EDITORIAL

Finlandia y el Frente Amplio

Los que hace tan solo trece años atrás no daban el voto para habilitar la radicación de inversiones de origen finlandés, son los que por estos días han visitado Helsinki para procurar que ellas lleguen en mayor cantidad.

La gira del presidente Vázquez tuvo una etapa importante en su estadía en Finlandia. En efecto, tanto él como los principales referentes del gobierno que lo acompañan se preocuparon por intentar avanzar en la concreción de la instalación de una nueva planta de UPM, y también por seducir al empresariado finés para que se radiquen inversiones de distinto tipo en nuestro país.

La posición del gobierno frenteamplista es notoriamente apoyada por la inmensa mayoría del espectro político partidario de la oposición. Hoy en día, casi todo el mundo apuesta a que lleguen inversiones industriales de este tipo. Es por eso que cuando se asiste a estas bienvenidas iniciativas de la izquierda en el poder en procura de avanzar en el desarrollo nacional, parece difícil siquiera imaginar las posiciones que el Frente Amplio tenía antes de 2005 sobre estos mismos asuntos. Sin embargo, importa tenerlas presentes para hacerse una idea del largo camino emprendido por la izquierda y, sobre todo, para calibrar el fenomenal cambio de su discurso y prácticas políticas.

A inicios de los años 2000, para que la primera planta finlandesa pudiera instalarse en Río Negro, Uruguay tenía que firmar un acuerdo de promoción y protección de inversiones con Finlandia. Era un paso necesario para la empresa europea porque daba garantías jurídicas relevantes para una inversión multimillonaria en dólares. Ella se hacía muy lejos de su casa matriz y en una región completamente nueva para lo que era la estrategia de inversión internacional de la por entonces Botnia.

El Poder Ejecutivo presidido por Jorge Batlle envió así el proyecto de acuerdo al Parlamento para su aprobación en 2002. Allí el Frente Amplio, por entonces en la oposición, decidió no acompañar ese importante paso cuando llegó el momento de votar, a fines de 2003 en Senadores e inicios de 2004 en Diputados.

Los senadores frenteamplistas eran en aquel entonces un total de doce, dentro de los cuales estaban los actuales ministros Marina Arismendi y Danilo Astori, y también los actuales senadores José Mujica y Mónica Xavier. Ninguno de ellos votó favorablemente el tratado con Finlandia. El por entonces senador socialista Gargano, afirmó: "No somos partidarios de esto, y lo lamentamos. He dado estos ejemplos porque me parece que, en general, son imposiciones de jurisdicciones que tienden a favorecer a la parte que viene a realizar una inversión al país y tiene problemas, llevando el tema a discutirlo donde entiende que cuenta con mejores condiciones para ganar un juicio". Así las cosas, los 16 votos necesarios en Senadores fueron provistos por blancos y colorados.

En Diputados tampoco el Frente Amplio acompañó con su voto el tratado de inversiones con Finlandia y también fueron blancos y colorados quienes se pusieron al hombro el proyecto. El por entonces diputado frenteamplista Bayardi argumentó que sobre todo no estaba de acuerdo en "lo relativo a qué se entiende por expropiación indirecta, cómo es lo de las legislaciones aplicables, la defensa de la legislación del país en el que se invierte —salvo que haya acuerdo de ambas partes, y no en forma unilateral por parte del inversor—, la jurisdicción y el marco jurídico que es aplicable". Por su parte, el tupamaro Agazzi expresó que no estaba dispuesto a votar ese texto: "Me parece que sería muy útil para el Uruguay y su futuro un acuerdo de promoción y protección de inversiones con Finlandia; pero (…) dentro del acuerdo hay figuras jurídicas que no son claras y que, por tanto, no ayudan a la buena relación entre los pueblos. (…) Creo que este texto no es conveniente para el pueblo uruguayo ni para el pueblo finlandés".

A trece años ya de aquellos debates ha quedado claro que las aprensiones leguleyas de aquellos frenteamplistas no eran más que simples excusas para no votar un tratado fundamental, sin el cual nada se podría haber logrado con relación a las inversiones finlandesas. En definitiva, con el paso del tiempo, la vida misma demostró que las inversiones en la industria de la celulosa cambiaron radicalmente el panorama económico del país, favoreciendo lo que es hoy un importantísimo sector exportador y generador de riquezas.

Los que hace tan solo trece años atrás no daban el voto para habilitar la radicación de inversiones de origen finlandés, son los que por estos días han visitado Helsinki para procurar que ellas lleguen en mayor cantidad. Es cierto pues que cambia, todo cambia. Como es cierto también que aquel Frente Amplio opositor le hizo mucho daño al país.

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