EDITORIAL

Las elecciones en España

Las elecciones del pasado domingo en la madre patria pueden medirse a través de su resultado concreto, vale decir, los números puros y duros, o a través del choque de bruces que se dieron con las expectativas, algunos partidos.

La mirada fría dice que el Partido Popular es el único que sale mejor parado que en las elecciones de 2015, por lo que, aunque no llega a tener mayoría propia para formar gobierno, ganó legitimidad para hacerlo. Los partidos de oposición, mientras tanto, tienen todos más razones para lamentarse que para felicitarse, dentro de un panorama donde aún reina la incertidumbre.

La elección arrojó un Partido Popular primero con 7.906.185 votos (33%) seguido por el Partido Socialista Obrero Español con 5.424.709 (23%), luego aparece Unidos Podemos con 5.049.734 (21%) y Ciudadanos con 3.123.769 (13%). Otros partidos, en general de carácter regional siguen, todos con menos del 3% de los votos, hasta completar el 100% del electorado.

De los cuatro principales partidos el Partido Popular es el único que crece en número de votos y obtuvo 14 escaños más en el Congreso, alcanzando en esta instancia 137, aún lejos de los 176 necesarios para formar gobierno. Pero más lejos aún quedaron sus adversarios, ya que el PSOE alcanzó los 85, Podemos 71 y Ciudadanos 32, debido al sistema como se adjudican las bancas. El PP reclama su derecho a formar gobierno, y según la tradición, seguramente el rey Felipe le encomiende a Mariano Rajoy la tarea de negociar con los demás partidos para lograrlo.

Si bien el PP es el único partido que sale mejor parado de esta instancia, los restantes partidos se han mostrado reticentes, al menos hasta el momento, para dar sus votos al oficialismo para que pueda gobernar. Ante esta situación dos opciones se abren, de las que no se puede descartar ninguna. Que se pueda formar una coalición sin el PP (lo que sería complejo dada la fortaleza electoral del partido de gobierno) o que se realice un llamado a nuevas elecciones, lo que sería muy negativo para todo el sistema político español, que ya se encuentra bastante deteriorado.

Una buena noticia, desde una mirada demócrata y republicana, fue que la coalición Unidos Podemos, que las encuestas y una millonaria campaña publicitaria vendieron como el gran desafiante, tuvo una mala elección, de hecho, peor que la del año pasado. Este partido de tono populista y chavista que reivindica a lo peor de los gobiernos que América Latina ha sufrido en lo que va del siglo representó el grueso del voto protesta antisistema, pero no le fue suficiente.

Es probable también que el PP se haya beneficiado de los coletazos del Brexit, el voto favorable de los británicos a abandonar la Unión Europea. Apelando a un discurso de tono nacionalista, llamando a la unidad de España y a la certeza en tiempos de incertidumbre, la desgastada figura de Mariano Rajoy, que nunca se destacó ni por sus dotes de líder ni de estadista, aparecía como el malo conocido. Ahora el PP tiene el gran desafío de negociar con rivales que se han pronunciado en tono casi que de enemigos. Quizá esas negociaciones impliquen cambios importantes en las políticas económicas o sociales, o quizá también conlleven la posibilidad de que Rajoy deba dar un paso al costado para que otro candidato del PP pueda ser el nuevo presidente.

En un mundo convulsionado, donde sorprenden los resultados como el de la consulta europeísta en Gran Bretaña, un excéntrico populista como Donald Trump triunfando en la interna del Partido de Lincoln y Reagan en los Estados Unidos y el avance de nuevos partidos en todo el mundo, las elecciones en España mostraron un moderado pero positivo triunfo para el sistema de partidos con raíces e ideologías. Más allá de las simpatías de cada quien, el PP y el PSOE representan ideas, valores y visiones de España emparentadas con su historia, que en los tiempos recientes es nada más ni nada menos que la de la democracia que mejoró notablemente el nivel de vida de los ciudadanos a pesar de la reciente crisis de la que aún no ha salido.

No por casualidad, además, son los partidos que siguen utilizando en sus actos y movilizaciones la bandera de España, en un llamado a la unidad nacional que siempre es una buena noticia incluso para quienes no los votan. Seguramente la ciudadanía les esté dando una segunda oportunidad que esta vez, por el bien de los españoles, de Europa y de todo el mundo, sería deseable que no desaprovecharan.

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