EDITORIAL

Es cuestión de poner ganas

En Punta del Este son muchos los que han echado las campanas al vuelo con miras a la próxima temporada de verano.

En Punta del Este son muchos los que han echado las campanas al vuelo con miras a la próxima temporada de verano.

Las elecciones legislativas del pasado 22 de octubre y el categórico triunfo del presidente Mauricio Macri han alentado aún más las expectativas, no solo en Maldonado, sino también en Rocha. Según un informe publicado ayer lunes por El País, los astros parecen estar alineados para que la llegada de visitantes, fundamentalmente de Argentina, sea en aluvión. Quien se traslade por estos días al este, se encontrará con que la doble vía a partir del peaje de Pando está siendo repavimentada. Es de esperar que no lleguemos a diciembre con los trabajos sin terminar.

Desde hace semanas, Punta del Este se encuentra en obra. Las avenidas como Roosevelt y varias calles importantes están siendo reasfaltadas. Se ven por todos lados obreros poniendo a punto al balneario. La Alcaldía ha hecho pintar todas las columnas del alumbrado público de Gorlero y de la calle 24, así como también las cebras. Ha colocado en lugares estratégicos dispensadores antivandalismo de bolsas para excremento de perros y 550 papeleras nuevas.

El alcalde Andrés Jafif cuenta con 20 obreros para llevar adelante estas tareas y el apoyo —cuando es requerido— de la Dirección de Obras y de Higiene de la Intendencia de Maldonado. Se comienza a palpitar el vértigo de un nuevo verano, cuando la zona explota de visitantes y periodistas para cubrir una nueva temporada.

Subyace siempre, la misma pregunta: ¿qué pasará con los precios? Jafif dijo a El País que ante la perspectiva de una buena temporada, los propietarios están especulando con los precios de los alquileres. No obstante, añadió que en materia gastronómica y de hotelería la relación con Argentina "es competitiva".

Punta del Este, entendiendo como tal la sucesión de playas que comienza en Portezuelo y se extiende hasta José Ignacio, es la puerta de entrada de la mayor cantidad de divisas que el país recibe por concepto de turismo. Según cifras oficiales de Uruguay XXI, en 2016 Punta del Este recibió un millón de visitantes que dejaron US$ 946 millones. También es cierto que en igual período Montevideo recibió cien mil turistas más, pero estos dejaron US$ 639 millones. Los datos son elocuentes. No se trata aquí de hacer competir a la capital del país con el balneario más famoso y renombra- do de América del Sur. Sería un absur-do, pero sí es interesante pensar y observar qué están haciendo las autoridades municipales de Montevideo para que la ciudad luzca mejor y se muestre seductora a los visitantes y —ya que estamos— también para sus habitantes permanentes.

El tema de la basura sigue siendo un debe, los carritos han vuelto a pulular por los barrios costeros y también cercanos al Centro, el tránsito continúa siendo un caos, aunque ahora se multe a troche y moche a través de las cámaras. Las plazas y monumentos continúan abandonados por los responsables de mantenerlos y maltratados por mucha gente que los frecuenta. No sé cuántos miles de obreros integran las cuadrillas de la Intendencia de Montevideo. Seguro que varios. ¿Dónde están? Nadie sabe. Sí sabemos que trabajando en las calles no están. Sí se ve a los muchachos de Tacurú cumpliendo con afán la tarea de barrido en varios barrios de la capital.

Qué bueno sería que en Montevideo, como en Punta del Este, Maldonado, Piriápolis o Colonia, los jerarcas municipales prepararan a la ciudad para recibir a esos cientos de miles de turistas extranjeros que comenzarán a llegar en poco más de un mes. Solo se trata de poner ganas y cumplir con su obligación. Y también que no sucedan episodios negativos en departamentos preferidos por los turistas, que además coincide en que lo gobierna la oposición, como Maldonado.

Por más que este diario haya estado siempre a favor de cuidar nuestras playas y sus dunas y se haya escrito más de un editorial y notas con esa inquietud, la noticia de que Punta del Este ha quedado fuera del circuito del famoso festival de la cerveza mexicana Corona es una mala noticia. Las ciudades que viven del turismo se disputan la posibilidad de contar con una megafiesta de estas que generan mucho valor agregado. El año pasado la empresa gastó solo en el armado, un millón de dólares. Da la impresión, según declaraciones del intendente Antía —"todavía estoy esperando que los técnicos vengan a ver cómo quedaron las dunas"—, que la Dinama no actuó de la mejor forma para conseguir su objetivo de preservación y al mismo tiempo no espantar a un gran cliente.

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