EDITORIAL

Ética y progreso

Por qué algunos países progresan y otros no. Esa es una pregunta que deberíamos hacernos más seguido.

Dotados como estamos de enormes recursos naturales y humanos, navegamos a la deriva con poco o ningún rumbo, mientras que naciones con escasas riquezas florecen y ofrecen a sus ciudadanos un porvenir envidiable. Pongamos ejemplos; Argentina, Brasil, y también Uruguay. Tenemos buen clima, agua y tierra para cultivar y sin embargo, somos países, para decirlo sin tapujos, subdesarrollados. Estados como Japón, Corea del Sur, Singapur, Suiza, Holanda, Finlandia, cinco de ellos devastados durante la II Guerra Mundial, en la actualidad tienen una renta “per capita” varias veces la nuestra. Inventan, exploran y aportan conocimientos a la humanidad. Contribuyen al progreso del planeta en muchos campos. Ofrecen más oportunidades a su juventud que otros muchos.

Canadá, Australia y Nueva Zelanda, colonizados y fundados aproximadamente al mismo tiempo que nosotros, son muchísimo más prósperos. Por ese motivo muchos compatriotas, se arman de coraje y si no los retienen obligaciones familiares o propiedades que piensan heredar, emigran y se quedan a vivir y trabajar en el exterior. Algunos triunfan, otros no tanto, pero pocos vuelven, a no ser jubilados o de visita.

Una de las causas de la falta de oportunidades, de nuestro atraso, además de la cada vez peor educación y falta de seguridad, es la corrupción y lo que va de la mano, la falta de justicia.

Lo que se está descubriendo en Argentina y Brasil es tremendo. Calculaba un economista, en un programa de televisión, que el costo anual directo podía estar en el 1% del PBI y comentaba que quizás podía quedarse corto en su estimación. El efecto cascada es muy negativo y se multiplica. Los que roban o extorsionan y dilapidan los fondos públicos, generalmente no invierten en el país a no ser que monten empresas para lavar y blanquear dinero, como ha sido el caso de Austral Construcciones a cargo de Lázaro Báez, o los hoteles desiertos de los Kirchner. Producir riqueza, no es su “métier”, más bien se la meten en el bolsillo. La entierran, (hasta en un convento) como se acaba de descubrir de casualidad esta semana, o la sacan del país. Aquí en Uruguay andamos algo mejor pero tenemos nuestro propio Petrobras, aunque muchos lo nieguen. El desfasaje de Ancap no ha sido adecuadamente explicado todavía. Tampoco se habla verdaderamente de cómo se corregirán las causas. ¡No hay que olvidar que las pérdidas de esta empresa estatal y mono-pólica de nuestro país, de cerca de US$ 1000 millones, tomando en cuenta que actualmente el PBI nacional es de US$ 55000 millones, representa nada menos que un 2% del PBI!

Hay que tener presentes los valores relativos y por lo tanto, esos millones de dólares del faltante de Ancap, si bien pueden parecer poca cosa en comparación con las cifras que salen a la luz respecto de los desfalcos en Argentina y Brasil, en verdad son enormes respecto de nuestro tamaño. Y el agujero negro se quiere tapar con más impuestos que afectarán a todos los uruguayos, mientras la buena voluntad de la mayoría de los uruguayos les lleva a creer que detrás de ese gigantesco desastre no hay además de incapacidad, corrupción. La cual tiene distintas variantes. Robar para sí, robar para la corona, para el partido, para los amigos, para las candidaturas.

Los 150 mil uruguayos sobre los que caerá el mazazo del aumento de la tasa del IRPF y también los que creen quedar a salvo de ello (gracias a la benéfica intervención del Pit-Cnt y el plenario frentista) sufrirán a causa de este desestímulo al trabajo y a la inversión. Todos seremos perjudicados porque se enlentecerá aún más la economía y las consecuencias se harán sentir sobre todos los sectores. Se utilizarán menos servicios, se contratará menos gente, se comprará y se venderá menos. El Estado corrupto o ineficiente trae aparejados la inflación, déficit y mayores cargas impositivas que destruyen el ánimo para invertir, a la vez que ahuyenta a los capitales que podrían venir de afuera.

La justicia venal como la que se percibe en Argentina, con magistrados que cajonearon durante años muchos denuncias que finalmente han visto algo de luz, como ser el juez Casanello o el juez Rafecas, quienes irónicamente siguen a cargo de las causas por ellos mismos enterradas previamente, tiene buena parte de la responsabilidad del atraso, en cualquier país. Lo mismo que la ideologización política existente en Ecuador, Bolivia, Venezuela. La poca confianza en el sistema judicial y político además de no proteger al ciudadano, destruye el crecimiento y genera pobreza.

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