Editorial

Cuál desarrollo inclusivo

Escuchamos una presentación del próximo ministro de economía en el hotel Conrad, lugar adecuado para los discursos complacientes. Aún recordamos aquel de Mujica en el que prometió educación, no más impuestos, unidad, y llamado a invertir sin temor. También escuchamos allí, a uno de los organizadores del evento, destacar, en presencia de autoridades, que este gobierno era el único que había hecho algo por el turismo; justo allí en el Conrad.

En este caso, Astori destacó con la ingenuidad de quien cree haber descubierto algo inusitadamente original, que el desarrollo de estos gobiernos se diferenciaba de los demás en que este era inclusivo. Esto del desarrollo inclusivo recuerda otros motes de mayor o menor carga emocional, a veces de buen marketing pero nula sustancia, como el recordado desarrollo productivo. Como si de algo fundacional se tratara, resaltó que era el país de mejor distribución del ingreso de América, como si se tratara de algo que empezó en 2005, lo que ha sido una característica nacional. Peor aun cuando la amplia educación que nos caracterizó y es el más importante elemento integrador, ha sufrido en estos años un grave retroceso. Es curiosa esta forma de entender lo inclusivo: se trata simplemente de dar plata a los que no la tienen, sin exigirles contrapartidas, logrando así la definitiva exclusión de un sector de la sociedad, mediante la salarización de la pobreza y la privación definitiva de la cultura del trabajo, de la excelencia, del progreso en base al esfuerzo individual en contraposición a la dádiva.

Pero lo que más nos llama la atención no es el concepto sino su contexto. Precisamente, hoy se reconocen en la sociedad, impulsados por el gobierno, variados resentimientos; de los que no tienen, respecto de los que sí; entre empresarios y trabajadores; los del campo respecto del resto; de los de Avenida Italia al norte y al sur, etc. Es este gobierno el que ha querido hacerse del monopolio de la verdad, del bien, manejando un doble standard de derechos según de quien se trate. Robar, por ejemplo, está mal pero si es en Carrasco no tanto; la libertad de cátedra está bien, pero no corresponde homenajear a Vargas Llosa o a Mariano Brito. Hay también en Uruguay un relato oficial de lo bueno, lo justo, unos derechos que hay que defender en todo el mundo, excepto en Venezuela o Cuba… ¿Es este modo acaso, inclusivo?

Hablar de este tipo de desarrollo luego de la mayor siembra y fertilización de resentimientos de clase o geográfico, luego de azuzar sistemáticamente a trabajadores contra empleadores, generando un clima cada vez más malo, lo de inclusivo, en este contexto, suena solo a más reparto, a la costumbre del regalo, a partir de más presión fiscal sobre los contribuyentes.

Y suena más increíble aquello de inclusivo, a solo días del anuncio de un gobierno sin una participación política de los opositores, acorde con la tradición. No se trata de un tema de cargos. Lo que sucede es que de forma más velada que la primera vez, Vázquez apuesta a un gobierno excluyente colaborando así, a profundizar los abismos que se ahondan entre uruguayos. En Argentina, a raíz de la muerte del fiscal Nisman, Pérez Esquivel al comentar sobre el llamado a una convocatoria popular, hizo mención a que la política exige construir consensos. Es una responsabilidad que, sin perjuicio del resultado, corresponde necesariamente a quien ganó la elección. En cambio parece elegirse lo contrario, algo nada bueno con vistas al futuro.

También se escuchó en el mismo hotel, en otro discurso complaciente al Ec. Porto, quien quiso caracterizar la acción de estos gobiernos según su atención a la agenda de derechos que —ahora sí— se lograban. La prohibición de fumar y el Plan Ceibal. Pero junto a esto lo que no se debe nunca perder es el respeto puntilloso al estado de derecho, algo que es justamente lo que ha sufrido más deterioro en estos años. En definitiva, lo del desarrollo inclusivo debería pasar por otro lado, muy diferente al de repartir plata al voleo a partir de una expropiatoria presión fiscal, o el regalar computadoras. Debería tratarse de construir consensos, cerrar brechas, no difundir resentimientos, construir equidad a partir de la educación, el mentado respeto del estado de derecho y la no extensión de la cultura del menor esfuerzo. Educar para la excelencia, y en todo caso una ayuda que sirva para la autoayuda. El buen ambiente del verano en aquel hotel se ve que permite expresarse con poco rigor y sin consecuencias.

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