Editorial

El cuento chino de Bergara

La semana pasada el presidente del Banco Central del Uruguay (BCU), Ec. Mario Bergara, disertó en el almuerzo de la Asociación de Dirigentes de Marketing (ADM) sobre los principales desafíos que enfrenta nuestra economía.

La charla titulada "Inflación, competitividad y platitos chinos" versó acerca de la responsabilidad bancocentralista en el logro de los principales objetivos macroeconómicos, como parte del equipo económico.

Desde este enfoque, Bergara vertebró su exposición sobre los objetivos del gobierno que graficó, metafóricamente, como la necesidad de mantener girando varios "platitos chinos" a la vez.

La política económica debe atender diversos objetivos, no siempre alineables. El producto debe crecer, el desempleo bajar, el salario real subir, las exportaciones crecer, la inflación bajar, la pobreza y la indigencia disminuir y el déficit fiscal y la deuda pública reducirse para ponerlo en términos sencillos.

La exposición de Bergara sonó sólida y contundente para cualquier lego en materia económica. El presidente del BCU es un gran orador que sabe matizar sus charlas con conceptos técnicos que entienden pocos y chistes futboleros, despertando la simpatía de tirios y troyanos. En este sentido es un fiel representante de los Astori boys que logra impresionar a quien desconoce de economía y los datos elementales de la realidad nacional.

Luego de una embarullada arenga oficialista por parte del presidente de ADM, que mereció un estruendoso silencio por parte del nutrido auditorio, comenzó Bergara su oratoria. En primer lugar, habló sobre el contexto y el punto de partida del actual gobierno, poniendo énfasis en que las condiciones internacionales serán sensiblemente más complejas, pero resaltando las "fortalezas construidas" en los gobiernos frentistas.

Luego habló sobre los "platitos chinos" que deben seguir girando, en particular los objetivos de inflación, competitividad y estabilidad financiera. Reconoció que la inflación no ha logrado converger al rango objetivo y que las expectativas son que no converja tampoco en el mediano plazo. Es claro que la situación del sistema financiero es más sólida que a la salida de la crisis de 2002, lo que no es demasiado meritorio en sí mismo dado el calamitoso punto de partida. Anunció asimismo que continuará con una política monetaria contractiva para reducir la inflación y que espera que no se deteriore la competitividad asumiendo movimientos esperables del dólar a nivel mundial.

La tercera parte consistió en mostrar los resultados "acalambrantes" de una encuesta sobre la percepción de su gestión al frente del BCU. Fue muy poco elegante el absurdo espectáculo de autobombo que desplegó.

Ahora a la realidad. La autocomplacencia de Bergara sobre su gestión y sí mismo (evidentemente no sufre problemas de autoestima) al vanagloriarse de que el equipo económico mantiene girando todos los platitos chinos es en realidad un cuento chino. En primer lugar alguno ya no está girando y se rompió contra el suelo, como el platito de la competitividad.

No solo es un problema de tipo de cambio real, como Bergara sabe aunque no lo diga, sino que es un conjunto de variables las que se han movido en perjuicio de los empresarios uruguayos en los últimos años. Las tarifas públicas, los costos laborales, los problemas de infraestructura y la carga fiscal entre otros, son aspectos insoslayables. Que el dólar ahora esté subiendo no cambia nuestros problemas de competitividad y reducirlo a situaciones puntuales, como hizo Bergara, es querer tapar el sol con la mano.

En segundo lugar, ante la atenta mirada del Cr. Astori, obvió el problema fiscal. Un déficit y una deuda soezmente elevados para el momento del ciclo que vivimos no merecieron ningún comentario. La incoherencia entre una política monetaria contractiva y una fiscal expansiva tampoco. Ignorar este tema fundamental es tremendamente irresponsable por decir lo menos.

Amén de la verborragia del presidente del BCU y sus metáforas chinas (entre otros, llamó fortune cookie a la encuesta de autobombo) su descripción de la realidad es un cuento chino. Como cuento chino es seguir afirmando que Astori, Lorenzo o Bergara fueron o son garantía de buen manejo macroeconómico.

Detrás del frágil biombo de marketing, tecnicismos y subestimación de los uruguayos, solo queda irresponsabilidad, demagogia y un país que comienza a darse cuenta que pasó la bonanza y lo verdaderamente "acalambrante" es la indignación que produce lo mal que se hicieron las cosas.

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