EDITORIAL

Diez años después...

Se dirá que el panorama de la enseñanza cambió, que no hay paros, que el año se está desarrollando con normalidad para los estudiantes y alumnos y que tal vez se llegue a un número de clases aceptable para su educación. Puede ser, como puede ser también que se haya estado barriendo debajo de la alfombra y las cosas siguen mal, aunque disimuladas. Esa es la verdad.

Silenciosamente se ahonda la fractura social entre jóvenes que estudian y los rezagados. No hay agitación social, pero el 94% de los repetidores no termina liceo, con todas sus consecuencias.

El último informe del Instituto Nacional de Evaluación Educativa sobre el recorrido curricular de los jóvenes que en 2009 (con 15 años) participaron en las pruebas PISA, dado a conocer a principios de semana, es dramático y no parece casualidad que poco antes de su presentación la ministra de Educación, María Julia Muñoz, haya arremetido "sorpresivamente" y con extrema dureza para descalificar (por las dudas) al maestro Juan Pedro Mir, cabeza visible de una corriente educativa crítica dentro del FA. Mir había sido cesado de su cargo como director de Educación cuando expresó que no creía en un "cambio de ADN", porque "no están dadas las condiciones políticas para generar eso". Ese cambio de ADN en la educación había sido una de las grandes promesas electorales de Tabaré Vázquez.

La evolución de esos jóvenes que participaron en PISA 2009 muestra pronunciadas diferencias: un 15% de los que participaron en las pruebas no pasó más de grado, un 44% terminó liceo y un 38% ingresó a la universidad. Para el director ejecutivo del Ineed, Mariano Palamidessi (maestro, licenciado en Educación por la Universidad de Buenos Aires y doctor en Educación por la Universidad Federal de Río Grande del Sur) "este estudio nos está diciendo de un sistema que no es ineficaz, es tremendamente eficaz en producir desigualdad (…) Los datos y el estudio son perturbadores. Voy a decirlo con palabras feas: estamos formando dos razas distintas. Y esto es insostenible del punto de vista de la democracia de una sociedad del siglo XXI" (Búsqueda 07/07).

Ya no es Juan Pedro Mir el que cuestiona el trágico ADN de la educación. Se empiezan a oír otras voces que alertan sobre esta situación, incluso de manera dramática. Porque hablar de que acá en Uruguay se están formando dos razas distintas entre los jóvenes de acuerdo a su nivel educativo, describe un panorama de fractura como pocas veces se había planteado. No se trata solo de hablar del problema de la falta de conocimiento, sino de sus consecuencias en la sociedad y cómo se profundiza la desigualdad social por la inoperancia del gobierno. Y el SOS no surgió de la oposición o de algún "resentido" de la línea frenteamplista crítica con las políticas de educación. Vino de alguien que aún no ha sido agraviado por María Julia Muñoz.

Un día después de la presentación del informe del Ineed, en Código País se entrevistó a los docentes Juan Pedro Mir y Fernando Filgueira (exsubsecretario de Educación que renunció en solidaridad con Mir). Allí aparecieron otros datos y otras reflexiones. Filgueira expresó que "tenemos un 60% de chiquilines que no está terminando liceo y somos luego de Guatemala, Honduras y Nicaragua el país con menos tasa de egreso de Secundaria en toda América Latina y el Caribe". Y sobre las posibilidades de cambio, el propio Filgueira consideró que los espacios "que parecieron abrirse (en la campaña electoral), se fueron cerrando por las decisiones de diversos actores (...) Lo que puede salir de ahí es una especie de Frankestein".

Y si de Secundaria pasamos a Primaria y de Montevideo al Interior del país, el testimonio que dio el presidente Vázquez de desconocimiento total de lo que ocurre en la Educación fue sublime. En la última reunión en San Gregorio de Polanco, como parte del show se invitó a tres niños a plantear sus inquietudes. Ellas fueron respecto de sus escuelas, que se llueven o carecen de energía eléctrica. "Se me cae la cara de vergüenza", fue la respuesta del presidente de la República por el sorpresivo giro del planteo. "No puede ser que tengamos que venir a escuchar algo que tendría que ser solucionado ya por el gobierno. Esta es una autocrítica pública. Tenemos que trabajar fuerte para que estas cosas tan simples y pequeñas no sigan sucediendo en el país".

Más allá del episodio puntual, cabe una pregunta que sirve tanto para la fractura social que viene a impulsos de la educación como a la situación de lluvia de las escuelas: ¿qué se hizo con el dinero que entró a paladas durante estos diez años de bonanza económica, si ahora nos encontramos sin un peso, sin educación y con escuelas que se llueven?

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