EDITORIAL

Detrás de los cincuentones

Desde el momento en que se concretó la reforma previsional , creándose el sistema mixto de ahorro privado con las AFAPS y el de reparto con el BPS, los movimientos en su contra no han dejado de operar.

Ya antes de que se votará la ley 16 713, trataron de toda forma de impedirla y no han cejado nunca. Una motivación de jerarcas, dirigentes gremiales, políticos, etc. es que nadie pueda aportar para su futura jubilación en algo que no sea manejado por el Estado. O sea, por los miles de funcionarios que forman parte de la planilla del BPS. Forma parte de la ideología y la mentalidad estatista. En pocas palabras, que no exista otra opción que la estatal.

Pero además está el botín. El abultado monto de los ahorristas, del que actualmente el BPS no dispone. Parecen haber quedado en el olvido las épocas en que los aportantes no tenían idea de lo que había en su propia cuenta a diferencia de lo que ocurrió luego, con la aparición de las AFAPS. Tampoco las magras cantidades que recibía la gran mayoría, a no ser que se tratara de las jubilaciones de privilegio. Añoran los tiempos en que los dineros de los aportantes se manejaban con nula transparencia y se usaban para tapar agujeros. Y si no se tenía alguna "manija", el trabajador tenía que penar por corredores y oficinas, llevando papeles de aquí para allá, sin saber a ciencia cierta cuando le llegaría la prestación ni cuanto sumaría.

En estos 20 años, sus intentos por derrumbar al ahorro privado, hasta el momento no han tenido mucho éxito. Cuando hubo aperturas que permitieron traspasos, no sucedió lo que vaticinaban. Nunca se produjo una estampida de personas que querían volver al sistema estatal.

Pero ahora finalmente han encontrado un buen caso. Uno que se vende bien ante la opinión pública no demasiado interiorizada; los "cincuentones". Y estos - un grupo minoritario de unos 30 000- de los que tenían sueldos más altos, al escuchar que podrían recibir más dinero al retirarse, por supuesto que acompañaron la postura de la victimización. ¿Ya sea por buena o mala fe, quien no está a favor de recibir una mejor jubilación cuando deje de trabajar?

Por lo tanto, los detractores de las AFAPS han logrado ponerlas en el banquillo de los acusados. Parece ser que son las culpables de la injusticia que se está por perpetrar con parte de esta generación. Pero lo que no se dice y debería quedar en claro, es que la reforma se llevó a cabo porque el sistema imperante estaba quebrado. De esa forma se consiguió evitar un futuro colapso del Banco de Previsión Social y de las cuentas públicas. El BPS era el problema y las AFAPS fueron una solución.

La sustentabilidad de las jubilaciones es un asunto complejo que se extiende globalmente. En nuestro caso no solo responde a los enormes problemas que el BPS ha tenido y tiene, sino que el hecho de que la gente viva muchos más años y tengamos una tasa de natalidad tan baja, lleva a que la clase trabajadora tenga una relación demasiado baja respecto de los jubilados y pasivos.

La reforma fue eficaz y solidaria pues se preservó el sistema y se le dio sostén. Se evitó con estos cambios, que el país cayera en una crisis. Se buscó la forma de frenar la hecatombe y como ocurre en cualquier situación límite, a consecuencia de gastar más de lo que se tiene, el reacomodamiento siempre produce cimbronazos. Evidentemente, todos los trabajadores en algo iban a quedar afectados. El reclamo de esos "cincuentones" proviene de que no se les computaron sus aportes previos a 1996. Lo más sensato sería entonces, que se les reconozcan los mismos vía un ajuste legislativo. Pero lo que están pidiendo es jubilarse por el régimen anterior. Uno que ya no existe. Algo que no está vigente para ellos pues en 1996 estaban en la treintena y era obligatorio afiliarse a una AFAP. A diferencia de los mayores de 40 años en esa fecha, que pasaron al régimen llamado de transición, que permitía elegir el sistema mixto o el de reparto.

Sería una razonable respuesta a sus demandas y accesible desde el punto de vista financiero, pero lamentablemente, lo que se está viendo es una peligrosa falta de realismo y responsabilidad, al tiempo que diversas organizaciones y dirigentes, aprovechan la coyuntura en busca de sus propios fines. Por ejemplo, para presentar a las AFAPS como los malos de la película, para terminar con ellas y volver al pasado.

Abundan las propuestas de todo tipo y sino se encuentra un punto de equilibrio, el resultado será muy negativo. Más allá de que sí sería acertado, ampliar las acotadas posibilidades de inversión de las AFAPS, a pesar de la mejora incorporada hace unos años.

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