EDITORIAL

Daños colaterales

Pero poco se habla de los daños colaterales. El efecto del miedo, de la humillación, el perjuicio psíquico más allá del físico, la invalidez temporaria o permanente, los inconvenientes legales, los gastos médicos y las pérdidas materiales.

De repente la enfocaron con luces fortísimas, la arrancaron de su auto mediante amenazas y golpes para tirarla a un zanjón llevándose su auto. Bueno, pensaron algunos, fue solo un susto. La sacó barata dijeron otros. No la secuestraron, está todo bien. No terminó en el CTI como la médica de 53 años atracada la semana pasada. El seguro cubrirá la pérdida del coche y para disimular los magullones, las mujeres tienen el recurso del maquillaje. Queda el incordio relacionado con el tema de la cartera que se llevaron los muchachos. Habrá que cancelar las tarjetas de crédito, conseguir nuevamente el registro y la cédula, y tendrá que visitar al dentista —le quedaron flojos unos dientes— cambiar las llaves de la casa, pero "no pasó nada". ¡Macanas! La persona quedó afectada psíquicamente, no quiso hacer declaraciones. Tiene miedo. Se fue de su casa. Quizás se vaya del país. Afortunadamente tiene los medios para hacerlo.

El sobrino del albañil no llegaba para ayudar al tío, que estaba haciendo unos arreglos. Finalmente apareció con varias horas de retraso. Resulta que en la parada, mientras esperaba al ómnibus llegaron unos muchachones y les gustaron sus championes. Venía de comprarlos con los jornales de la semana pasada. Luego de algunos insultos y patadas, tuvo que entregar su reciente adquisición además de la poca plata que llevaba encima. Volvió descalzo a su casa a pedirle a su madre plata para el bus, se lavó lo más pronto que pudo, se puso sus viejas zapatillas y se presentó a trabajar en la obra. ¿Tuvo suerte o no?

Cuando el cirujano se dirigía a pie a un Abitab de Pocitos cerca de su consultorio, lo asaltó por la espalda un hombre que después de un fuerte golpe por la espalda lo tiró al piso, le robó la plata que llevaba encima para pagar al BPS y otras facturas. Bastante dinero. Pero qué resultó. A raíz del incidente —que las autoridades consideran de poca monta y son cada vez más frecuentes— al ponerse a operar al día siguiente comenzó a sentir una molestia cada vez más pronunciada que se fue agudizando y se convirtió en un dolor insoportable. Después le hicieron unas radiografías y descubrieron que la cuarta vértebra lumbar estaba rota en varios pedazos. Hoy se desplaza con dificultad, usando un corsé. Quizás se suelde en tres meses o más. ¿Y sus pacientes? ¿Y su profesión?

Al cruzar la calle, una mujer fue arrastrada a gran velocidad mientras un forajido sentado en el asiento de atrás de una moto la llevaba agarrada por la correa de su cartera hasta que por suerte se rompió. Los malhechores partieron con su botín, el cómplice manejando con destreza entre los autos. ¡Qué suerte! No pisaron a la señora. Pero luego la tuvieron que operar de urgencia. La mandíbula estaba rota y su cara era un puro hematoma. Tuvo que dejar de trabajar y las complicaciones duraron mucho.

Luego del robo de la caja fuerte de su casa, el dueño tuvo problemas llegados del extranjero. Con su pasaporte y otros documentos, los ladrones "robaron su identidad" y abrieron cuentas en varias tiendas en California, donde compraron mercadería. Meses después le llegó una demanda y una amenaza de embargo por parte de las agencias de cobranza.

Así es que se robaron un auto, unos championes, unos cuantos miles de dólares, una cartera, documentación, datos, chequeras y tarjetas de crédito, una caja fuerte. Poca cosa para el gobierno, ocupado como está, por ejemplo, con asuntos importantes como la producción de azúcar en Alur, o blandiendo tarjetas corporativas, a costas del sufrido contribuyente. Pero poco se habla de los daños colaterales. El efecto del miedo, de la humillación, el perjuicio psíquico más allá del físico, la invalidez temporaria o permanente, los inconvenientes legales, los gastos médicos y las pérdidas materiales que tienen a su vez las compañías de seguro o los sistemas de salud.

No todo es culpa de Bonomi. También hay fallas grandes en el marco legal, inadecuado para disminuir la creciente oleada criminal que padecemos. La lentitud de la Justicia, ciertos jueces, las leyes que no se aplican o se lo hace mal, y además la cantidad de crímenes que quedan impunes. Los delincuentes atrapados, dueños de frondoso prontuario, que entran y salen de prisión. Las pocas chances de que haya castigo, por lo que los reos corren poco riesgo y es lucrativo su quehacer.

¿Cómo reducir los crímenes? Hay que meter presos a los malhechores y mantenerlos detrás de las rejas por mucho tiempo si se trata de delitos serios. No al revés como sucede ahora, con los ciudadanos detrás de ellas. Mayor cantidad de plazas, pero con cárceles bien hechas y no como la gigantesca Punta de Rieles que está por inaugurarse, con una concepción a contramano de lo que aconsejan los expertos.

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