EDITORIAL

"Día de la Nación Charrúa"

Una ley de 2009 determinó que el 11 de abril es la fecha indicada para recordar a las poblaciones autóctonas, en particular a la denominada -sin mayor fundamento científico- “raza fundacional” del Uruguay.

Hoy, 11 de abril, se conmemora entre nosotros el "Día de la Nación Charrúa y de la Identidad Indígena" según la ley 18.589 aprobada en septiembre de 2009. Es difícil concordar con el sentido de esa ley pues usando el mismo criterio deberíamos marcar otras muchas fechas en el calendario para honrar a las razas, etnias o nacionalidades que hicieron de este país lo que es.

Para empezar hablando de indígenas esa extensa lista podría abrirse con los guaraníes y los guenoa-minuanos que, según estudios documentados sobre el tema, fueron más preponderantes que los charrúas en suelo oriental. Para el antropólogo Daniel Vidart el legado indígena en Uruguay es esencialmente guaraní en tanto que el experto Renzo Pi Hugarte sostuvo que "el único aporte de los charrúas a la nueva sociedad fue el uso de la boleadora y ya prácticamente no se usa más".

Quizás lo más rescatable de la conmemoración es que en cierta forma acoge un sentimiento popular afecto a lo charrúa, un elemento incorporado al imaginario colectivo como la raza fundacional del país aunque eso sea algo difícil de probar. Si bien se apoya en algún dato histórico agrandado por la leyenda poética del "Tabaré" de Juan Zorrilla de San Martín, la idea de una matriz charrúa del ser uruguayo resulta insostenible. Es que la encarnación del charrúa como "el indio nacional" fue parte de una construcción colectiva sobre el pasado uruguayo realizada a fines del siglo 19 con las mejores intenciones, pero sin mayores bases científicas.

En esta materia entramos en el campo de los mitos, tierra de fundamentos ambiguos, de creencias arraigadas en la gente. En ese sentimiento, más que en otra cosa, es donde el homenaje a esta fecha halla alguna justificación. Un sentimiento que se acentuó a comienzos del milenio cuando el ministerio de Educación y Cultura gestionó con éxito el retorno al Uruguay de los restos de Vaimaca Perú, el único de los cuatro indios charrúas llevados a Francia hacia 1830 cuyo esqueleto se conservaba intacto en el célebre Museo del Hombre, en París.

Para las organizaciones indigenistas aquel fue un episodio histórico que propagó una onda de emoción que se tornó exagerada cuando accediendo a las propuestas de los sedicentes descendientes de charrúas el Parlamento aprobó una ley absurda prohibiendo que se le extrajera a los restos de Vaimaca un centímetro de piel para hacerle el ADN. Era ridículo negarle a la ciencia la posibilidad de analizar los huesos de un auténtico charrúa, pero así se hizo. Felizmente la prohibición entró en vigencia después que los antropólogos de la Facultad de Humanidades confirmaron que de acuerdo al análisis efectuado los charrúas tenían un parentesco directo con tribus de la provincia argentina de Neuquén.

Hasta ahora algunos grupos que se declaran descendientes de charrúas protestan porque los restos de Vaimaca fueron depositados después de una multitudinaria ceremonia en el Panteón Nacional, en cumplimiento de una ley votada en los años noventa, en vez de enterrarlos en Arerunguá como ellos reclamaban.

El tema indígena tiene cierta trascendencia en el plano internacional pues a instancias de organizaciones interesadas, entre ellas el "Consejo de la Nación Charrúa", Uruguay votó a favor de una declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas. Sin embargo, nuestro país aún no ratificó el convenio 169 de la OIT, el principal instrumento internacional sobre derechos de los pueblos indígenas, aunque anunció su intención de hacerlo. Las organizaciones se quejan amargamente por esa situación acusando al Estado uruguayo de haber actuado históricamente con notas de "negligencia", "racismo" y "discriminación" en relación con los pueblos nativos y sus descendientes.

Quienes hoy se dicen familiares de charrúas y otras etnias se sienten perjudicados por un estado de cosas que importaría directamente a casi un 5% de la población uruguaya, unas 160.000 personas que, ante los cuestionarios del censo de 2011, dijeron tener origen indígena. Los departamentos de mayor concentración de habitantes que declararon ese origen fueron Tacuarembó y Salto.

Por último, un ingrediente político en este asunto es la intención de pasarle una vieja cuenta al partido Colorado por la matanza de charrúas ocurrida en Salsipuedes hace dos siglos en unas circunstancias propias de la época. Siempre es injusto juzgar actos de antaño con los criterios de hoy y más aún cuando hay quienes buscan contaminar el recuerdo del legado indígena, y en particular el de los charrúas, con elementos de política partidaria.

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