EDITORIAL

El espejo retrovisor

El Frente Amplio usa a la democracia y solo la defiende cuando le conviene, a diferencia de la mayoría de los ciudadanos que ve en el sistema la piedra angular que garantiza sus derechos y asegura sus libertades.

El 27 de junio es una fecha que por lo menos se relaciona con la ruptura del Estado de Derecho. A partir de ese golpe de Estado, casi doce años transcurrieron y la vuelta a la democracia nos llevó a analizar conductas del pasado, a reconocer las dificultades que existen en la reconciliación de la sociedad, y sobre todo, a no olvidar los dolores que nos aquejan cuando perdemos la libertad.

Durante 1973 y 1980 (año del plebiscito) cada una de las fuerzas políticas hizo lo que pudo para combatir aquella dictadura; en ese escenario muchos jugaron a dos bandas, algunos se refugiaron en el Estado a la espera de la apertura política, y otros, en especial el Partido Nacional, lucharon desde ese 27 de junio para restaurar las libertades, como forma de dar continuidad a su compromiso con lo que reza en su divisa fundacional: "Defensores de las Leyes".

Es cierto que la izquierda fue la que sufrió más, pero eso sucedió después de intentar subirse "al carro revolucionario" de febrero de 1973 invocando una alianza patriótica con las Fuerzas Armadas. Las adhesiones a los comunicados 4 y 7 nos eximen de mayores comentarios.

El lector se preguntará ¿y esto qué tiene que ver hoy? ¿Otra vez volvemos a recurrir al "espejo retrovisor"? ¿Qué le importa a la mayoría de la gente, y en especial a los jóvenes que en ese 1973 (hace 44 años) no habían ni siquiera nacido?

La respuesta es que lo que sucede hoy es parte de un hilo conductor que une la conducta del FA a distintas circunstancias históricas; y que este conglomerado de sectores solo defiende la democracia cuando le conviene, a diferencia de la mayoría de los ciudadanos que ve en el sistema la piedra angular que garantiza sus derechos y asegura su libertad.

Para decirlo claramente: al gobierno y a sus huestes políticas y sindicales las rupturas institucionales solo les duelen cuando las víctimas provienen de sus filas, pero si el contenido ideológico de una dictadura participa de su visión de la "lucha de clases" entonces la libertad y los derechos humanos pasan a ser aspectos secundarios.

Dos ejemplos de cómo al recordar el pasado podremos ver el futuro.

El primero, es el proyectado artículo 15 de la Rendición de Cuentas que dispone que el Estado queda eximido de los plazos del cumplimiento de pago por demandas perdidas o laudos arbitrales en su contra, siempre que considere que ello afecte la atención de los servicios a su cargo. ¿Qué quiere decir esto? Que cumplirá con la justicia cuando se le ocurra, y que al fin de cuentas, es la voluntad política la que prevalecerá cuando el Poder Ejecutivo por sentencia firme fuera condenado a resarcir a quienes fueron ilegalmente perjudicados por su conducta. Habría que imaginarse a un condenado a la horca confeccionando el nudo de la cuerda de la que iría a colgar.

Por esta norma, los derechos que protege el Poder Judicial en ejercicio de su función jurisdiccional poco valdrán cuando el resarcimiento a los perjudicados queda en manos del condenado; de forma tal que al caso, los principios de separación de poderes y de igualdad consagrados en la Constitución de la República están condenados a naufragar en la espuma ideológica de las cloacas marxistas.

El segundo, es el vergonzante silencio del gobierno ante la sangrienta dictadura venezolana. ¿Es una posición aislada? ¿Este respaldo no es parte también de un futuro que el Uruguay compromete? Efectivamente es así, porque si no es preocupante que un "socio" del Mercosur como Venezuela sostenga en boca de su Presidente que "a falta de votos se impondrán las armas", es porque ni el presidente, ni el canciller ni el Frente Amplio tienen compromiso alguno con la libertad como derecho humano fundamental, sino con los intereses políticos de los "compañeros".

Eso sucede porque el FA poco apego tiene a lo institucional, a veces, porque piensa que lo mejor es que los problemas no se arreglen, y otras, porque para arreglarlos recurre a la vieja fórmula totalitaria de que "el fin justifica los medios". Y los medios a sacrificar han sido, son y serán la Constitución y las leyes. Los que lo vivieron lo recuerdan y las generaciones del presente deben saber que los barros que trajeron estos lodos volverán a ser los ladrillos del edificio del futuro si no reaccionamos a tiempo.

En Uruguay, una vez más, la cuenta corriente del Partido Nacional tiene el nombre de la responsabilidad y siempre ha tenido saldo positivo a favor de las Instituciones. El gobierno ha vaciado su cuenta y, como ha sucedido tantas veces, espera que otros se hagan cargo de las deudas generadas por su acción y omisión. En eso estamos.

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