Editorial

Todo va bien en la enseñanza

En la reunión del Consejo de Ministros abierto realizada en el departamento de Artigas, dos estudiantes leyeron una proclama en la que se refirieron a la "alarmante situación de la educación pública de nuestro país".

En su opinión, "el problema no está en los integrantes del sistema, sino en cómo está construido el sistema". Son afirmaciones que merecerían una discusión más detallada, pero lo que interesa ahora es destacar las respuestas que cosecharon los estudiantes. Las que revelan las divisiones que existen en el seno del gobierno de presidente Vázquez sobre este tema fundamental.

La ministra de Educación y Cultura, Julia Muñoz, respondió que estaba de acuerdo en que era necesario reformular algunos aspectos de la educación media y, relata la crónica periodística publicada en El País, destacó la importancia de la participación de los estudiantes. El presidente del Codicen, Wilson Netto, no estuvo de acuerdo con la frase "alarmante situación" y, entre los aplausos de los miembros del Consejo de Ministros, enumeró los avances realizados en los últimos años, los cuales incluyeron el resultado de "que en el liceo de Bernabé Rivera se duplicó el número de estudiantes y que tiene el doble de egresos de bachillerato en la localidad". Lo que está muy bien. Pero, seguramente, los estudiantes cuando hablaron de una situación alarmante, como opina la mayoría de los uruguayos que vive en el mundo real, tenían otros problemas en mente.

El informe "Logro y nivel educativo alcanzado por la población. 2014" del Ineed, concluye que la mitad de los jóvenes en el grupo de edades entre 15 y 20 años se dedica exclusivamente al estudio; el 13,1% estudia y trabaja; y el 12,3% no trabaja, no estudia ni busca trabajo. Este último grupo consiste principalmente en mujeres, pertenecientes a hogares de menores recursos en el Interior. La participación de los jóvenes en el sistema de enseñanza es relativamente alta hasta los 16 años de edad (80,5%). Después se produce el abandono. En el caso del grupo de edades de 22 años, la asistencia es del 33,1%. No parece un resultado deseable.

El panorama es aún más preocupante cuando se considera la participación de los jóvenes de acuerdo al nivel económico de sus hogares.

Para tomar los dos extremos: el primer quintil, los hogares más pobres, y el quinto quintil, los más acomodados. En el primer caso, el porcentaje de jóvenes que asisten a algún establecimiento educativo es del 66,5% en el grupo de edad de 16 años y del 9,4% en el grupo de 22 años. En el segundo caso, el porcentaje de jóvenes de 16 años que estudian es del 97,4% y el porcentaje de jóvenes de 22 años que estudian es del 63.8%. Existe un abismo entre los adolescentes de uno y otro quintil.

El fracaso del sistema es evidente cuando se examinan las cifras totales sobre el nivel educativo máximo alcanzado por la población de 25 años o más: el 38.2% tiene hasta primaria completa; el 10,8% hasta media básica completa; el 8,8% hasta media superior completa; y el 11,0% terciaria completa.

En los países de la OCDE, el 75% de las personas en el grupo de edades en- tre 25 y 64 años completó por lo menos el segundo nivel y el 32% completó la enseñanza de tercer nivel. En varios países el porcentaje es mayor, incluyendo a Canadá (51%), Dinamarca (34%), Finlandia (39%), Islandia (34%), Israel (46%), Japón (46%), Nueva Zelanda (39%) y Noruega (38%).

Queda un tercer aspecto: la calidad de la enseñanza. Los resultados de las Pruebas PISA son conocidos. A juzgar por las pruebas de evaluación de los estudiantes que ingresan realizadas por varias facultades, el nivel de los egresados de la enseñanza media superior que acceden a la enseñanza terciaria es insuficiente. La ubicación de nuestras universidades en los rankings mundiales no es alentado-ra. La reciente información oficial sobre una reducción de la repetición en Primaria, actualmente en un 5%, sería una buena noticia si no se supiera de las órdenes no escritas sugiriendo que se debía ser menos exigente en la evaluación de los niños.

Tenemos un sistema de enseñanza que asegura una cobertura insuficiente, que excluye a los jóvenes pertenecientes a los hogares de menores ingresos, y cuya calidad no es suficiente para atender a las necesidades el mundo actual. La suma de todos los estudios, estadísticas y evaluaciones realizados en los últimos años indica, sin duda, que la situación es alarmante. Este episodio recuerda una antigua canción francesa cuyo estribillo es: "tout va très bien madame la marquise". Parecería que para algunos, todo va muy bien en nuestra educación.

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