EDITORIAL

El derrumbe del Frente Amplio

Con silencio frenteamplista cómplice, los analistas mayoritarios no han dicho nada: la comparación de resultados de la interna oficialista de 2016 y los de la elección de juventud nacionalista de hace algunos días.

Amedida que el Frente Amplio se va hundiendo en dificultades, hay un discurso que muchos analistas políticos se esfuerzan por esparcir para tratar de limitar los daños en la izquierda: dicen que, a pesar de lo grave de la situación, los partidos de oposición no logran captar el descontento ciudadano y no se posicionan como opción de gobierno.

Para avanzar en esa forma de interpretar la política del país, resulta que muchos de ellos han querido instalar la metáfora de que existe un muro entre un bloque político y otro. Para dejar de votar al Frente Amplio, que ha sido mayoría amplia en esta década, la gente debe de traspasar ese muro que imaginan alto y riesgoso. Alegan que eso no está pasando y, como prueba de ello, notan el aumento de los indecisos en las encuestas. No ven pues un cambio de decisiones ciudadanas que esté alejando radicalmente al Frente Amplio de la chance de ganar nuevamente las elecciones.

Este sesgo tan izquierdista y proclive electoralmente al oficialismo tiene un claro objetivo que los analistas más finos conocen bien. Ellos saben que son líderes de opinión que ayudan con sus observaciones a que la gente común y corriente interprete lo que está ocurriendo. Con estos análisis que relativizan las chances electorales opositoras, estos politólogos tan mayoritarios como discretamente afines al Frente Amplio azuzan la única bandera que les va quedando para que siga primando aquello de que mejor optar por malo conocido —el Frente Amplio—, que elegir por algo bueno por conocer, es decir un gobierno formado por una amplia coalición de partidos Nacional, Colorado, de la Gente e Independiente.

El problema es que toda esta interpretación además de interesada es antojadiza, parcial, voluntarista y equivocada. Primero, por los resultados de las encuestas. Lo ha dejado muy claro Óscar Bottinelli en su columna de "El Observador": si existía el muro invisible, ha sido perforado. Está ocurriendo lo que hace dos décadas no pasaba, que es que la intención de voto hacia el Partido Nacional es igual o más alta que la del Frente Amplio. Y también, que los partidos de oposición suman más apoyos en encuestas hoy que el porcentaje acumulado de sus votos de 2014.

Se podrá decir que las encuestas son instrumentos con limitaciones y que no hay que guiarse solo por ellas. Y como eso es verdad, importa el segundo dato clave sobre el cual, con silencio frenteamplista cómplice, los analistas mayoritarios no han dicho nada: la comparación de resultados de la interna oficialista de 2016 y los de la elección de juventud nacionalista de hace algunos días.

En 2016, fueron a votar en internas del Frente Amplio para mayores de 14 años unas 94.000 personas en total, y solo 74.000 de ellas eligieron candidato a presidente de la coalición. Miranda, en particular, sacó 28.000 votos. Hace unos días y con un padrón electoral limitado a quienes tenían entre 14 y 29 años, votaron en las internas juveniles blancas cerca de 70.000 personas. Además, los blancos crecieron en respaldo —de 47.000 a 68.000— y el Frente Amplio descendió sustancialmente —de unos 130.000 a 94.000— con respecto a sus procesos electorales similares de 2012.

La conclusión rompe los ojos: convocados en procesos electorales paralelos, la elección de jóvenes blancos recibió tanta adhesión como la que sumaron en 2016 todas las candidaturas presidenciales del Frente Amplio. En otras palabras: el futuro dirigente menor de 29 años que liderará la institucionalidad juvenil del Partido Nacional tendrá una legitimidad de respaldo electoral muy similar a la que hoy presenta en su interna el presidente de todo el Frente Amplio.

Los jóvenes blancos recibieron casi tantos votos en 2017 como los candidatos de todo el Frente Amplio en 2016. Todas las encuestas muestran que la intención de voto al Partido Nacional es igual o mayor que la del Frente Amplio y que el espacio opositor recibe una adhesión muy superior a la de la izquierda. Pero además de todos estos datos incontrastables, es innegable que la oposición está coordinando con éxito su tarea en el Parlamento en las denuncias de malos manejos del gobierno del Frente Amplio. Finalmente, es conocido que ya se iniciaron diversos contactos entre dirigentes de los partidos de oposición para afinar propuestas comunes hacia 2019.

Enfrentados a todas estas verdades, los analistas y politólogos de izquierda prefieren no decir nada para disimular el derrumbe del Frente Amplio. Son los peores ciegos, porque no quieren ver la realidad. Y no quieren que se vea.

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