EDITORIAL

Otra fecha patria en el olvido

Aunque la fecha pasó casi desapercibida, el miércoles 18 de mayo se cumplieron 205 años de la batalla de Las Piedras, una decisiva victoria de José Artigas sobre las fuerzas españolas que confirmó las ansias de independencia del pueblo oriental.

Pese a su relevancia en la historia nacional, esta efemérides corrió la misma suerte que otras de similar magnitud, opacadas todas ellas por una tendencia a la desvalorización de las fiestas patrias existente desde que el Frente Amplio llegó al gobierno.

En efecto, con el primer gobierno de Tabaré Vázquez hubo un intento de refundación de la historia nacional concretado el mismo día en que asumió, el 1º de marzo de 2005, cuando en vez del escudo nacional, omnipresente hasta entonces en los actos públicos, se insta-ló el dibujo de un sol de flamígera cabellera. Aquello fue apenas el principio de una acometida sistemática con-tra los clásicos símbolos nacionales y contra la celebración puntual de las grandes fechas.

De estas últimas se ocupó un malhadado decreto de la primera administración frentista que dispuso que el 19 de junio, aniversario del nacimiento de Artigas, "será la única fecha conmemorativa por parte del gobierno nacional". Para peor, a ese día se le adosó el tema del "Nunca más" al declarar que esa era la jornada del encuentro entre todos los uruguayos, civiles y militares, con la finalidad de que, según el decreto, "el país pueda mirar al futuro y encontrar caminos de reconciliación nacional". Un decreto resistido desde el comienzo por políticos e historiadores que ratificaron el arraigo de otros aniversarios, entre ellos el 25 de agosto y el 18 de julio.

Lo del encuentro y la reconciliación no funcionó y hasta fue boicoteado por miembros de la izquierda, pese a los esfuerzos de Vázquez por concentrar la atención en ese día. Lo que debía ser una solemne conmemoración en homenaje al prócer se transformó en causa de riñas y disputas, al extremo que esa "única fecha" terminó propiciando ceremonias desangeladas, carentes de calor popu-lar. Por otra parte, el objetivo de realzar tanto esa fecha generó una pérdida de significación para las demás efemérides, integrantes del tradicional calendario de feriados. Entre ellas está el 18 de mayo que, desde entonces, pasa cada vez más inadvertido no obstante su carác-ter de hito histórico mayor de la gesta artiguista.

Además, ese proceso de descaecimiento se generó en el marco de una ley preexistente, la 16.805, de 1996, que dispuso un sistema de corrimiento de feriados que tiene ventajas, entre otras la de favorecer el turismo en los fines de semana largos, pero con el inconveniente de nublar la evocación de episodios como la batalla de Las Piedras. Ejemplo de ello es lo ocurrido este año cuando, en cumplimiento de tal ley, el feriado se movió para el lunes 16 de mayo, por lo que la jornada del miércoles 18, que ya venía bastante devaluada, transcurrió con un pálido acto en la ciudad de Las Piedras al que no asistió el presidente de la República.

De esta manera, adentrados en el tercer gobierno consecutivo del Frente Amplio, se comprueba que la celebración de las fechas patrias ya no es lo que era. Es una lástima que los festejos de otrora hayan terminado por quedar huérfanos de apoyo popular y sean casi inexistentes. Esa tendencia lamentable influye la idea acuñada en ciertos sectores frentistas de que las efemérides establecidas son funcionales a los partidos tradicionales, cuya existencia se remonta a los albores de la historia nacional. De ahí la propensión a restarles trascendencia e incluso a ignorar símbolos patrios.

Empero, episodios como el del 18 de mayo de 1811 merecen que se los recuerde año a año y se los honre, como siempre se hizo, mediante actos oficiales o académicos en donde se exalte su relevancia, incluido cuanto más pueda hacerse en el ámbito de la enseñanza. Es preciso volver a recordar la batalla de Las Piedras como un acto de afirmación independentista ante el colonialismo y exaltar en particular la acción de José Artigas como el estratega militar que fue y como hombre capaz de consumar aquel noble gesto de clemencia para los vencidos, infrecuente para la época.

Todo lo cual forma parte de una historia que no merece olvidarse, porque, como escribió Ernesto Renán, una nación es ante todo "un principio espiritual" afirmado en la certeza colectiva de "compartir las glorias comunes del pasado". La batalla de Las Piedras es una de ellas, algo que cada 18 de mayo debería resaltarse para que los uruguayos, en especial las nuevas generaciones, jamás pierdan esa certeza.

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