Editorial

Cumbre sobre el clima

La creciente evidencia sobre los cambios en el clima global debería haber convencido a los gobiernos de que es necesario lograr un acuerdo eficaz y obligatorio para todos los Estados, que contenga el aumento de la temperatura promedio por debajo de los 2º centígrados para fines de este siglo.

Este es el aumento máximo que el sistema del clima podría soportar sin que se produzcan cambios catastróficos en la producción de alimentos, nivel del mar, reservas de agua y ecosistemas.

La principal causa del cambio del clima generado por la actividad humana, son las emisiones de CO2 a la atmósfera producidas por la quema de combustibles fósiles, como el carbón y el petróleo, utilizados para generar energía.

Existe un importante conflicto de intereses que explica, hasta cierto punto, las dificultades que han existido para conseguir un acuerdo que mantenga las emisiones de CO2 en niveles que no sean perjudiciales.

Por una parte están; primero, los países que poseen fuentes abundantes de aquellos combustibles, especialmente de carbón, y que tienen un interés en evitar las limitaciones de las emisiones de CO2 que perjudiquen su minería y su sector de generación de energía; segundo, los que consideran que las tecnologías modernas para producir energía limpia son muy caras y que invertir en ellas perjudicará su capacidad de competir en los mercados mundiales; y, finalmente, los grandes productores de carbón o petróleo, que ven con preocupación un acuerdo que perjudique las exportaciones de su oro negro.

Por la otra parte, está la difusa mayoría de los países que serán perjudicados por el cambio climático y una opinión mundial cada vez más influyente, preocupada por el estado del ambiente. Con razón, estas sociedades comprenden que el clima global tiene una unidad fundamental y consideran que las acciones de los países que se oponen a reducir las emisiones los perjudican porque tienen "externalidades" dañosas. Esta discusión se plantea incluso dentro de algunos países (como en los Estados Unidos).

El proceso para enfrentar el cambio climático tiene dos grandes protagonistas. El primero es de carácter científico, el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático; el segundo es esencialmente político, la Conferencia de las Partes de la Convención Marco sobre el Cambio Climático.

El Panel sobre el Cambio Climático fue creado en 1988 por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma). Hoy son miembros del Panel 195 países. Su función es reunir, de una forma objetiva, abierta y transparente, una sólida base científica para evaluar los cambios del clima, sus impactos, riesgos futuros y opciones para adaptarse a esos cambios o mitigarlos. Miles de científicos en todo el mundo colaboran, sobre una base voluntaria, con el trabajo del Panel. El Panel recibió el Premio Nobel de la Paz en el 2007.

La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, adoptada en 1992, destaca la preocupación de los países porque "las actividades humanas han ido aumentando sustancialmente las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera, y porque ese aumento intensifica el efecto invernadero natural, lo cual dará como resultado, en promedio, un calentamiento adicional de la superficie y la atmósfera de la Tierra y puede afectar adversamente a los ecosistemas naturales y a la humanidad".

El elemento central de la Convención es la Conferencia de las Partes formada por los representantes de los Estados. La Conferencia examina la aplicación de la Convención y toma las decisiones necesarias para promover su eficaz aplicación.

Para tener una idea de la complejidad del proceso que culminará en París, basta mencionar que el Panel presentó su quinto Informe de Evaluación sobre las bases físicas del cambio climático en el 2013 y sobre impactos, adaptación y vulnerabilidad y sobre mitigación del cambio climático en el 2014. Por su parte, la reunión en París será la XXI Conferencia de las Partes sobre el Cambio Climático.

La interrogante es si, por fin, la evidencia científica, concentrada en los informes del Panel, sumada a la creciente conciencia en los países sobre la gravedad del desafío, moverá a los Estados participantes en la Conferencia de las Partes para que asuman los compromisos necesarios para reducir sus emisiones de gases de invernadero.

Hasta ahora las señales no son alentadoras.

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