EDITORIAL

La "fábrica de mentiras"

En estos tiempos de “posverdad”, gobernantes del Frente Amplio insisten en distorsionar la realidad ante una opinión pública cada vez más renuente a creerles.

Le dicen "posverdad", pero en realidad es una forma moderna de aludir a las mentiras, sobre todo a las mentiras políticas. Esa palabra, que ya figura en algún diccionario, describe un estado de cosas en donde la emoción o las creencias personales inducen a la gente a aceptar la información falsa y descartar la veraz. Para peor, como escribió George Orwell "el lenguaje político tiene como objetivo hacer que las mentiras suenen verdaderas", un comentario válido en un país gobernado por el Frente Amplio en donde abundan muestras del uso oficial de ese recurso retórico.

En la lista de mentiras hay algunas fáciles de desmontar como la perpetrada por el senador frentista Leonardo de León, exdirectivo de ALUR, empresa sucroalcoholera subsidiaria de Ancap que sigue perdiendo plata a raudales. Al denunciarse que durante una década esa empresa le pagó un "plus" a los cañeros de Artigas sin aportar al BPS, de León alegó que se hacía así porque eran donaciones. Los propios documentos de ALUR lo desmintieron pues las partidas se documentaban como complementos salariales y se debían pagar los aportes.

En el mismo caso el ministro de Trabajo y Seguridad Social, Ernesto Murro, quiso minimizar el problema diciendo que era poquita la plata que se daba a los cañeros, pero le demostraron que el monto total era multimillonario. Su actitud fue parecida a la de Tabaré Vázquez cuando quiso quitarle fuego a las denuncias sobre delitos cometidos en el Fonasa diciendo que eran estafas por pequeñas cantidades y con poca gente implicada, cosa que la investigación judicial contradice gradualmente.

Aunque se comprende que los gobernantes traten de achicar el daño y los costos políticos de los yerros de sus correligionarios, el límite está en la capacidad de la gente de creer lo que le informan desde el gobierno. Entre nosotros es claro que el margen de credulidad se ha ido achicando a partir del desengaño que en la opinión pública, incluidas las huestes frenteamplistas, produjeron embustes colosales como el referido al título de licenciado esgrimido por Raúl Sendic que hasta ahora —excepto la senadora Lucía Topolansky— nadie vio.

Similar decepción produjo evocar al actual presidente de la República anunciando en su campaña electoral que no tenía "ni planificado ni en el horizonte ningún incremento de la carga impositiva a la población", algo que incumplió en reiteración real. O escuchar a la ministra María Julia Muñoz y a las autoridades de la enseñanza clamar a coro que se está cambiando "el ADN de la educación". O al ministro Eduardo Bonomi exhibir cifras sospechosas sobre la publicitada reducción de ciertos delitos. O a los legisladores del gobierno que sostienen a rabiar que no hay motivos para desconfiar de los negocios realizados entre Uruguay y Venezuela.

Más allá de sus emociones y creencias personales la gente va comprendiendo que la realidad que le pintan desde arriba es inexacta, sin que les plazca aceptarla siquiera como "posverdad". La "fábrica de mentiras" como la llamaba Goebbels, un siniestro experto en la materia, agota sus posibilidades. Una sección de este diario titulada "¿Nos dicen la verdad?", suele desenmascarar afirmaciones infundadas de los políticos, muchas de las cuales vienen del gobierno. Eso pasó con un reciente comentario del ministro Murro, formulado para criticar retroactivamente a los gobiernos de la década del noventa incluido el del Partido Nacional (1990-95) que fue desmentido en sus cifras por los autores de esa sección, estudiantes de Ciencias Políticas.

Contener el avance de la mentira es uno de los desafíos de las sociedades modernas, expuestas a recibir versiones inciertas de la realidad a través de las incontrolables redes sociales, en donde el anonimato propicia la difusión de mensajes falsos. A ese torrente se añade la acción deliberada de interesados en distorsionar la verdad por razones políticas. Hace poco, tras la publicación de un libro sobre el extinto ministro Eleuterio Fernández Huidobro, se decía que él había reescrito la historia tupamara para hacerla más potable en tiempos de democracia. De esa historia el MLN surgía como un movimiento que luchó para defender la democracia y que fue reprimido por la dictadura, una mentira flagrante porque los tupamaros se alzaron contra la democracia para instaurar una dictadura de tipo castrista.

En fin, por más que se las arrope con la palabra "posverdad" las mentiras captan cada vez menos incautos porque, como fue dicho, se puede engañar a algunos en ciertos momentos pero no se puede engañar a todos todo el tiempo.

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