoil consume por hectárea. Demanda 160 litros por hectárea a $ 1,50 por litro, quiere decir casi US$ 300, una hectárea. Los combustibles representan el 35% en la estructura de costos y es evidente que se pierde mucha competitividad si hay que pagar un combustible mucho más caro que en la región y el mundo.

Además, la producción agraria al momento de comprar gasoil se ve obligada a solventar un subsidio al boleto del transporte de $ 3 por litro. Solo el arroz, aporta alrededor de US$ 500 millones anuales. Dice Lago, "si logramos bajar los combustibles, la tarifa eléctrica y hubiera una mejora en la paridad cambiaria, se podría llegar a cubrir esos US$ 300 que hoy el productor tiene en rojo". Y la electricidad es otro insumo caro e importante, ya que en Uruguay se riega por represas el 50% y el otro 50% por bombeo. A pesar de que se creó un fondo con los aportes de los propios arroceros, (no confundir con el Fondes, por favor) que hasta ahora les ha permitido tener cierta liquidez para tapar agujeros pero ese dinero se terminó. La ecuación es negativa y solo se puede hablar de equilibrio en ciertas circunstancias como cuando se es dueño de la tierra, pero el 70% de los arroceros son arrendatarios.

Hay casi 600 productores de arroz y en la cadena se generan unos 8.000 puestos directos, entre producción e industrialización, más otra cantidad de empleos indirectos. Por cada uno directo se crean 2 o 3 indirectos, de acuerdo al INIA. Sin fijarse si el productor gana o pierde en cada zafra, el arroz deja US$ 60 per capita a cada uruguayo. Son unos US$ 160 millones anuales que quedan en el país y como dice Lago, los productores aspiran a que el Gobierno y el estamento político lo asimilen.

Pero no solo lo tiene que asimilar, tiene que dejar de profesar esa fatídica devoción al monopolio estatal. Esa cultura que nos lleva a tener tanta gente mamando de la ubre del Estado y tantos votos cautivos. Así como se liberalizó el mercado de los seguros y las comunicaciones y los entes tuvieron que aprender a vivir con cierta competencia, Ancap también debería hacerlo.

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