Editorial

Diferencias violentas

Llegaron a compartir espacio en algún medio local. Pero los dos hechos, ocurridos apenas con 24 horas de diferencia, permiten comprobar la distancia sideral que puede haber entre dos realidades, dos visiones del mundo.

Por un lado, el 1° de Mayo, en el lejano Uruguay, un grupo de dirigentes sindicales se reunieron para un acto político en ocasión del Día del Trabajador. Pero lejos de estar marcado por la alegría de una jornada de descanso, o las siempre emotivas canciones de Alejandro Balbis, el encuentro se caracterizó por las proclamas encendidas, los ataques a la "oligarquía", la defensa de las "luchas populares". De manera reveladora el estrado afirmaba contundente que "Ni un paso atrás. Un tiempo de cambios no se puede parar". El metalúrgico Marcelo Abdala exigía el tránsito hacia una sociedad sin explotados ni explotadores. Su colega Fernando Pereira reclamaba controles de precios y reivindicaba la lucha de clases, "le guste o no a la derecha".

Por supuesto que proliferaron las defensas a Cuba y a Venezuela, los recuerdos a Eduardo Galeano, la entonación de una curiosa "Internacional", entre gente que suele despotricar contra la globalización. Si algo definió el clima del acto, fueron los puños crispados al aire con los que se despidieron los oradores al final del evento.

El día antes, miles de kilómetros al norte en California, Elon Musk, el nombre de moda en el mundillo tecnológico (y un millonario explotador digno de ser odiado según el canon del Pit-Cnt) anunciaba lo que puede ser una verdadera revolución; el Powerball. Se trata de una batería hogareña, que permite almacenar energía con asombrosos niveles de eficiencia, y que podría ser a corto plazo una pesadilla para las empresas eléctricas del mundo. El concepto es que las energías renovables, que usan el viento, o el sol, tienen el gran problema de la inconstancia. Como explicaba Musk, el sol no brilla de noche, y ni en la Patagonia el viento sopla las 24 horas del día. El gran déficit para usar esas energías es que no se había desarrollado un sistema de almacenamiento que permitiera aprovechar al máximo su capacidad, durante los momentos pico de demanda.

Por esto, en los países desarrollados, las tarifas eléctricas varían según la hora y el momento del año en que se consuman. Las Powerball permitirán ahora a un precio razonable (unos 3 mil dólares) tener un sistema de almacenaje propio, que incluso en caso de poder disponer de fuentes renovables hogareñas, vuelve al consumidor totalmente independiente de las compañías eléctricas.

El anuncio generó gran revuelo y polémica. Como casi todo lo que ha hecho Musk en sus intensos 43 años de vida. En ese plazo el empresario sudafricano ha desarrollado sistemas como Paypal, que permiten pagos por internet con seguridad absoluta, y empresas como Tesla motors, la principal empresa de coches eléctricos del mundo, SolarCity, enfocada en desarrollar células fotovoltaicas de vanguardia, o la nueva SpaceX, con la que promete ser el primero em llevar a un ser humano a Marte, y popularizar los viajes espaciales. Muchos de sus proyectos han sido polémicos y acusados de fantasiosos. Pero la realidad es que el hombre en su corta vida ha amasado una fortuna considerable, tan solo apelando a su ingenio y capacidad, y muchas veces luchando contra gigantes.

El ejemplo más claro es el de su empresa de coches Tesla, nombrada en homenaje a su ídolo infantil Nikola Tesla, pionero de la energía eléctrica siempre opacado por su némesis, Thomas Alva Edison. Con esta compañía, Musk ha logrado enfrentar a las grandes automotrices del mundo, al popularizar vehículos eficientes y funcionales que operan sin motores de combustión y solo con energía eléctrica. Al punto que hoy en día, su gran problema es superar el cuello de botella que le implica tener mucha más demanda que la que puede satisfacer.

Las ideas y posturas de Musk, un libertario que dice despreciar al Estado (aunque algunos lo acusen de beneficiarse de sus prebendas) es un verdadero revolucionario del siglo XXI, que apela a la inteligencia, a la tecnología, a la capacidad de superación humana. Nada más lejos de las posturas y discursos del 1° de Mayo, que se aferran a panfletos del siglo XIX, a recetas confrontativas y divisivas. Y cuya idea de revolución positiva es lo que ocurrió en la Rusia de 1917, o en la Cuba de medio siglo después.

Si bien los resultados concretos de las teorías e inventos de Musk todavía es pronto para evaluarlos, tendrían que funcionar realmente muy mal para siquiera negociar a nivel de igualdad con las tragedias y fracasos que dejaron las que con tanto fervor abrazan nuestros venerables líderes sindicales.

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