EDITORIAL

Encuesta vecinal

A las nuevas generaciones les debe parecer algo natural que las casas se encuentren rodeadas de rejas. No han conocido nada diferente. Que los comerciantes protejan sus vidrieras con cortinas metálicas, pues nunca vieron jardines abiertos ni puertas sin llave.

El jueves pasado publicamos una interesante información sobre la inseguridad en Montevideo (una más), que no condice con las cínicas declaraciones del Ministro del Interior, congratulándose de como han bajado los índices del delito (que ellos manejan), gracias a los planes puestos en práctica por su Ministerio. Los datos surgidos del trabajo realizado por el vecindario son bien demostrativos de hasta qué punto, los uruguayos y específicamente los montevideanos, son estafados por el gobierno en manos del Frente Amplio, desde el 2005.

A las nuevas generaciones seguramente les debe parecer algo natural que las casas se encuentren rodeadas de rejas, con cercas eléctricas. No han conocido nada diferente. Que los comerciantes atiendan desde atrás de un enrejado, o tapen sus vidrieras con cortinas metálicas, pues nunca vieron los jardines abiertos, las puertas sin llave, ni comercios donde se exponían a toda luz las mercaderías. También se han convertido en parte del paisaje habitual, las diversas casetas utilizadas por los guardias barriales o particulares que cumplen funciones de prevención por toda la ciudad, en propiedades privadas, en empresas, en locales comerciales, en tiendas, en casas de remate, en bancos, donde el asunto es de palabras mayores, pues las metralletas y armas largas lucen a la vista y temor de todo el mundo.

Por otra parte, las firmas dedicadas a la seguridad que venden sus servicios de alarmas de todo tipo, con sensores, con barreras, con cámaras, con botones de pánico, con perros, con control remoto para monitorear de lejos su vivienda o negocio o el monitoreo que provee la misma empresa contratada y lo más antiguo, la diversa gama de perros grandes y de aspecto feroz que muestran con efecto disuasorio sus colmillos o ladran enojados desde detrás del portón. Aparte de los porteros que cumplen en gran medida con la misma función y el costo en instalaciones eléctricas para poder contar con mejor iluminación, en la vana esperanza de desestimular los saqueos.

Todas estás medidas necesarias a partir de la gran inseguridad reinante, se agregan obligatoriamente al presupuesto personal de cada uno. Así que el habitante de la capital del país, y en el interior si bien es mejor, tampoco es una maravilla, dependiendo sobre todo del departamento, tiene que costear de su bolsillo el financiamiento de todos estos gastos, porque el gobierno no cumple con uno de sus principales compromisos; asegurar la seguridad ciudadana.

Y esta indefensión no se debe a que la gente no contribuya también por medio del pago de impuestos, que son bien elevados para que el Ministerio del Interior pueda financiar el cumplimiento de su deber. Es más, la carga impositiva en este país es de las más elevadas, empezando por un IVA del 22%, gravoso impuesto indirecto que se suma a todos los otros: a los ingresos, al patrimonio, a la actividad empresaria, a las unipersonales, a los jubilados, a los combustibles, a las importaciones, aparte de las tasas e impuestos municipales de una Intendencia que tampoco tiene ni limpia ni bien alumbrada la ciudad. Aparte de que el Estado tampoco responde adecuadamente con otras obligaciones elementales, como la salud y la enseñanza pública, en vez de fabricar productos no viables económicamente, como el biocombustible de boniato o caña de azúcar, y una multitud de absurdos cuya lista llenaría todo este espacio.

Ahora el colmo es que los vecinos sientan la necesidad de hacer encuestas, (segunda) para calibrar mejor, cuan castigados están por la delincuencia. Un grupo de personas con conocimientos como para llevar adelante este tipo de trabajo, entrevistó a 571 personas en la zona de Punta Carretas, entre abril y mayo. De allí se desprende que uno de cada tres individuos fue asaltado o robado, ya sea personalmente, en su casa, comercio o vehículo. El 60% de las víctimas han sido mujeres y en el 72% de los casos, personas adultas entre 30 y 69 años. Un 33% de los robos con violencia les sucedió a las mujeres y un 26% a los hombres. El porcentaje aumenta cuanto mayor es la edad del atacado.

Otro dato interesante muestra que un 36% de la gente no hizo la denuncia y ante la pregunta del porqué, nada menos que un 52% contestó, "porque no serviría para nada". Sin duda, una buena razón para que el ministro Bonomi anuncie la disminución de la criminalidad. La Intendencia debería contribuir a mejorar la seguridad de varias maneras. Por una parte, controlar a los cuidacoches convertidos en otro impuesto a los ciudadanos; las casas abandonadas; más cámaras, guarda-parques, mejor iluminación, más patrullaje. Para que no sigan los motochorros que te balean impunemente, o te matan o te dejan paralítico, cuando entrás a tu casa, como le ocurrió al Juan Ameglio, el sábado pasado.

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